Fachos eran los de antes. Leopoldo Lugones: trazo biográfico de un escritor antiderechos

Los inicios 

En uno de sus relatos, el protagonista proyecta una sombra que no es la de un hombre sino de una criatura simiesca que permanece en una esquina de su comedor aunque él se mueva. El terror llega con el atardecer. La sombra lo vigila en silencio.  

La historia se desarrolla a partir de otro que será testigo de ese particular fenómeno. La cultura exótica de los yoguis hindúes y la homeopatía como “ciencia libre” le dan al cuento Un fenómeno inexplicable del libro Las fuerzas extrañas la carnadura necesaria para inaugurar la literatura fantástica en el país.  

Leopoldo Lugones, su autor, nació el 13 de junio de 1874. Criado en la localidad de Santa María del Río Seco, Córdoba, se educó en el seno de una familia estricta y católica. Al ingresar al colegio tradicional Monserrat edita la publicación El pensamiento libre, de fuerte rasgo ateo y anarquista.  

El país se encontraba en pleno desarrollo, las extensiones territoriales arrancadas a los pueblos originarios de la mano política y militar de Roca sumaron más terreno para el ganado. Los inmigrantes llegaban en oleadas en busca de nuevos horizontes. Las materias primas sumaban billetes a la oligarquía a la vez que junto con los extranjeros las ideas revolucionarias, especialmente de los anarquistas, se diseminaban por la clase obrera. 

Sus inquietudes intelectuales y políticas lo llevan a  organizar en 1890 el club socialista en su provincia natal. Viaja a Buenos Aires, ya casado, y en 1896 participa en la fundación del partido Socialista de Juan B. Justo.  

Se integrará más tarde como bibliotecario al Centro de Estudios Socialistas que dirigía Roberto J. Payro. Allí militaban José Ingenieros y el pintor Ernesto de la Cárcova, que hacía un par de años había concluido su impactante sin pan y sin trabajo.  

En 1897 funda en Buenos Aires junto a  José Ingenieros el periódico socialista La Montaña. Durante quince números la publicación salió a la luz con no poco debate, particularmente del propio Lugones acerca del carácter “foráneo” de la ideología socialista. Un fuego amigo que solía criticar a los dirigentes del partido con este eje, reclamando más personalidades criollas dentro de la jerarquía.  

Escribe su poemario La Montaña dorada donde expresa su sentir sobre la religión: 

“…dios es un viejo amo, desterrado monarca/ que agoniza en la inmensa desolación de su arca/ substituir la noche por la aurora, y el falso culto por la evidencia de la luz, y el cadalso por el libro, ser astro, ser cumbre, ser progreso…”. 

Cambio de orientación hacia el nacionalismo 

Un 1° de mayo de 1898, Leopoldo Lugones le decía adiós al socialismo en un mitín.  

Había conocido a Roca, quien admiraba su poesía. El general con nombre patriótico cruzó con el escritor algunas ideas alrededor de la orientación económica y política que debía tomar el país. Julio Argentino se encaminaba hacia su segundo mandato. Tristemente célebre por el genocidio de los pueblos originarios de la Patagonia y el Chaco, y aplaudido por su capacidad de decisión y empuje favorecedor de los apellidos de la oligarquía pampeana, el tucumano le ofreció un ascenso al escritor. Lugones trabajaba en el correo como archivista, pero su viraje hacia las ideas conservadoras y su acercamiento al núcleo político roquista lo transformarán rápidamente en director de la revista del correo.  

Se relaciona con Joaquín V. González, el riojano ministro del Interior con el que además comparten la fascinación por la cultura oriental. Ya ligado al gobierno pasa a ser inspector de escuelas secundarias, ya que la cuestión educativa era un aspecto fundamental en la orientación que tendría el país como parte del mundo. Esto lo mantuvo como el director de la Biblioteca Nacional del Maestro durante veintitrés años. 

En 1903, en un viaje que le encomienda su amigo González a Misiones para estudiar a los jesuitas, Lugones arma una expedición a la que lleva a un inquieto Horacio Quiroga como fotógrafo. La selva, las charlas literarias, filosóficas y políticas harán de telón de fondo. De este viaje surge su libro El imperio jesuítico, texto más poético que producto de la investigación.  

Viaja a Europa en 1906 producto de su ya expreso apoyo al establishment y al sucesor de Roca, Manuel Quintana. Será enviado a Suecia y Francia para estudiar sistemas pedagógicos. La pujanza económica necesita rápidamente no solo a las masas alfabetizadas sino algunos especialistas técnicos. 

En su segundo viaje, en 1911, se instala en París con su familia. Las regalías por el libro que el Estado le había encargado, Historia de Sarmiento, le permiten costear una parte de la estadía. 

Desilusionado de algunas conductas y figuras del gobierno aprovecha su lejanía para darle vueltas al asunto de la identidad nacional. Era de público conocimiento su cada vez más marcada tendencia hacia las ideas nacionalistas contra todo lo que fuese foráneo. Los inmigrantes habían descompuesto el incipiente tejido social mixturando peligrosamente el idioma, las costumbres, las ideas políticas. 

En esta lejanía es que consolida su idea de ascender a poema nacional al Martín Fierro bosquejando ya su trabajo para El Payador. Si hay necesidad de una figura, un emblema bien argentino, ése es el gaucho. Gaucho a imagen y semejanza de la necesidad patriótica del momento, pero gaucho al fin. 

Su proyecto más ambicioso era publicar una revista en Europa, Revue Sudamericane, un magazine armado con la colaboración de las mejores plumas americanas. Luego de unos pocos números la revista se desmoronó junto al estallido de la guerra. Los Lugones regresaron a Argentina.  

Uno de los escritores más prolíficos del país, el Lugones de la década del 20, será también contrapunto y maestro para un ya genial Jorge Luis Borges que volvía de Europa fascinado por el ultraísmo. 

Leopoldo Lugones escribía de manera metódica. Su obra se compone de muchos géneros: poesía, novela, cuentos, biografías, ensayos,  textos periodísticos que desarrollaba como colaborador de La Nación.  

Entre 1905 y 1930 escribe los libros de cuento como La guerra gaucha, Las fuerzas extrañas, Cuentos Fatales. En poesía se destacó con Lunario sentimental, Odas Seculares, El libro fiel (dedicado a su esposa), Romance del Río Seco entre otros.  

En 1926 gana el premio nacional de literatura y en 1928 participa en la fundación de la Sociedad Argentina de Escritores, que presidirá junto a Jorge Luis Borges.  

El escritor cada vez más de derecha 

En 1923 Leopoldo Lugones da tres conferencias en el Teatro Coliseo, donde expone su clara y férrea orientación hacia el patriotismo y la fuerza armada. En el célebre discurso de 1924 en ocasión de representar a la Universidad de La Plata en el país vecino de Perú donde se conmemoraba el aniversario de la batalla de Ayacucho, Lugones dice “…Señores: Dejadme procurar que esta hora de emoción no sea inútil. Yo quiero arriesgar también algo que cuesta mucho decir en estos tiempos de paradoja libertaria y de fracasada, bien que audaz ideología. Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada”. 

Toda una vida dedicada a la literatura, a la teosofía, a la historia, a la educación, a la masonería. Toda una vida recta, en los últimos tiempos a favor de los totalitarismos nacientes de Europa.  

Sin embargo será su hijo el monstruo que nuestra historia recordara como tristemente célebre: Polo Lugones, violador de niños del reformatorio de Olivera, ascendido a comisario inspector por el dictador Uriburu y creador de la picana eléctrica en las torturas a los enemigos del régimen. Fue también el verdugo de su padre, al enterarse de los amoríos del poeta con una joven estudiante. Si no se dejaban de ver lo iba a internar por demencia senil. Muchos aseveran que fue esta la causa del suicidio del poeta en la isla del Tigre el 18 de febrero de 1938. 

Colgado del espejo de la habitación, Lugones escribió: “Que me sepulten en la tierra sin cajón y sin ningún signo ni nombre que me recuerde. Prohíbo que se dé mi nombre a ningún sitio público. Nada reprocho a nadie. El único responsable soy yo de todos mis actos». 

La tragedia atravesará a toda la familia y descendencia de los Lugones.  

A pesar de su declarada posición fascista, no se puede negar el valor literario de su obra. La contradicción nos atraviesa a la hora de acceder a alguno de sus textos, sin embargo alguno de ellos son muy recomendables.  

Además, en momentos actuales donde una derecha payasesca, inculta y ridícula se alza como superadora de toda la política sería interesante recordarles que fachos, señores, fachos eran los de antes. 

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