lunes, 15 agosto 2022 - 19:31

Cristina habla y Guzmán renuncia. La crisis se agrava

Las crisis políticas y económicas en su desarrollo tienen muchas veces giros, tensiones y síntomas trágicos. Pero a veces sus formas no dejan de sorprender. Mientras el mundo capitalista y sus grandes dueños quieren muchas veces que detrás de esas crisis se retome cierto orden y planificación para el bien de sus negocios, acabamos de presenciar la conjunción de una crisis que avanza con un ribete ridículo en la elección de sus tiempos para notificar novedades.

En un hecho insólito, a la vez que la vicepresidenta del país Cristina Fernández de Kirchner hablaba desde Ensenada, una vez más con críticas a su propio gobierno, el ministro de economía Martín Guzmán eligió ese momento para anunciar vía Twitter su renuncia. No lo eligió por azar ni por casualidad, sino evidentemente para contrastar su partida al rol de CFK, evidenciando, una vez más pero en dinámica ascendente, la magnitud de la crisis del Frente de Todos.

Sucede que la renuncia del ahora ex ministro evidencia que la situación no daba para más. Aunque fue sostenido reiteradamente por Alberto Fernández, por considerarlo clave en garantizar el acuerdo con el FMI, igualmente las diferencias internas y la ofensiva de CFK contra su figura terminó por debilitar al máximo a Guzmán, que tenía cada vez menos poder de decisión sobre otros sectores del gobierno. Lógicamente, a nadie escapa que el desastre económico del último tiempo, agravado las últimas semanas con corridas, disparada del dólar no oficial y continuidad del salto inflacionario, dejaron a Guzmán contra las cuerdas, y cada vez con menos apoyo. En última instancia, su renuncia es la constatación de la crisis del Frente de Todos y del fracaso del rumbo elegido por el gobierno. Renuncia que rápidamente fue acompañada por otra, la del secretario de hacienda Raúl Enrique Rigo, y recientemente Sergio Chodos, el representante argentino ante el FMI.

Así las cosas, mientras el sector kirchnerista que se oponía a Guzmán internamente se sentirá aliviado, a la vez la renuncia no detiene una crisis que golpea a todos, incluyendo a la vicepresidenta. Mientras tanto, el presidente Alberto Fernández cada vez más cercado por sus ex aliados y con menos apoyo interno, tendrá ahora que definir quién es su nuevo ministro e interlocutor con el FMI, que, por estas horas, no debe ver con tranquilidad lo que viene en Argentina, ya que Guzmán era claramente un hombre de su confianza.

En su despedida por carta, Guzmán, entre muchas otras cosas, le dice al presidente que “juntos hemos dado pasos para que la economía de nuestro país se recupere y crezca”. Pareciera que el ex ministro vivía en otro país, ya que aquí estamos proyectando 80% de inflación anual, con lo cual lo único que crece es la dificultad de llegar a fin de mes para millones de familias trabajadoras.

Guzmán no va más, pero el FMI sigue

A velocidad y antes que la crisis se profundice aún más, ahora el gobierno necesita resolver el vacío dejado. De hecho, ya hay reuniones de urgencia con los colaboradores más cercanos del presidente y Sergio Massa, otro crítico de Guzmán que pudiera en esta crisis ganar más peso. En la carta a Alberto Fernández, el ex ministro sugiere que busque la unidad interna y hace notar que él ya no podía decidir las medidas, por lo cual afirma que “será primordial que trabaje en un acuerdo político dentro de la coalición gobernante para que quien me reemplace, que tendrá por delante esta alta responsabilidad, cuente con el manejo centralizado de los instrumentos de política macroeconómica”. Pero a la vez, AF necesita poner alguien de su confianza y a tono con su proyecto, y no alguien que no le responda ni menos aún ligado a la vicepresidenta. Necesita alguien que siga los lineamientos trazados o en el peor de los casos, alguien que al menos tenga el consenso de distintos sectores del Frente de Todos, para que el nuevo ministro tenga apoyo y no se lo devore la crisis en pocos meses.

Seguramente en las próximas horas arrancará la danza de nombres y en breve habrá nuevo ministro. Lo que está claro, es que más allá de quien sea el elegido, trabajará en los marcos del acuerdo con el Fondo, aunque muy posiblemente teniendo que rediscutir más temprano que tarde algunos parámetros y metas acordadas que, en este clima económico y político, son de difícil cumplimiento. Como sea, el rumbo del país seguirá en los marcos del ajuste planificado, ese que nos trajo hasta la crisis actual.

El capitalismo de Cristina

Mientras tanto desde Ensenada, la vicepresidenta volvía a criticar el rumbo económico de su propio gobierno, que por esas horas se iba quedando sin ministro de economía. CFK volvió a insistir con provocar cambios en el sistema de asistencia social, y aunque intentó correrse del lugar en que había quedado en su discurso anterior sobre el tema, igualmente su propuesta reafirma la intención de que el aparato estatal pejotista retome la totalidad del control de la magra asistencia a los que menos tienen. Crítico que se trabaje para que se peleen pobres contra pobres, sin decir que son las políticas de su gobierno y del sistema que defiende, las que generan esa deteriorada situación social. Y a esto le agregó su visto bueno al llamado “Salario básico universal” como solución. Lo que no dijo es que el SBU que está en debate, alcanza alrededor de $15.000; una miseria completamente alejada, por ejemplo, de los $162.000 de mínima, que según ATE-INDEC necesita una familia con dos hijos.

Sobre esa base la vicepresidenta volvió a defender al capitalismo, explicando y reexplicando que hay uno que si sería bueno, donde el Estado interviene y todas y todos somos felices. Es decir, reivindicando a Perón continuó con el mismo verso, mientras el capitalismo real, el que existe en los hechos evidentes, en el mundo y aquí sigue haciendo de las suyas. Y no genera ningún buen vivir para millones de familias trabajadoras, de ciudadanos de a pie, que luchan como pueden para llegar a fin de mes.

Ni capitalismo ni FMI: dar vuelta todo

La crisis que se ahonda no se resuelve con más de lo mismo ni menos aún con las recetas retrógradas de Juntos por el Cambio o de los liberfachos. Lo que hace falta es cambiar por completo de rumbo, como proponemos desde la izquierda anticapitalista y socialista, desde el MST y el Frente de Izquierda Unidad.

Con el salto de esta crisis más que nunca tenemos que exigir romper con el FMI, dejar de pagar esa estafa y terminar con la dependencia a ese organismo de buitres. Tenemos que luchar por aumentos de salarios, jubilaciones y planes sociales y porque se prohíban los aumentos de precios. Tenemos que ponerle un fuerte impuesto permanente a las grandes fortunas y generar planes de obras públicas para dar trabajo genuino. Tenemos que insistir en que se nacionalice la banca y el comercio exterior para controlar toda la economía, las exportaciones, importaciones y los recursos que de allí se generan.

Tenemos que pelear en concreto contra todo este plan económico, contra las recetas de los Guzmán que se van, contra la continuidad del rumbo del ministro que viene, y contra las falacias del kirchnerismo que dice estar contra el ajuste pero lo aplica allí donde gobierna, como en la estratégica provincia de Buenos Aires con Kicillof. Peleamos en la calle y en la lucha política y de ideas contra todas estas variantes propias del capitalismo real. Y lo hacemos con el objetivo de dar vuelta todo, de que algún día gobernemos las y los trabajadores y avancemos en un camino anticapitalista y socialista. EL próximo 9 de Julio con el FIT-U y otras organizaciones, llenaremos la Plaza de Mayo y otras plazas de cada provincia contra el FMI, y en la perspectiva de estos objetivos de fondo cada vez más imprescindibles.

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