Cuando el agronegocio llegó al campo. Entrevista a Cecilia Gárgano

El “campo”, el agronegocio es la piedra angular de este modelo colonialista, depredatorio, mercantilizador, del saber, el conocimiento y de todo lo que tiene vida. Adicto a la ampliación de la frontera sojera, el agronegocio cambia el uso del suelo para avanzar sobre nuestros humedales, bosques y monte nativo. La quema ilegal que azotó a 16 provincias los últimos años se llevó más de un millón de ha, empobreciendo nuestro suelo, dañando la calidad del aire, perdiendo biodiversidad, intensificando la crisis climática, expulsando a pueblos originarios, todo al servicio de seguir produciendo commodities, fumigando litros de venenos sobre escuelas y pueblos enteros, confiscando millones de litros de agua en el marco de una sequía extrema y la bajante histórica del Paraná.

Entrevistamos a Cecilia Gárgano, Doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA), Investigadora Adjunta del CONICET, Profesora de la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional San Martín (UNSAM), a fines de abril del corriente año, presentó su libro “EL CAMPO COMO ALTERNATIVA INFERNAL. Pasado y presente de una matriz productiva ¿sin escapatoria?” de ediciones IMAGO MUNDI. Una reconstrucción histórica desde la Revolución Verde en la década del ‘60, el impacto de la última dictadura y el comienzo de la agricultura transgénica con el neoliberalismo hasta nuestros días. Sin lugar a dudas, es mucho más que un libro, es una herramienta de lucha, un aporte fundamental de la ciencia digna a los pueblos fumigados, a las asambleas barriales que se organizan para seguir exigiendo la mutación a otro modelo de producción libre de transgénicos y agrotóxicos.

Tanto Argentina como América Latina están cruzadas por un fenómeno en pinza el cambio climático y el extractivismo, le consultamos: ¿Por qué un libro específico sobre agronegocio?

Hay algo inevitable de nuestro país, en cómo se arma el capitalismo argentino, el agro atraviesa las disputas ligadas a cómo se centraron las clases dominantes, la inserción en la división internacional del trabajo y es un eco de lo que va pasando en el campo a lo largo de toda nuestra historia. Mirar el espacio rural era tratar esas disputas históricas a lo largo de toda nuestra historia como van configurando lo que hoy conocemos como agronegocio. Si bien es verdad, el extractivismo en general es un mismo patrón para pensar y analizar, el agro es un territorio de disputa muy ligado a nuestra identidad, a cómo se estructura nuestra economía. Y después la verdad, no empecé investigando sobre agronegocio, me encontré con el agronegocio, empecé investigando sobre la década del ‘70 y la producción de conocimiento científico ¿qué había pasado ahí?, ¿qué cambios generaba la dictadura en los ámbitos de trabajo estatales, de producción de conocimiento científico? 

Con esta mirada integral de la historia del campo queremos saber si identificas cambios en los actores, los dueños de la tierra

Hay  dos fenómenos ininterrumpidos, la concentración y la extranjerización de la tierra, incrementado en los ‘90 por el boom sojero. Al mismo tiempo cuando uno piensa en la oligarquía terrateniente más ganadera se la concibe como una clase parasitaria que producía la tierra por debajo de su productividad, en grandes latifundios y hoy no pasa eso. Sí  tenemos los pooles de siembra y la agricultura financiera. Fenómenos que hace 40 años no pasaban como que un agricultor a escala más familiar arrienda su campo o tipos como Grobocopatel que de golpe tienen una producción súper intensiva en la inversión de ciencia y tecnología. El problema sigue siendo el mismo: cada censo agropecuario indica un campo despoblado y concentrado.

¿Qué mecanismos, puntos de coincidencias y cambios en las narrativas utiliza el agronegocio para mantenerse como el corazón del modelo productivo?

Mucho de las narrativas del “desarrollo” hoy están súper vigentes, a pesar de que llevan más de 40 años fracasando. La propia revolución verde de los ‘60 y la falsa promesa de terminar con el hambre mundial. Son las mismas empresas que, controlan la privatización de la semilla y las que venden los agrotóxicos, las que reeditan las viejas promesas de desarrollo, progreso y le suman el manejo sustentable, capitalismo verde. Por ejemplo: usan la mejora y el proceso de selección natural de la semillas de hace 10 mil años y lo comparan con el proceso de transmutación genético/tecnológico actual, que no tiene nada que ver en sus efectos ni en nada, para decir que la agricultura de hoy es segura, que solo se le ha hecho un pequeño agregado de eficacia y de velocidad tecnológica. 

Y el avance de un nuevo laboratorio a cielo abierto como el trigo HB4, solamente es posible, porque hay un silenciamiento sistemático de esas consecuencias mortales y de las voces críticas. Hay un defasaje entre la información, la investigación científica y los mecanismos estatales, entonces la depredación ambiental asociada a la depredación social aparecen como casos aislados, como alguien que usó mal un manual de buenas prácticas, como un accidente.

Explicanos como entrama y entrampa la ciencia empresarial y la mercantilización del conocimiento con los saberes y experiencia de los territorios, los vecinos fumigados

 A una semana de haber enviado el libro a editar fuimos a una actividad con la Asamblea de Vecinos Envenenados por el glifosato en la Matanza, pleno conurbano bonaerense. Y lo primero que encuentro es que hacen una reunión y un bingo con Sofía Gatica y Madres del Barrio Ituzaingó (Córdoba) para juntar dinero para empezar a hacer los estudios de presencia de agrotóxicos en agua, suelo etc.

Cuento esto porque esas experiencias nos están hablando de 2 cosas: por un lado, sobra evidencia científica sobre los daños que genera este modelo en la vida y la salud, sin embargo se fragmentan las experiencias de luchas. Si son las mismas prácticas productivas y es la misma exposición, el daño es el mismo, no hay ninguna explicación para avalar que en una comunidad se fumigue a 0 metros y en otra a 2000 metros. Son las propias comunidades las que tratan de tejer ese puente, unir y socializar esas experiencias que fragmentan desde arriba. Por otro lado, meten a las comunidades en la trampa de salir a buscar y financiar la evidencia. El Estado no genera datos oficiales para probar la relación causal que existe cuando está a la vista. El Estado debería hacer valer el principio precautorio y exigir pruebas a las empresas que envenenan, no al revés.

En nuestro país hay un gran colectivo de colegas de la ciencia digna, hay un montón de voces críticas al agronegocio, también es verdad que ese montón de voces críticas, tienen una posición súper marginal y que hay un proceso de consolidación de una ciencia empresarial qué es sumamente fundamental tanto para los discursos que legitiman el agronegocio cómo para las transformaciones materiales. Es decir, sin la intervención estatal en ciencia y tecnología no hubiera sido posible este nuevo trigo transgénico, pero así como este caso hay lamentablemente muchos otros.

Por otro lado, venimos arrastrando esta idea qué Barañao fue muy explícito en reformular, pero qué la podemos rastrear en los ‘70, y cómo se ha profundizado el proceso de mercantilización del conocimiento, que es esa idea de la ciencia al servicio de las empresas. Cuando nos hablan de convenios de vinculación público privados nos están hablando del Estado financiando rentas privadas, y eso en el agronegocio, es muy claro y son recursos que el Estado brinda para las corporaciones. 

¿Crees que la tecnología puede ser neutral? Es decir dependiendo de quién la controle puede jugar un rol progresivo? 

La ciencia, la producción de tecnología, son actividades sociales, humanas, que necesariamente están atravesadas por la historia, la cultura, la economía. En el capitalismo la producción científica, tecnológica no está destinada a generar mejores condiciones de vida, a que tengamos más tiempo libre, a que nos relacionemos mejor con el ambiente sino que está guiada por el motor de la rentabilidad. En nuestro país desde 1996 se han aprobado 65 variedades transgénicas, más del 80% son resistentes a agrotóxicos. Uno puede decir que la transgénesis depende de cómo se la use, pero en lo concreto esa producción de conocimiento se articula con el paquete tecnológico para la generación de ganancia. Después, hay un debate políticamente más incómodo, por un lado el trigo transgénico que se desarrolla hoy no es un logro estatal, porque Bioceres de capitales nacionales tiene poco, cuando miramos quienes fueron esos fundadores, de los 23 accionistas, están desde Huergo, Grobocopatel, Sigman, difícil ver ahí un posible derramamiento para los colectivos. Supongamos, por un momento, que eso sea una gesta estatal y el Estado expropia y administra una producción transgénica nacional y popular sin embargo los daños ambientales, de la salud no desaparecen. Hay una cuestión necesaria de repensar que es otra forma de producir y habitar, que no implique el sacrificio, ni de territorios, ni de poblaciones. Hoy en día ese esquema es el que impone que, si no producimos de esa manera no nos entran los dólares que necesitamos, lo que no están diciendo es que seguir así es sobre la base de sacrificar poblaciones. No es una frase panfletaria, es lo que pasa en cada casa de comunidades fumigadas.

Sin dudas la cuestión ambiental es un tema incómodo para el conjunto de la clase política tradicional, han tenido que expedirse porque es una problemática sobre la mesa. Apostar solo a la intensificación de las exportaciones, para capturar dólares, al servicio de financiar la vida de organismos internacionales como el FMI, es una fórmula que diluye todas las contradicciones entre las diversas alas del poder, sindicalistas, derechistas, progresistas, libertarios. Algunos argumentan que es la locomotora para la reactivación del mercado interno, el consumo, el empleo, el salario, EL PROGRESO. Para otros, es la clave para atraer inversiones, insertarnos al mundo (¿?), recuperar la tasa de ganancia. Vale poco la vida ante los negocios… 

 El agronegocio en particular y el extractivismo en general es una política de ESTADO. El famoso consenso de las commodities del que habla Svampa, esa reorganización se ha sostenido bajo distintos signos políticos. Acuerdo en que no hay grieta, en medio de los incendios forestales más importantes de toda la historia Argentina, no hubo voluntad de votar la ley de humedales, pesó más el lobby sojero e inmobiliario, la ley de fomento agropecuario que propone más transgénicos y agrotóxicos, más desmonte y más pobreza. El aumento en los últimos 30 años de los niveles de desigualdad y pobreza se corresponde con el crecimiento de la frontera sojera. Desde el poder fragmentan estas dos problemáticas como si fueran cosas distintas, por un lado lo social/económico y por otro lo ambiental cuando en realidad son una sola. La misma discusión tenemos con la deuda. Producimos de esta manera  para seguir reproduciendo esos círculos, entonces hay ahí  una cuestión del progresismo que queda muy expuesto entre lo que se plantea discursivamente y lo que efectivamente se sostiene como política de Estado. No estamos pidiendo solo producir de forma más sustentable sino también terminar con la desigualdad social que este modelo genera.

Nos quieren monocultivo y nosotrxs decimos que somos bosque nativo, ¿qué mirada tenés de la resistencia socioambiental?

Creo que hay un ascenso de la movilización social, sensibilidad y autoorganización. Desde luchas históricas, como el acampe de Malvinas hasta la potencia que tienen  los cortes en el puente Victoria Rosario, el pueblo autoorganizado en brigadas que inundó de solidaridad los territorios incendiados ante la desidia estatal. Las movilizaciones en Mendoza, en Chubut y las de Mar del Plata que insisten en algo que es incómodo, porque no es solo decir que queremos preservar este territorio, es discutir el corazón de la mercantilización, queremos re-apropiar esto que es común. Son incómodas porque expone al poder, que ha hecho campaña política por la ley de humedales igual que ha hecho campaña contra la megaminería. A medida que la depredación es más grande y sistemática, ese abroquelamiento también es más fuerte, donde no te aprueban la ley de humedales, por eso es importante seguir articulando las luchas.  

Hay dos cosas que disputan, por un lado se puede ver con el agronegocio avanzando homogeneizando todo, el paisaje aplanado, el desierto verde, el monocultivo. Todo lo que  va homogeneizando la vida. Y del otro lado, la lucha que  propone diversidad, reunión de esas peleas en una misma disputa por otros territorios y otros mundos.

El campo como alternativa infernal. Pasado y presente de una matriz productiva ¿sin escapatoria?puede descargarse gratis en la página de la editorial: https://www.edicionesimagomundi.com/producto/el-campo-como-alternativa-infernal/ un valioso aporte para los que luchamos por una vida digna de ser vivida.

Paula Kaeser y Jesica Gentile

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