Editorial. Tiempos inestables

Navegando la crisis. La derrota electoral en las PASO produjo un tembladeral en la coalición gobernante, cuyas consecuencias están lejos de haberse disipado. Aunque con el cambio de gabinete intentaron calmar las aguas, no puede afirmarse que la crisis política haya quedado atrás. Solo salieron del peor momento y seguramente veremos nuevos capítulos, sobre todo ante la posibilidad de una nueva derrota en noviembre. El trasfondo de la crisis tiene que ver con el descontento y la indignación que existe en amplias franjas de la población por la crítica situación económica y social que afecta a la mayoría del pueblo trabajador. El ajuste del gobierno sobre los sectores populares, que denunciamos desde la izquierda y hasta sectores del FdT ahora reconocen – después de haberlo negado – es la causa central. La otra cara de la moneda son las permanentes concesiones a los capitalistas que han amasado enormes fortunas en estos años. Las medidas anunciadas por el gobierno en las últimas semanas no son suficientes para revertir la situación de miseria que se vive en los barrios, ni la pobreza que alcanza a la mitad del país, ni la pérdida del poder adquisitivo del salario. Son un golpe de efecto más que un intento de generar un cambio de rumbo real.

Economía atada con alambre. En el fondo subyace una situación económica crítica que siguen sin poder controlar. La presión sobre el dólar se intensifica y la posibilidad de una devaluación después de noviembre aparece como lo más probable. La inflación sigue perforando los bolsillos populares y la repuesta de Alberto Fernández es la ya fracasada receta de los acuerdos de precios; de un verdadero control y medidas contra los especuladores y formadores de precios ni hablar. La reactivación económica no alcanza a cambiar la dinámica y algunas ramas ya muestran cierta desaceleración. Las medidas para poner “platita en el bolsillo”, además de minúsculas, no se basan en un cambio de rumbo y estructuras, sino en una emisión descomunal que significa patear la pelota para delante. Los anuncios de cambiar planes por empleos sin afectar los intereses capitalistas son otra promesa de campaña de difícil concreción en el marco de una economía destruida. Lo que de todas maneras anticipa el proyecto de Massa es que la política oficial sigue siendo otorgar beneficios a las patronales y precarizar a trabajadores y trabajadoras. 

Crecen los reclamos. Es esta realidad la que reanima las luchas del pueblo trabajador. Existen reclamos salariales con fuertes luchas docentes en Chubut, Santa Fe y otras provincias. Movilizaciones de CICOP en Buenos Aires y del equipo de salud en varias provincias como Catamarca, Mendoza y Río Negro, entre otras. Hubo paro de los choferes en Santa Fe y se retomaron las autoconvocatorias de los choferes de la UTA por reclamos laborales y salariales. En Mondelez-Pacheco hubo cortes contra los despidos. Y los movimientos sociales vienen llevando adelante importantes movilizaciones frente al aumento de la pobreza y la disminución de la ayuda social. La burocracia sindical, en todas sus alas, profundiza su alineamiento con el gobierno, cerrando filas para sostenerlo y apuntalar su campaña electoral. Lejos de impulsar los reclamos por mejoras en las condiciones de vida, firma pactos de flexibilización, como el SMATA en Toyota o patotea a la oposición combativa como en ATSA Capital. Las luchas deben desbordar las conducciones burocráticas para avanzar y las tareas de solidaridad y coordinación están en manos del sindicalismo combativo, el activismo y la izquierda.

Apuntan contra la clase obrera y la juventud. La derecha aprovechó su triunfo electoral en las PASO para redoblar sus planteos reaccionarios y ofensiva antiobrera. La eliminación de las indemnizaciones se ha transformado en su caballito de batalla. Muestra que no pueden ser ninguna alternativa para el pueblo trabajador y la juventud. El Frente de Todos, por su parte, ha salido a polemizar contra esta medida, pero en el fondo solo plantea diferencias de estilo. Porque el acuerdo de facilidades extendidas que negocia con el FMI trae una nueva reforma laboral a tono con las exigencias de la burguesía. El apoyo al convenio en Toyota, promovida por el oficialista Pignanelli, o la ley precarizadora de Massa se inscriben en ese cuadro. Lo que sí ya anunciaron dirigentes de Juntos es que apoyarán el acuerdo del gobierno con el FMI. Como venimos señalando desde el MST y el Frente de Izquierda, en los grandes temas, más allá de los matices, la grieta no existe. 

El verso de siempre. Para revertir la derrota, o al menos suavizarla, el Frente de Todos recurre a su argumento preferido. “Crece la derecha y aunque estamos mal, lo que viene si nosotros perdemos es peor.” Con ese discurso intentan recuperar algo del voto perdido por izquierda y evitar nuevas fugas. Aunque varios escribas afines al gobierno hacen malabares para intentar convencer que solo el FDT puede frenar a la derecha, es tarea difícil cuando el propio gobierno ratifica un gabinete y un rumbo más a la derecha. Los discursos de épica nacional, popular y antimperialista tienen cada vez menos eco en amplias franjas, que ven como contrastan con las medidas concretas. Porque aunque saltaron roces al interior de la coalición, finalmente todos se acoplan en la defensa del status quo. Los nuevos ministros nos eximen de comentarios. El episodio de Fernández con NIK habla por sí solo del perfil de estos funcionarios y de su mal momento político. Así pasó cuando cerraron filas contra el proyecto de nacionalización de los depósitos bancarios, o con el pago al FMI con los DEG, sólo por nombrar los últimos hechos. Por todo ello las encuestas no acompañan al gobierno y aparece como lo menos probable un escenario de recuperación electoral. Más bien, el ambiente que se palpa es el de una nueva derrota. 

Fortalecer el Frente de Izquierda. A pocos meses de cumplirse el vigésimo aniversario del estallido del 2001, el fantasma de aquellas jornadas sobrevuela el panorama político. Porque se vienen acumulando tensiones que podrían explotar después de noviembre. Sobre todo porque en un escenario de catástrofe social como el que vivimos, el ajuste y las reformas estructurales exigidas por el FMI y el conjunto de la burguesía posiblemente genere una respuesta obrera y popular capaz de hacer saltar todos los cimientos del régimen. La incapacidad del Frente de Todos para encarar una pelea consecuente contra el FMI y los privilegios capitalistas plantea la necesidad de animarse a construir una alternativa política distinta. La tarea de fortalecer el Frente de Izquierda adquiere, por lo tanto una importancia decisiva. Tanto para ayudar en la articulación y el apoyo a las luchas que vendrán, como para poner en pie una herramienta política con el peso suficiente para ser una alternativa de poder que permita pelear por una salida de la clase trabajadora y los sectores populares. Para avanzar en ello te invitamos a sumarte al MST.   

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