Discurso de Fernández. Mentiras y promesas, para ocultar el ajuste y entrega al FMI

Con la vicepresidenta sentada a su lado y con la ausencia de Máximo Kirchner, el presidente Fernández dio inicio a las sesiones ordinarias del Congreso. En un comienzo con bastante hipocresía, el presidente Fernández abrió las sesiones cuestionando la pobreza y que «los poderosos miran para otro lado». Cómo si él no fuera un presidente que acuerda con los poderosos de afuera y de adentro las medidas de ajuste que generan más pobreza. Lo cual se profundizará en el marco de su acuerdo con el FMI.

Tras un minuto de silencio por las víctimas de la pandemia y de los ataques en Ucrania, prosiguió con su discurso.  

Rápidamente, Alberto Fernández volvió a hablar de nuestro país. Resalto los problemas históricos, como marco para explicar que podemos volver a ponernos de pie. Olvidando que el acuerdo con el Fondo, nos coloca más cerca de estar de rodillas que erguidos.

Aplausos a sí mismo y ninguna mención a la primera línea

Sobre el tema arrancó diciendo que recibió un país en crisis y con una deuda enorme, y encima con la llegada del Covid 19. Aunque esa herencia es real, su relato hoy fue para preparar cierta justificación de la actualidad. Por eso rechazó las críticas a su gestión de la pandemia.

En ese sentido, desarrolló una extraña y poco cierta explicación de que en 2021 mejorando las condiciones laborales y salariales. Algo que no evidencia ningún asalariado del país. Lo mismo en torno a su definición de que en el país “nadie quedó sin atención sanitaria”, cuando durante meses y meses las miles de muertes se mezclaron con mala atención en muchos casos, y con el equipo de salud agotado, mal pago y con falta de personal para semejante crisis sanitaria. En torno a la vacunación, que hoy presenta un avance, Fernández obvio decir que durante muchos meses faltaron en cantidad, y que en ese período permitió que se vayan del país las que se producían en laboratorios locales, como denunciamos en su momento desde el Frente de Izquierda Unidad

La solución a la inflación, te la debo

Seguidamente Fernández se refirió a la inflación, presentándola como un gran mal que tenemos. Lo que no hizo, es decir cómo va a frenarla, algo que viene fracasando en su gestión, como también fracasó en el macrismo anteriormente.

A renglón seguido el presidente defendió la intervención del Estado, en obvia crítica a los sectores que desde Juntos por el Cambio rechazan esos mecanismos de intervención. Igualmente, bajo su presidencia el Estado viene estando muy ausente en materia de ayuda social, de mejoras presupuestarias en áreas sensibles, y en planes reales de empleo, vivienda y otras necesidades sociales.

Un país de fantasía

Fernández detalló a continuación el crecimiento económico, indicando e intentando demostrar saltos muy grandes en producción de diferentes rubros. Lo que no dice, es que ese crecimiento no lo disfrutaron las millones de familias trabajadoras que siguen o sin trabajo digno, o con salarios bajos o con alta precarización. Mientras, las grandes patronales sí que aprovecharon este tiempo para ganar, incluso en medio de la pandemia. Donde, entre otras cosas, recibieron subsidios del Estado que ahí sí estuvo presente en favor de los que más tienen.

Extractivismo al palo

El presidente hablo unos segundos “energías limpias”, pero rápidamente reivindicó la política en petróleo y minería, habló de Vaca Muerta como ejemplo y de la recuperación de empelo en esas áreas. Cuando surge evidente que la política extractivista que impulsa, no solo contamina y saquea, sino que a la vez no genera empleo digno a largo plazo. Reivindicar ese camino que enfrentó el pueblo de Chubut con todo éxito, muestra la gran asociación del gobierno con las corporaciones del sector, y que vamos a un 2022 de más enfrentamiento a ese rumbo nefasto, que hoy también genera movilizaciones de rechazo en torno a su intento de avanzar con la exploración off shore en el mar argentino.

Con la burocracia sindical aplaudiendo

Desde las gradas del Congreso, la vieja burocracia sindical cegetista escucho atentamente cómo Fernández habló de la recuperación laboral y salarial, dijo que el poder adquisitivo creció un 3% y anunció que ese camino de crecimiento seguirá. Esconde Fernández que el salario viene perdiendo año a año, y que en las convenciones colectivas que en su discurso reivindicó, el gobierno y la burocracia hacen de cómplices de las grande patronales aceptando aumentos a la baja.

Habló también de la economía popular y de la necesidad de generar trabajo genuino. Pero no hay planes así y a la vez, en lugar de dar la asistencia social que dijo que seguirá, su ministro de Desarrollo Social anunció que no habrá nuevas altas. Es decir, avisó que hay ajuste. La inclusión que planea para miles de desempleados es acordar con sectores patronales que trabajen, en algunos casos, con salarios magros pagados mayormente por el Estado y mínimamente por los empresarios.

La distribución de ingresos, como ideal Papal que reivindicó, no se ven en el país, donde la brecha entre ricos y pobres sigue creciendo bajo su mandato. En este rubro, hubo un discurso para la tribuna y muy poco de realidad.

Con críticas a la oposición

El presidente Alberto Fernández salió al cruce de la polarización política y la falta de acuerdo, y le pegó a la oposición de Juntos por el Cambio por no votar el presupuesto 2022, recordando que lo mismo le hicieron a Cristina en 2010. Lo que no dice, es que ese presupuesto era claramente de ajuste y preparatorio del acuerdo que pide el FMI, era funcional a una nueva entrega. JxC no lo votó por maniobra política, porque gobernando ha tenido presupuestos iguales y peores. A diferencia del Frente de Izquierda Unidad, que lo rechazó en apoyo a las necesidades de los trabajadores y sectores populares.

La deuda y la entrega al FMI

Siguiendo con la crítica a la oposición, arrancó el tema deuda externa, donde expresó que los acuerdos del macrismo de 2018 eran impagables. Y a la vez, explicó que ordenó renegociar esa deuda. Es decir, nos explicó su propia incoherencia: critica una deuda ilegal tomada pero va a pagarla, según sus palabras, con el crecimiento del país.

Reivindicó también la reestructuración de la deuda extranjera, lo cual fue otro capítulo de entrega a los buitres. Y resaltó que está llegando a un acuerdo con el Fondo, al que todavía le faltan algunos puntos. Estas «buenas relaciones» representan concretamente un camino de ajuste y de sometimiento a revisiones trimestrales de los equipos técnicos del Fondo, que decidirán qué hacer con las finanzas del país.

Lo que sí tuvo que decir Fernández, es que “el acuerdo no resuelve el problema de la deuda externa”. Es decir, vamos a años de pagar y seguir debiendo, extendiendo este mecanismo de sometimiento. Después de esto, intentó convencer sobre algo imposible; que a la vez del acuerdo habrá respuestas a las necesidades sociales. Negó que se cambie la edad jubilatoria, pero reafirmó que quien quiera puede seguir trabajando. Dejando de lado que con las jubilaciones de menos de $30.000 que su gobierno le da al 70% de nuestros viejos, no se trata de querer, sino de prácticamente obligar a miles de jubilados a tener que seguir trabajando para poder comer.

Sobre la deuda, también negó tarifazos y habló de aumentos “en principio” solo para el 10% más rico. Aunque toda la negociación en marcha ya habla de aumentos superiores y sobre más capas de la población. En su afán de negar temas sensibles, que no incomoden a sus socios internos, también negó reformas laborares, olvidando que las mismas ya se están debatiendo entre patronales y la burocracia sindical.

Al límite del cinismo, Fernández recordó que no quiere un país con ajuste. Que es precisamente lo que viene haciendo desde que asumió como presidente, donde recortó presupuesto y solo en 2021 le pagó al FMI más de 5.000 millones de dólares. Esa es la verdad, fuera del discurso presidencial. En el cual también dijo, insólitamente, que el acuerdo con el Fondo no doblega nuestra soberanía.

Las diputados y diputados del Frente de Izquierda Unidad fueron los únicos en sacar carteles contra el acuerdo con el Fondo. Mientras el resto, mayoritariamente se prepara para aprobarlo cuando se trate en el Congreso. Para tapar esa votación que se viene, diputados de Juntos por el Cambio intentaron sobre el final de posar de duros con gritos y parándose de sus bancas. Otros hipócritas al servicio de las grandes corporaciones y del FMI.

Finalmente, anunció nuevos acuerdos con China, que, aunque obviamente no lo dijo, es un nuevo frente de entrega y de endeudamiento, con una nueva potencia imperialista, a la par del endeudamiento que ya tenemos con el FMI comandado por EEUU.

Un cierre de promesas vacías

Para cerrar su discurso, Fernández número una serie de propuestas imposibles de corroborar en la realidad, como el cuidado del ambiente que su gobierno ataca al alentar a corporaciones contaminantes. Habló del apoyo a la educación, de construcción de escuelas, de conectividad masiva y de compra de miles de computadoras; medidas que hoy son tan solo palabras, y las cuales hubieran hecho falta en pandemia.

Habló además de planes estratégicos, de igualdad de género, el respeto a la diversidad sexual y otras generalidades que son papel mojado sin medidas concretas ni presupuesto real. Habló de inversiones en Chacho y Corrientes la misma provincia que su gobierno no ayudó como se debía en medio de los incendios. Y de seguridad y justicia, sin medidas algunas que cambien un sistema judicial privilegiado digitado por el poder político, ni medidas sociales de fondo, única forma de atacar la inseguridad realmente.

Dijo también que quiere un acuerdo social y escuchar a todos los sectores. Olvidando decir que su escucha es poco real, cuando desoye la opinión de mayorías sociales que se expresan de diferentes formas, por ejemplo en defensa del mar argentino. Previo a estas definiciones generales, había dicho que él ve “que nos estamos volviendo a poner de pie”. Extraña visión de un país imaginario, que las próximas semanas tendrá de nuevo a miles en las calles enfrentando su plan de ajuste, su acuerdo con el Fondo y en reclamo de salarios y trabajo digno. Ese sí, que es el país real que marcará fuerte presencia todo el 2022.

Para terminar, habló de la paz y de un mundo con multilateralidad. Pidió por la solución pacífica y rechazó el uso de la violencia y de la integralidad territorial. Lo hizo con palabras que evitaron denuncias mayores a Rusia, y a la vez no queriendo incomodar a EEUU. Hizo equilibrio en las diferentes posiciones que existen en el Frente de Todos, ante la atenta mirada de su vicepresidenta. Finalmente utilizó el tema Malvinas para buscar algunos aplausos. En la realidad, nada hace tampoco por este tema.

En resumidas cuentas, el discurso de inicio sesiones estuvo recorrido por una mirada hacia atrás que intentó mostrar un país genial y por promesas generales hacia adelante, y por dar la idea de algo imposible: que no hay ajuste ni habrá sometimiento al Fondo. Los técnicos del FMI que auditarán nuestras cuentas cada tres meses, dan cuenta del país real que hoy se ocultó dentro del Congreso.

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