jueves, 29 septiembre 2022 - 01:25

Dinosaurios en apuros. Crujen los sillones sindicales 

Crisis política y sindical. Comenzó con la caída del Barba y Caló, pero crujen los sillones de otros viejos jerarcas. Es la crisis con la base obrera: años de traiciones y entregadas del salario y los derechos. Pero también refleja la crisis en el Frente de Todos que tiene su correlato en las estructuras sindicales. No podía ser de otro modo. Al mismo tiempo, constituye un síntoma de la profundidad de dicha crisis. Recordemos: la burocracia en todo su espectro venía amontonada detrás del apoyo a la fórmula de Alberto y Cristina. No solo eso, también estuvieron integrados de una u otra manera a la coalición de gobierno. La pata sindical parecía sólida. Pero, al compás de la crisis social y el terremoto en el Frente de Todos, la pata se empezó a quebrar. 

Resquebrajamientos, disputas y sorpresas. El efecto Caló no fue el único, aunque sí tuvo mayor resonancia por lo inesperado de la derrota. “No esperaba esta traición de ustedes” dicen que dijo. El mismo Alberto Fernández estaba invitado a una cena en Parque Norte en la cual se consagraría la reelección del extriunvirato de la CGT a la que terminó sin ir dado el cambio de panorama. También en Ferroviarios se manifestó un posicionamiento desde el gremio de la fraternidad de Maturano que montó un paro esencialmente para disputar espacio frente a la UF que lidera Sasia y relanzar la UGATT contra la CATT de Hugo Moyano. También está al rojo vivo la disputa en gastronómicos de la seccional capital. 

Una vez más, falla el triunvirato. Al interior de la CGT, desde el propio gobierno se impulsaría un apartamiento de Pablo Moyano del triunvirato. Después de declarar que “si no se cumple la promesa de que no habrá ajuste saldremos a las calles…” (como si el ajuste no se estuviera aplicando) en el establishment están molestos. Y casi no se lo ve más en las reuniones oficiales. 

Como ratas por tirante. Es evidente que el acuerdo con el FMI y el ajuste que conlleva impulsa a que parte de los sindicalistas intenten apartarse un poco para no hundirse con el barco. Ese es el sentido que tuvo el documento que firmaron Pablo Moyano (Camioneros), Hugo Yasky (CTA) y Sergio Palazzo (Bancarios), entre otros, en la tónica de que “la deuda no la paguen los de abajo” (ah, ¿no está pasando ya?). 

Fuegos artificiales. Dicho documento va en sintonía con el nuevo caballito de batalla del Cristinismo de que la deuda la paguen los que fugaron el capital, cuando en primer lugar convalida la estafa, y en segundo, no impulsa hacer nada con los intereses que esos fugadores seriales tienen en la Argentina. Del dicho al hecho… hay oportunismo político, mientras día a día avanza la miseria, la pobreza y se licua el salario. Mucho ruido y pocas nueces. 

Humo en la superficie, fuego por abajo. Los movimientos en la superficie son reflejo directo de la bronca que se va acumulando por abajo. La burocracia sindical tiene claro que ya no puede convocar ni a un acto porque puede terminar teniendo que salir corriendo. Ahora, se manifiestan resquebrajamientos sin que aún la fuerza explosiva de la erupción haya llegado. Esta realidad es la que empuja los reacomodamientos. Contradictoriamente cada renovación interburocrática igualmente genera expectativas y exigencias por mejores condiciones laborales, salariales y de vida. Cuestiones que no podrán ser respondidas sin patear el acuerdo con el FMI y el saqueo indiscriminado. 

Un modelo sindical perimido. Salta como un punto tremendo del modelo sindical peronista la entronización en los puestos (y esto es solo la punta del iceberg). Las declaraciones del desplazante del “Barba” Gutierrez después de 38 años ininterrumpidos al frente del gremio fue “En este nuevo tiempo nadie podrá entronizarse 40 años”. Un dilema interesante, porque intentar ir para ese lado desarrollará tendencias que no pueden ser contenidas en el modelo actual. 

Si no se cambia todo, no se cambia nada. El peronismo inventó la separación de lo “político” de lo “sindical”. Los hechos muestran lo opuesto. Como dice el dicho: cada crisis encierra una oportunidad. Esta, sin dudas, la tiene. Es la oportunidad de que las y los trabajadores salgamos del espiral destructivo del sistema capitalista. Es la oportunidad de fortalecer las tendencias de una nueva sociedad asentada sobre otro modelo sindical y político y otro sistema, socialista, para cambiar en serio. 

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