Día mundial contra el cambio climático: derrotemos las políticas ecocidas

Cada 24 de octubre se conmemora a nivel internacional el día contra el cambio climático, la fecha fue impulsada por la ONU con el fin de alertar sobre sus efectos y promover políticas globales.

El cambio climático está afectando nuestro planeta y lo seguirá haciendo a pesar de que algunos gobiernos y ricos hagan esfuerzos en negarlo o simplemente hacer creer que ya existen políticas adecuada para mitigar sus efectos.

Desde hace tiempo diferentes investigaciones científicas, entre ellas el quinto informe del grupo de expertos sobre el cambio climático, han señalado que el actual modo capitalista extendido a escala planetaria desde 1880 ha provocado el aumento de la temperatura terrestre superior al 1,1°C debido a ese calentamiento se ha perdido humedad en numerosos ecosistemas de diferentes puntos del planeta y por lo tanto afectando a miles de personas. De superarse los 1,5 grados por encima de los niveles preindustriales estaremos en un escenario climático nunca antes registrado y que afectará de manera negativa la vida de millones y pondrá al límite los medios de vida.

La migración por efectos del cambio climático dejó de ser una mera cuestión de las pantallas de los cines y del televisor, lamentablemente es la realidad de miles. Según informes de la ONU, anualmente cerca de 22 millones de personas se ven obligadas a movilizarse de sus territorios a causa de tormentas, falta de agua y otros desastres climáticos.

A modo de alerta y de reversión a nivel mundial las movilizaciones de miles de jóvenes contra el calentamiento global y las políticas capitalistas que lo promueven y amparan han ido en incremento. La mercantilización de la naturaleza comienza a ser fuertemente debatida y rechazada.


El cambio climático, sus efectos en Argentina

Según las estimaciones de «El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático» la temperatura media aumentó un 0,5°C afectando severamente a las zonas del sur del país y trajo consigo la pérdida de masa glaciar y diferentes afectaciones a los ecosistemas. Mientras que en el centro y norte del país los incendios y las inundaciones se han vuelto cada vez más repetitivas y destruyendo todo a su paso.

El desmonte generalizado para promover la agroindustria, el ingreso de los agroquímicos en los 90, la privatización de las industrias claves para la generación de energía, los millones de subsidios a las megamineras, el cierre de trenes y la venta de puertos, la especulación inmobiliaria, entre otras. Cada una de ellas han sido políticas de Estado que han tendido a acentuar el calentamiento global y que los diferentes gobiernos de turno han sostenido a pesar los matices.

Es decir, la destrucción de ecosistemas claves que ayudarían a revertir el calentamiento global, han contado con financiación de los gobiernos, bajo el mito de que nuestro país posee superabundancia de recursos se han promovido tecnologías destructivas como el fracking o negado los efectos de los agroquímicos sobre el ambiente y humanos.

La negación por parte de las fuerzas políticas mayoritarias en el congreso (Frente de Todos y Juntos) de debatir en el reciento la Ley de Humedales deja a las claras de que su orientación es la de proteger los intereses de los que los que se enriquecen a costa de la destrucción ambiental.

Es ultra sabido que los humedales son ecosistemas claves para la vida humana y que incluso contribuyen a la disminución de los efectos del cambio climático. Pero así, el gobierno de Alberto y Cristina junto a la oposición de derecha, se niegan a protegerlos, lo mismo sucede con el Rio Paraná al que han entregado a las multinacionales extranjeras y sobre cual ahora pretenden avanzar en un megaproyecto de extensión del caudal que podría provocar modificaciones que afectarían de manera irreversible los territorios y la vida de las poblaciones.


Dar vuelta todo en defensa propia

El clima esta en todo, eso no se puede negar. La crisis climática que vivimos no es mero efecto de las políticas neocoloniales o de algunas personas desconsideras, sino de un modo de producción y de organización social llamado capitalismo que se esfuerza a través de sus instituciones en sostener sus privilegios sociales y económicos de forma permanente y si eso implica hacer que algunas partes del mundo se vuelvan inhabitables están dispuestos hacerlo.

A ese modo de organización de unos pocos debemos oponerle mayor participación colectiva y poner un fuerte anclaje en la defensa del ambiente al momento de reorganizar toda la estructura productiva. Eso comienza por apropiarnos de las mejores tecnologías de avanzada y ponerlas al servicio del rescate del ambiente. Es decir, necesitamos que el 99% comience a tomar las riendas de nuestro futuro.

Las actuales soluciones técnicas que las multinacionales nos quieren vender son soluciones transitorias, de poco sirven si se sigue promoviendo una política de producción de bienes para la venta y se desvaloriza la producción de bienes socialmente necesarios a escala global.

La finitud del planeta requiere de acciones concretas y de manera inmediata. Necesitamos construir una fuerza socioambiental y política revolucionaria al servicio de las mayorías para poner en marcha una transición productiva que tienda a preservar el ambiente y no a destruirlo. Una fuerza que luche contra las políticas ecocidas de los gobiernos de turno y que tenga como objetivo un mundo socialista.

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