Fallecimientos de Trabajadores por COVID. El asesinato silenciado

El martes 15 de junio la ministra Vizzotti declaró a la prensa entre otros “logros” de la vacunación en el país el inicio de la administración de vacunas a transportistas que venían reclamando por ser tenidos en cuenta en los planes de los ministerios correspondientes. En este tema como en todos los importantes para los trabajadores esta medida llega, con pocas vacunas, tarde en el tiempo y mal y sobre todo de manera discrecional.

Investigaciones recientes y estadísticas oficiales de las ART confirman denuncias de trabajadores industriales  y de otros sectores además de los esenciales. Es un hecho que la pandemia se ha sentido con fuerza con las lógicas desigualdades, en todas las ramas de la economía. Esto como dicen en sus comunicados comisiones internas y delegados de Acindar Villa Constitución o La Virginia de Rosario, entre muchos otros, o los reclamos mucho más contemplativos de algunos sindicatos, se debe a diversas razones. Pero entre todas ellas sobresale la ausencia de cumplimiento de protocolos dictados por la autoridad sanitaria. Además de que los ministerios de Trabajo miran para otro lado y no ejercen ninguna función de policía ni exigen el cumplimiento de esos protocolos.

El balance del 2020 muestra que el impacto de la pandemia ha sido enorme, aún con la economía relativamente cerrada por las restricciones más duras. Un informe construido por académicos y sindicatos tomando datos de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo concluye que en ese periodo el sistema cubrió 219.000 casos de covid entre trabajadores.  El mismo trabajo de circulación entre dirigentes sindicales y con muy poca difusión en la prensa tradicional, afirma que los fallecidos por COVID llegan a los 1000 trabajadores.  Pero señalan que este número es un piso mínimo para nada refleja el total de los fallecidos, y cuestionan el secretismo y la dificultad para recoger los datos.

El informe también detalla que las medidas de protocolo incumplidas por las patronales van desde no respetar la distancia, los equipos especiales en vestuarios y la exigencia de transporte propio para el traslado de sus trabajadores. La aplicación de protocolos o la no aplicación se puede constatar también en la evolución de la infección por sectores: mientras que en abril de 2020 los contagios en el sector salud representaban un 67% descendieron al 20% en diciembre pasado,  entre tanto el rubro “otros” hizo el camino inverso: desde el 13,7% en abril al 46% en diciembre. La evolución es el reflejo de la vuelta al trabajo presencial y a que en el sector otros no se cumplen los protocolos necesarios. A la fecha del informe, 27 mayo de 2021, el total de contagios entre trabajadores llegaba a 345.242 y los decesos superan los 1700, esto siempre los poco confiables números oficiales de Sistema de Riesgo de Trabajo. Por su puesto que estos datos solo contemplan a los trabajadores que tienen cobertura de ART, que son la minoría.

Según el mismo informe la pandemia viene a sumar este flagelo a una situación de inseguridad laboral que para el 2020 ha provocado la muerte de un trabajador cada 7 horas por accidentes laborales.

La situación no ha mejorado en 2021, por el contrario empeoró. Sobre todo en los últimos dos meses. En los dos informes del mes de mayo de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo el del 11 y el 27, se registra un crecimiento del 17% entre los trabajadores fallecidos por la enfermedad, mientras que también se registra una aceleración notable en los contagios.

Para que se entienda lo que significa lo diremos así: tres de cada veinte víctimas del Covid-19, contagiados como parte de su actividad laboral, fallecieron en  las dos semanas es decir 16 días, que transcurrieron entre el 11 y el 27 de mayo. Mientras que en los 433 días de pandemia anteriores se produjeron el resto de los fallecimientos.  Y es en este tiempo donde las restricciones para las actividades laborales quedaron reducidísimas.

Silenciado por los medios de comunicación, con el desconocimiento consciente de la aplicación de protocolos por parte de las patronales, con las cúpulas sindicales mirando para otro lado y con los gobiernos, nacional y provinciales, de todo signo político, desentendiéndose del problema y alentando con la apertura económica, las maniobras patronales, se está desarrollando un asesinato de trabajadores en masa. Otro crimen por el  que más temprano que tarde tendrán que rendir cuentas.

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