jueves, 29 septiembre 2022 - 01:11

Cultura de la cancelación. Una perspectiva feminista y socialista

Gabriela Perri y Guille Barale

En las últimas semanas, Twitter explotó por las declaraciones de tinte transfóbico y biologicista de JK Rowling. Desde ya, repudiamos los dichos de la escritora, pero queremos poner en debate la famosa “cultura de la cancelación” y debatir una salida de fondo para sepultar las conductas patriarcales y discriminatorias que expresan ciertos personajes públicos y empresas, y terminar con de una vez con el sistema padre de todas las opresiones: el capitalismo patriarcal.

Es común ver diariamente en las redes sociales cómo se ataca, violenta y cancela a alguna personalidad o compañía por alguna conducta que exprese un pensamiento discriminatorio, de carácter racista, patriarcal, homo-lesbo-trans-odiante, etc. Un ejemplo reciente fue el de JK Rowling, autora y escritora británica, que luego de expresar su opinión acerca de las identidades trans, recibió insultos de todo tipo y amenazas, con el fin de hacerla desaparecer del ojo público. Es un caso de entre cientos. Fueron La Faraona o Martin Cirio, el youtuber El Demente, la Rosalía y la lista de personalidades canceladas sigue. La masificación y la expansión de la práctica de cancelar se denomina como ‘’cultura de la cancelación’’. Esta “consiste en retirar el apoyo a personajes públicos y compañías tras haber hecho o dicho algo considerado objetable u ofensivo”(1), con el objetivo de que pierda peso como influencia y las demás personas dejen de consumir su trabajo.

La cultura de la cancelación se intensificó con la masividad de la cuarta ola feminista. La revolución de las pibas llegó para cuestionarlo todo, incluso la legitimidad de ciertas figuras que antes se consideraban intocables o sagradas. Surge como respuesta de sectores progresistas, hartos de años de opresión e impunidad, a las conductas patriarcales, machistas y discriminatorias que tan frecuentemente vemos reproducidas en la sociedad. Pretende ponerle un fin a estos comportamientos, partiendo de la lógica de que si retiramos nuestro apoyo a personalidades o empresas que los perpetúan, estaremos tomando partido en combatir estos problemas estructurales. En realidad, la problemática es mucho más compleja y tiene sus raíces en el sistema capitalista y patriarcal, veamos.

Nuestra conducta, problema estructural

Vivimos en un sistema capitalista y patriarcal que nos educa y moldea, a través de sus instituciones -como la escuela, la familia, las iglesias, etc- para que seamos los sujetos individuales quienes reproduzcamos conductas machistas, racistas y discriminatorias para legitimar la opresión y explotación de la minoría sobre las mayorías. ¿Cómo? Sí, así como lo estás leyendo. Este sistema se nutre del machismo, la homofobia, el racismo, la xenofobia y la discriminación para perpetuar todas las desigualdades. De esta forma utiliza la brecha salarial entre hombres y mujeres; el no reconocimiento económico y laboral de las tareas del cuidado; la concepción de que las mujeres y los cuerpos gestantes son meras incubadoras para la reproducción y el cuidado de la mano de obra; utiliza también la diferencia de oportunidades laborales y económicas entre personas afrodescendientes y blancos; la falta de acceso al trabajo de los sectores más pobres de nuestra sociedad; etc. para hacer crecer cada vez más sus ganancias a costa de recortar cada uno de nuestros derechos.

Es aquí donde está el problema. La cultura de la cancelación sólo apunta a atacar, escrachar y dejar de apoyar a la persona o entidad que reproduce estas conductas, pero no plantea la necesidad de combatir al andamiaje sistémico e institucional que nos educa de esta forma. Surgen entonces varias preguntas: ¿realmente sirve la cultura de la cancelación para combatir las profundas desigualdades sociales? ¿Sirve para combatir al sistema que desde la niñez nos moldea para sostener el status quo? ¿Sirve para darle un fin a la opresión y a la explotación? claramente no.

Es necesario reconocer que la intención de quienes practican la cancelación es positiva, ya que resulta de un claro y profundo proceso deconstrucción que busca cuestionarlo todo. Pero lo erróneo es el método. Se emplea mano dura para neutralizar a las personas por vía de su encierro, eliminación, expulsión social o linchamiento, simplemente eso. No genera ningún cambio estructural que signifique una mejora en la calidad de vida de las y los oprimidos y explotados. La cancelación, como todo método de escrache sin perspectiva de justicia real o de cambio estructural es, en última instancia, una forma más de punitivismo.

Capitalismo patriarcal, estás cancelado

No es coincidencia que la mayor parte de personalidades escrachadas o canceladas sean artistas multimillonarios, empresas o compañías que cotizan en bolsa. Pues son los mismos sectores, el 1% de la sociedad, quienes tiran de las cuerdas de este sistema capitalista y patriarcal. Son quienes se benefician de las ideologías que reproducen. La cultura de la cancelación representa simples cosquillas a las ganancias millonarias de estos personajes.

Ante las desigualdades que genera el sistema, una salida individual como la cancelación de ciertas personalidades, lejos está de ser suficiente para generar cambios estructurales. Frente a esto, se abre la posibilidad de transformar la bronca en organización colectiva, con el objetivo de apuntar al sistema de fondo. Para terminar con el capitalismo patriarcal, generador y perpetuador de todas las desigualdades, y construir desde las bases una nueva sociedad sin opresiones.

(1)(https://www.huffingtonpost.es/amp/entry/cultura-de-la-cancelacion_es_5f06e395c5b63a72c33d9465/)

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