El Cordobazo. La rebelión que se propuso cambiar la historia

El 29 de mayo se cumplen 52 años del Cordobazo. En esta primera nota de una saga que continuará en el próximo número de Alternativa Socialista, nos referimos al marco general y desarrollo de esta gesta obrera y popular.

Ese día de 1969 se abría camino una búsqueda de la clase obrera, del movimiento estudiantil e importantes sectores populares que muy pronto terminarían con la dictadura militar de la llamada Revolución Argentina. El paro nacional que le dio origen, que en Córdoba fue activo, enfrentaba medidas económicas reaccionarias del ministro Krieger Vasena, hombre mimado por el FMI. Pero se convirtió en un levantamiento político que en el mediano plazo terminó con el General Onganía y pateó el tablero diseñado para el país por las burguesías locales y el imperialismo. Las clases dominantes, aterrorizadas buscaron como último recurso a Perón, otro general al que habían volteado casi 15 años antes. Ese periodo abierto por el Cordobazo que es de una intensa y apasionante lucha de clases, fue cerrado por la contrarrevolución que impuso la Dictadura del 76. Sin embargo es un episodio de la historia del movimiento de masas argentino que encierra importantes claves de ensayo revolucionario.

El contexto

Un año antes estallaba el Mayo Francés, un levantamiento estudiantil y obrero que se extendió por el mundo. Esa onda expansiva provocó levantamientos de los trabajadores y los pueblos en países capitalistas centrales como Italia entre otros y también en otros dominados por la contrarrevolucionaria burocracia Soviética como la Primavera de Praga en Checoslovaquia. Mientras que en Asia tomaba impulso la guerra de liberación vietnamita y se desarrollaba de manera mucho más contradictoria la Revolución Cultural China. En Latinoamérica todavía se sentía el impacto de la onda provocada por la Revolución Cubana. Montada en estos procesos y luchas una generación se lanzaba a cambiar el mundo.

Con las características clásicas de los procesos políticos insurreccionales, el periodo encierra como método de lucha una combinación de paros, huelgas generales políticas, movilización de calle y duros enfrentamientos con las fuerzas represivas. Estos procesos van construyendo también en las calles un programa revolucionario. Unas exigencias que anudaban desde reivindicaciones económicas hasta consignas de gobierno obrero y popular tomaban cuerpo en ese movimiento de masas.

El Cordobazo es, con sus propias características, parte inseparable de esta situación mundial. En el país el ascenso estudiantil y de los trabajadores se había iniciado antes. El Tucumanazo, y el primer Rosariazo sucedieron por reivindicaciones similares al estallido cordobés pero previo a este, anticipaban lo que vendría. En Corrientes puede identificarse el comienzo del desenlace de la acumulación de tensiones que derivarían en estas acciones, cuando como resultado de la represión a una movilización estudiantil caía asesinado el 15 de mayo el joven Juan José Cabral que cursaba Medicina en la Universidad Nacional del Nordeste. Los quince días siguientes se desarrollan el primer Rosariazo y el primer Cordobazo. Iniciaba así esta etapa de la lucha de clases en el país.

La alianza obrera estudiantil

El asesinato de Máximo Mena desata el Cordobazo. El obrero mecánico y también estudiante marchaba con la columna de los trabajadores de IKA Renault donde trabajaba, intentando ingresar al centro de la ciudad. Mena es símbolo, pero la chispa que encendió el estallido fue la represión. Las fuerzas represivas intentaban impedir el ingreso de las distintas columnas obreras que se movilizaban al centro. La movilización se abrió camino por distintos barrios y enfrentó decididamente a la policía que en estos enfrentamientos fue derrotada. Siguió luego el llamado del gobernador Cavallero y de la dictadura habilitando la intervención del Ejército. La resistencia se mantuvo durante todo ese día y durante la noche se localizaba en el estudiantil Barrio Clínicas resistiendo hasta la mañana siguiente. Apoyados por la solidaridad activa de la población los manifestantes enfrentaron decididamente a las fuerzas armadas, el costo en vidas fue alto, sin embargo instaló una semilla de vacilación en los mandos militares, como reflejan distintos medios, el General Eliodoro Sánchez Lahoz, jefe del III Cuerpo de Ejército dijo: «Me pareció ser el jefe de un ejército británico durante las invasiones inglesas. La gente tiraba de todo desde sus balcones y azoteas».

La alianza entre los trabajadores y los estudiantes expresada en las manifestaciones, la resistencia a la represión y la batalla del Barrio Clínicas, se convirtió en la referencia para la vanguardia de esa época, marcando todo el periodo.

Las disputas políticas en la vanguardia

Al tiempo que desarrollaba el proceso de ascenso de las luchas que se mantuvo con diferentes formas y ritmos durante todo el periodo abierto por el Cordobazo, se incubaba también tanto en el movimiento obrero como en el estudiantil el fenómeno del surgimiento de una nueva dirección política y sindical para el movimiento de masas. Las jornadas del 29 y 30 de mayo del ’69 al igual que los otros Azos de ese momento probaban la eficacia de la lucha en las calles y con los métodos de la clase obrera, convirtiéndose en verdaderas acciones históricas independientes. Avanzaba una disputa por la superación de las viejas burocracias sindicales, y políticas de los trabajadores y la juventud.

El propio paro nacional convocado el 30 de mayo del 69 por la CGT nacional, que en Córdoba fue adelantado para el 29 y de manera activa, con abandono de trabajo y movilización, mostraba a la cabeza del mismo dos tipos de dirigentes sindicales, Agustín Tosco, el Secretario General de Luz y Fuerza un dirigente no peronista y con inclinaciones de izquierda, y Elpidio Torres un clásico dirigente sindical peronista, el tercero de ellos Atilio López dirigente de los trabajadores de la UTA que luego sería vice gobernador de la provincia, era apoyado por el peronismo de izquierda. Por otro lado hacían sus primeras armas nuevos delegados de base que representaban un sector más clasista y combativo de los que hacían parte compañeros más radicalizados políticamente y que tuvieron más protagonismo en el segundo Cordobazo, conocido también como Vivorazo, entre los que destacaba José Francisco Páez.

Tosco encarnaba el llamado sindicalismo de liberación mientras que Páez junto a otros importantes referentes expresaban a la corriente clasista, que con el método de la democracia obrera buscaban constantemente la coordinación de las luchas que las centrales sindicales nacionales conducidas por la burocracia peronista se negaban a unir. Estas disputas en el seno del movimiento de masas se expresaban también en la política.
Mientras el sindicalismo de liberación se concentraba en lo que ocurría en sus propios gremios y se abstenía de dar la batalla política para no enfrentar a Perón, siguiendo en esto la táctica del PRT-ERP de no participar de las elecciones que entre otras conquistas había arrancado los Azos, y la burocracia sindical se jugaba su propia sobrevivencia al apoyo de líder recuperado por la movilización, la Tendencia que respondía a Montoneros se colgaba de las fórmulas de gobernadores del Frente Justicialista apoyando una política de conciliación con la burguesía. Por su parte el sector clasista evolucionó a dar la batalla política, incluso en el terreno electoral, así Páez integro la fórmula presidencial del Partido Socialista de los Trabajadores enfrentando en septiembre de 1973 al propio Perón.

El Cordobazo como acción independiente de los trabajadores y el movimiento de masas marcó su impronta en todo el periodo siguiente. Abrió la posibilidad de recambio de la vieja dirección de la clase obrera y planteo la necesidad urgente de construir una dirección política revolucionaria que orientara a los trabajadores a conquistar los reclamos que estos cantaron en las calles en esas jornadas, «y luche, luche, luche, no deje de luchar por un gobierno obrero y popular». Así se planteó la osadía de cambiar la historia.

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