lunes, 22 abril 2024 - 05:40

El 1% nos lleva hacia la catástrofe. Fernández reniega pero avala

Una vez más, el 1% más rico dando la nota. Éste 21 de septiembre Oxfam junto al Instituto del Medio Ambiente de Estocolmo (SEI) publicó un informe en el que detalla que sólo el 1% de la población más rica del mundo produce el doble de las emisiones de carbono que la mitad más pobre de la humanidad (3.100 millones de personas).

El aumento se está dando a pasos acelerados hace décadas, entre 1990 y 2015 fue de un 60%, en los países “en desarrollo” es en gran parte debido a la industrialización de bienes para la exportación. La ostentosa vida del 1% más ricos le ha costado a la humanidad el consumo del 9% del presupuesto global de carbono. El 10% más rico en su conjunto casi un tercio del mismo (el 31%), mientras que el 50% más pobre de la población solo el 4%.

 El estudio prevé que el 2030 será el año del agotamiento de dicho presupuesto, produciendo efectos catastróficos, muchos de los cuales ya comenzamos a asistir en la actualidad y que tienen como principales víctimas a los sectores más empobrecidos de la sociedad.

El 2020 nos ha dado ejemplos de sobra: ciclones mortales en la India y Bangladesh, enormes plagas de langostas que arrasan cosechas en toda África y olas de calor e incendios forestales en Australia y Estados Unidos. Argentina no se queda atrás, hace meses asistimos a un ecocidio sin precedentes debido a las quemas en los humedales del Delta del Paraná.

Doble vara, misma política

Pero este año no solo ha sido escenario de catástrofes y crisis económica, sino también de grandes luchas ambientales en todo el mundo, con la juventud a la cabeza. La ola verde que desde el 2019 está copando las calles con mayor frecuencia ha puesto en la agenda política la cuestión del cambio climático. En algunos países prima el negacionismo y en otros, como el nuestro, los falsos progresismos hacen malabares para dar respuestas ante los reclamos de una Ley de Humedales o en contra del acuerdo porcino con China. Como viene denunciando la Red Ecosocialista, aunque el Frente de Todos se vistan de verde siguen siendo extractivistas.

Una vez más quedó demostrado en la presentación del Plan de Políticas Ambientales de Alberto Fernández y Cabandie. Lejos de tocar los intereses de las grandes corporaciones se trata de la implementación de un Plan Federal de Erradicación de Basurales a Cielo Abierto, un proyecto de Ley de Educación Ambiental, la implementación del Plan Casa Común y el traspaso del Programa Nacional de Prevención de Incendios y Manejo del Fuego al ministerio de Ambiente. Políticas vacías que no dan respuesta a los cuestionamientos hacia su gobierno por la profundización del modelo extractivista y contaminante, por el contrario, el presidente responsabilizó a la sociedad en su conjunto por la crisis ambiental. Por su parte, el ministro de medio ambiente dijo que “los incendios son el reflejo más nítido del cambio climático” y sin ningún tipo de autocrítica reprochó que “muchos sectores productivos tendieron a quemar pastizales como práctica habitual”. Se olvida el ministro que estas quemas son producidas, también, con un aval político. La destrucción de estos bienes comunes, fuente de vida de miles de especies que cumplen un rol fundamental en la naturaleza, son permitidos por el gobierno de turno que él mismo conforma.

Alberto Fernández culminó su (doble) discurso dirigiéndose hacia los presentes y recalcando que “con los jóvenes a la cabeza, tienen que ponerse al frente de la demanda por la defensa del medio ambiente”. Una afirmación que carece de sentido si se observa la cotidianeidad. No tienen, si no que ya se pusieron y en ese marco vuelven a convocar a una jornada para este 25S, para repudiar el cambio climático.

El gobierno reniega con ese 1% del mundo que condena el futuro de la especie humana, los llama “pícaros”, pero en vez de apostar por una salida pos-extractivista, al servicio de las necesidades mayoritarias, profundiza el modelo colonial y de reprimarización económica. La prueba es un lobby constante para efectuar la instalación de megafactorías de cerdos que Solá negocia con China.

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