Efemérides. La sublevación obrera en la Alemania comunista

Corría el año 1953, no existía el muro de Berlín y Europa seguía en su proceso de reconstrucción. El bloque comunista en su carrera contra el capitalismo busca exprimir cada vez más a la clase obrera, intentan aumentar el ritmo del trabajo. Entre el 16 y 17 de junio los trabajadores alemanes se sublevan y exigen un gobierno obrero metalúrgico. Únicamente las tropas de la burocracia soviética pudieron aplastar la insurrección.

Un mundo, dos sistemas. Un país, dos sistemas

Durante la Segunda Guerra Mundial fue un feroz ascenso revolucionario de la clase obrera quien liberó a Europa del fascismo. Fue la clase obrera en armas y con la huelga general quién derrotó a la maquinaria nazi. Al finalizar la guerra, la URSS y el occidente capitalista habían pactado la división del planeta: un tercio de los países del mundo quedaron en manos de Stalin, que burocráticamente había expropiado a la burguesía en Europa del este. A cambio, los partidos comunistas de Europa occidental entregaron el poder a la burguesía imperialista, como pasó en Francia o Italia.

Alemania era parte de esa división. Se dividió el país en cuatro partes: una para EE.UU., otra para Francia, Inglaterra y un pedazo para la URSS. Berlín corrió la misma suerte. Tiempo después el bloque capitalista se unificó y dio origen a la República Federal Alemana.Por su parte, el territorio manejado por la URSS pasó a llamarse República Democrática Alemana. Ni la clase obrera ni la población general tomaron esa decisión, fueron unos cuantos jerarcas quienes decidieron que así sucedería.

Una carrera con olor a explotación

Mientras el imperialismo capitalista, con EE.UU. a la cabeza, impulsaba el Plan Marshall, inyectando miles de millones de dólares para la reconstrucción de Europa, en el bloque comunista buscaban desarrollar la industria pesada a costa de aumentar los ritmos de trabajo y la producción, deteriorando la calidad de vida de los trabajadores.

El 30 de junio de 1953 debía entrar en vigencia una nueva legislación laboral que aumentaba la explotación. La clase obrera sabía lo que eso significaba, la mañana del 16 de junio los albañiles que reconstruían los edificios de la avenida Stalin en Berlín oriental comenzaron a protestar, unas cuantas decenas comenzaron la huelga, enseguida se le sumaron otros. Ningún burócrata se esperaba lo que vendría.

A medida que avanzaba, la columna se iba nutriendo de nuevos elementos obreros. De pronto eran miles los obreros industriales que se encontraban al frente de la sede de gobierno exigiendo respuestas a su reclamo, no querían hablar con mandos medio ni ministros, exigían la presencia de Ulbricht, jefe del SED (Partido Socialista Unificado de Alemania). Lo que inició como un reclamo económico, contra la explotación, por aumento de salario y reducción del costo de los elementos de primera necesidad, en poco tiempo se transformó en una sublevación política.

Lejos de lo que la propaganda estalinista quiere hacer creer, la rebelión no fue contra el socialismo, al contrario, la clase obrera denunciaba los privilegios y abusos de la burocracia comunista y reclamaba un socialismo con democracia. Se exigía la renuncia del gobierno del SED y la conformación de un “gobierno obrero metalúrgico”. Entre las demandas se encontraba la libertad de los presos políticos, la libertad sindical, de huelga y de prensa.

El aplastamiento de la revolución y el pacto de Varsovia

La rebelión obrera no se quedó en Berlín, se expandió por toda la Alemania comunista. Durante dos o tres días millones de trabajadores tomaron lasfábricas, impusieron la huelga general, impulsaron asambleas y coordinadoras inter-fabriles. Exigían la retirada de las tropas soviéticas y la caída del gobierno.

Fueron los obreros que participaron de las revoluciones de 1919 y 1921 y la vanguardia que resistió al fascismo quienes rápidamente se pusieron a la cabeza de la sublevación. Pero esos elementos dispersos no alcanzaron para crear un nuevo poder capaz de sustituir al poder soviético. La ausencia de un partido trotskista con peso de masas y la intervención del poderoso ejército rojo en manos del estalinismo pudieron aplastar la revolución y evitar que se expandiera aun más.

Las tropas soviéticas se hicieron cargo de fusilar, reprimir y encarcelar a los insurrectos para así rápidamente poner fin a la rebelión. Luego, la burocracia de la URSS, amenazada por el surgimiento de la OTAN y sobre todo por el temor a nuevas sublevaciones obreras y antiburocráticas, impulsó la creación del Pacto de Varsovia y la creación del muro de Berlín. El pacto de Varsovia legalizó la invasión de las tropas soviéticas en sus Estados satélites en casos de conflictos internos.

La tesis (y realidad) trotskista

Antes de su muerte, Trotsky había planteado que, a diferencia de los países capitalistas donde era necesario una revolución social de la clase obrera contra la burguesía, en la URSS en realidad se planteaba una revolución política contra la burocracia soviética. No era necesario expropiar a la burguesía porque esta clase social ya no era dueña de los medios de producción. En cambio, la burocracia estalinista no iba a renunciar a sus privilegios por la vía pacífica. Se necesitaba una nueva revolución para acabar con la burocracia y establecer el socialismo con democracia obrera.

La expropiación a la burguesía en un tercio del planeta y el control totalitario de una casta burocrática en estos países vendría a reafirmar estas tesis. De hecho, la sublevación obrera de Alemania oriental no fue la única de este tipo, antes hubo algunas huelgas obreras que presagiaron lo que se vendría y luego estallaron revoluciones antiburocráticas en Hungría, Checoslovaquia y Polonia.

Transcribo un extracto del documento El marco histórico de la Revolución húngara de Nahuel Moreno que puede ayudar a comprender el significado de esos acontecimientos:“…desde hace tres años, en toda la zona soviética ha comenzado —nada más que comenzado— un acontecimiento histórico: los trabajadores soviéticos empiezan a actuar, a moverse, a luchar por mejorar su suerte. Ellos dicen “¡Presente!» a los trabajadores del mundo entero«.

Prisioneros alemanes liberados de los campos de concentración de Vorkuta con simpatías hacia la izquierda informaron al movimiento obrero mundial que en el año 1953 se produjo una fabulosa huelga de trescientos mil trabajadores esclavos en ese campo contra el régimen de trabajo. Para nosotros, los trotskistas, ese fue un síntoma claro de que empezaba la rebelión de las masas soviéticas contra la siniestra burocracia estalinista. Fuimos la única corriente del movimiento obrero que así lo entendió y así lo dijo.

Al poco tiempo, hubo una huelga insurreccional parecida a la de Vorkuta en el campo de concentración de Karaganda, según informaron soldados japoneses liberados. Casi inmediatamente, el movimiento obrero mundial se enteró de las huelgas y resistencia de los obreros checoslovacos a la explotación económica de que son objeto por parte de la burocracia.

La culminación de toda esta etapa de ascenso de las masas soviéticas fue la huelga insurreccional de Berlín oriental. En ella, los obreros berlineses salieron a la huelga general para lograr mejores condiciones de vida, haciendo temblar todo el andamiaje del poder soviético en ese país. Solo la acción del Ejército Rojo impidió que la huelga de Berlín oriental se extendiera. Este movimiento adquirió no solo un carácter económico, sino también político: por el alejamiento de las tropas rusas, y libertades democráticas”.

La caída del socialismo ¿y el triunfo del capitalismo?

Muchos lectores podrán objetar que al final no se cumplieron las tesis trotskistas acerca de la revolución política y el establecimiento de un socialismo con democracia obrera en todo el planeta. Si bien este debate supone otro artículo, a grandes rasgos podemos decir que fue la ausencia de partidos revolucionarios con capacidad de capitalizar las insurrecciones en el bloque comunista lo que impidió que esto sucediera, pero nosotros preguntamos a nuestros lectores, ¿el capitalismo triunfó? La realidad que vivimos hoy responde por sí sola. Para nuestra corriente internacional la caída del muro de Berlín fue un suceso positivo, aunque contradictorio. Contradictorio porque se terminó de restablecer el capitalismo en todo el planeta y la perspectiva de una transformación socialista de la sociedad desapareció en la idea de millones de trabajadores. Pero fue positivo porque significó el fin de un poderoso aparato burocrático y contrarrevolucionario como lo fue el estalinismo. De hecho, fueron los gobiernos estalinistas los que iniciaron el camino hacia la restauración capitalista, mucho antes dela caída del muro de Berlín.

En todo el mundo vemos cómo el capitalismo y su sed de ganancia arrasa con todo a su paso. Las muertes obreras y populares se siguen contando por millones y la explotación sigue siendo una realidad. Pero al mismo tiempo que se expande la miseria, la clase obrera, la juventud y las mujeres en todo el planeta siguen desarrollando enormes rebeliones, no existe continente alguno libre de revoluciones, en Latinoamérica incluso estamos viviendo un giro a la izquierda del movimiento de masas. Igual que en junio de 1953, la victoria no está cantada, pero la derrota tampoco. Está en nuestras manos jugarnos por el socialismo con democracia o quedarnos de brazos cruzados.

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