lunes, 15 agosto 2022 - 18:22

Cristina Fernández en el plenario de la CTA. ¿Existe un capitalismo para todos y todas?

En el marco del día de la bandera Cristina Fernández de Kirchner (CFK) se hizo presente en el plenario de CTA de los trabajadores que se desarrolló en Avellaneda. Bajo la consigna 20 de Junio. La vigencia de Belgrano. Estado, mercado y precios: producción, trabajo y política social en una Argentina bimonetaria, la vicepresidenta compartió el encuentro con el ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi; y el secretario general de la CTA, Hugo Yasky; el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof y el ministro de Cultura nacional, Tristán Bauer, entre otros. 

La marca registrada de CFK en el último tiempo se hizo presente. Volvió a insistir con la idea de un capitalismo bueno, instando a aplicar de verdad ese sistema social: “Si vamos a hacer capitalismo, hagámoslo en serio, para todos y todas, sin exclusiones”. Un discurso que, ante los indicadores alarmantes que presenta el gobierno de Alberto Fernández (elegido por la misma vicepresidenta), busca despegarse de los fracasos de cara al 2023. Como si no formara parte del gobierno del presidente, criticó el rol del Estado ante los empresarios, la fuga de divisas, el récord de importaciones como forma de especulación y, además, la restricción que provoca la deuda externa heredada por el macrismo. También se refirió sobre los programas sociales. Un breve repaso de los nuevos dichos de CFK que suscitan un viejo debate en nuevos conceptos: ¿regulación o revolución? 

El rol del Estado (capitalista) 

Al comienzo de su discurso, CFK se centró en el rol que cumple el Estado. Repasando lo sucedido en 2008, enfatizó en cómo los Estados de las potencias más importantes, como Estados Unidos y los países de la Unión Europea jugaron un rol de salvavidas ante la crisis que sufrieron las principales bancas con el estallido de la burbuja inmobiliaria. Tal como lo reconoce la ex presidenta: “En todo el mundo el Estado salió a socorrer al sector privado. La Reserva Federal norteamericana o sea el Estado norteamericano emitió cinco veces la base monetaria. Cinco veces la base monetaria. Le dio a la maquinita… y el banco europeo ni te cuento”. Para seguir con la descripción del rol de los Estados durante la crisis que perdura en el capitalismo y fue profundizada por la pandemia, Cristina agregó: “Fue el Estado el que salió a hacerse cargo de todo, a afrontar un fenómeno absolutamente desconocido, montando hospitales en tiempo récord, poniendo plata de los Estados del mundo en los laboratorios para que investigaran y produjeran rápidamente una vacuna”. 

Estos extractos citados del discurso de CFK explicitaron el rol del Estado como instrumento de clase, de los capitalistas, para la protección de sus ganancias en medio de las crisis que ellos mismos generaron. 2008 y 2020, pero también el presente, son años bisagras donde el capitalismo como sistema social se mostró crudamente como lo que es: un sistema totalmente excluyente. La primera crisis evidenció que antes del derecho a la vivienda estuvieron las ganancias de la banca mundial, dejando un contingente enorme en la calle, tanto en Estados Unidos como en Europa. Con la segunda crisis mencionada por CFK, el realismo capitalista volvió a hacerse presente, se benefició a los laboratorios con conocimiento e investigaciones públicas para desarrollar vacunas que luego fueron patentadas. El resultado, lo que ya todos conocemos: sigue gran parte de la humanidad, principalmente el continente africano, sin poder acceder a las vacunas contra el Covid-19. 

Sin embargo, pese a las calamidades descriptas, la principal dirigente del gobierno lanzó: “¿El Estado entonces es necesario, es innecesario? No, no, el Estado es imprescindible sin lugar a dudas. Es imprescindible”. Y acto seguido, también dijo: “Si vamos a hacer capitalismo, hagámoslo en serio para todos y todas, sin exclusiones”.  

Las frases de CFK lejos están de contener alguna cuota de ingenuidad. La intervención del Estado (capitalista), como ella misma lo expresó, sólo juega en favor de los intereses de los empresarios, terratenientes, especuladores financieros, en fin, de la clase capitalista. Por tanto, es una falsa discusión suponer que la intervención del Estado va a sopesar la exclusión que el capitalismo lleva en su gen. Un ejemplo claro es el siguiente: en medio de la pandemia la brecha de la riqueza mundial creció, acrecentando el número de pobres y reduciendo el número de ricos. En nuestro país sucedió exactamente el mismo fenómeno, como se advierte en el EditorialPDI

Una pesada deuda inflacionaria 

Además de lanzar la discusión sobre el rol del Estado en el mercado, CFK apuntó nuevamente contra la herencia de la deuda macrista. Esta vez, el motivo de tal denuncia estuvo centrado en el proceso inflacionario que genera el fenómeno del endeudamiento externo. Algo que, vale decir, es una denuncia válida y parte de la realidad que vivimos. De todas maneras, la vicepresidenta soslaya que fue durante el gobierno del Frente de Todos, que ella encabeza con Alberto Fernández, cuando se convalidó la estafa que contrajo Macri con el FMI. 

Es cierto que la inflación actual en parte “es el producto del endeudamiento criminal de los 4 años del macrismo”. Sin embargo, resta agregar lo que hizo su fuerza política para que esto suceda. Con diferentes comportamientos, los parlamentarios que acompañan a la vice se abstuvieron, o votaron en contra pero siempre encontraron la forma de que el tratamiento del nuevo acuerdo con el Fondo no se cayera. Además, también vale refrescar que no impusieron su poder de movilización para echar al organismo de crédito del país.  

Volviendo a la discusión anterior, la intervención del Estado se hizo notar. Y, como en 2008, otra vez, el Estado actuó en beneficio de los acreedores. El resultado ahora, como en aquel suceso es totalmente excluyente: Argentina afronta una situación social con más del 40% de pobreza y, como denunció CFK, una espiral inflacionaria que trae consigo más calamidades a los más postergados. 

Otra vez, ante los hechos concretos, no hay chances de un capitalismo bueno. 

Festival de importaciones y restricción externa 

Algo que no dejó pasar por alto CFK y que de algún modo también se puede entender como un nuevo capítulo de la interna en el frente oficial fue la denuncia al “festival de importaciones”. Antes de avanzar, hay que dejar en claro que la crítica mencionada, como viene ocurriendo, sólo tiene un carácter discursivo. Nuevamente la vicepresidenta afirmó que la unidad dentro del Frente de Todos, a pesar de lo que se diga no es algo que esté en riesgo. 

Volvamos al “festival de importaciones”. Cristina afirmó: “No es que nos falten dólares, los dólares están afuera y ese es el problema que hoy tenemos”. Frase que aludió al mecanismo que está usando un grupo empresarial que, producto de la inflación mundial, compra insumos (en dólares) de forma especulativa y, por ende, retrae la capacidad del BCRA de engrosar sus reservas. Pero este fenómeno tiene responsables políticos y, más allá de las críticas de la vice, se producen bajo su gobierno. Es el ministro de Economía, Martín Guzmán, en conjunto con el presidente del BCRA, Miguel Pesce, quienes permiten que esto ocurra. 

No nos encontramos ante “un Estado estúpido, un Estado donde no se articula la información que tiene el Banco Central con la información que tiene la CNV con la información que tiene la AFIP para poder desarticular y desarmar la estafa porque han estafado a la Argentina”, como afirmó CFK. Estamos ante la presencia de la intervención estatal a favor de la especulación de los grandes empresarios. Que suceda lo que ocurre es por la participación activa del Estado en favor de los grandes empresarios, en este caso industriales. Lo mismo ocurre con la rama alimenticia que la dirigente también denunció. La remarcación de precios se da por la vía libre que este gobierno les permite a personajes como Braun, dueño de La Anónima, quien puede decir públicamente y riéndose que aumenta los precios todos los días. De afectar a los monopolios, por el momento, no se habla. 

“El peronismo es trabajo” 

Con esa frase Cristina aprovechó para referirse acerca de los piqueteros. CFK dijo: “Los piqueteros son hijos de las políticas neoliberales de los 90, no del peronismo” y luego agregó: “Cuando asumió Néstor había 2 millones 200 mil planes, cuando nos fuimos quedaban 220 mil (…) hoy tenemos un 7 por ciento de desocupación, pero a diferencia de 2015 tenemos 1 millón 300 mil planes. Con este número de desocupación debería haber menos”. 

Algo llamativa la afirmación, ya que el menemismo, lo que llama herencia neoliberal, fue constitutivo del peronismo. Además, con 12 años de gobierno que duraron su mandato y el de Néstor no se revirtieron las inclemencias sociales que dejó esa década infame; más bien, como remarca, se profundizaron. Hoy en día en este país son millones quienes se encuentran sin trabajo y la mayoría que detenta un puesto seguramente es pobre. 

Pero no fue todo lo que dijo CFK, sino que se refirió al modo de asignación de los programas sociales: “El Estado debe recuperar el control de las políticas sociales. No pueden seguir tercerizadas”. Algo que se contrapone a un logro conquistado por los vecinos y vecinas, que las organizaciones sociales independientes al gobierno definan sobre su asistencia social. 

Que el manejo de los mismos vuelva a manos de los intendentes, en síntesis, es que vuelvan a mano de los punteros políticos del PJ. Y a pesar de que los principales dardos de la vice hayan sido dirigidos contra el Movimiento Evita, en el fondo también se deja ver un ataque contra las organizaciones independientes, aquellas que componen la Unidad Piquetera y hoy están en la calle enfrentando el ajuste de Fernández. 

¿Regulación o revolución? 

Las palabras de CFK invitan a convencer que el capitalismo traerá consigo las soluciones a los dramas sociales que se reflejan cotidianamente. Desde este espacio, creemos totalmente lo contrario. El capitalismo es el responsable, nuevamente, de que estallen conflictos bélicos como el de Rusia y Ucrania y se vuelva a amenazar a la humanidad con una guerra nuclear. Capitalismo es la posibilidad, como lo afirman diferentes instituciones del establishment mundial, de nuevas hambrunas y así podríamos enumerar diferentes fenómenos sombríos para la mayoría de trabajadores y sectores populares. 

Por ende, ante los dichos esbozados por la propia vicepresidenta que demuestran las limitaciones de una estrategia que sólo apunta a la regulación de un capitalismo decadente, apoyamos una propuesta política diferente, de fondo. 

La experiencia de sus 8 años de gobierno demostró que la regulación del capitalismo, el verdadero “capitalismo en serio” sólo tuvo como ganador a bancos (ella misma fue la encargada de reflejarlo). Mientras tanto, los grandes problemas que arrastra la clase trabajadora de este país que se han visto agravados desde la última dictadura hasta el presente no se han resuelto de forma alguna. 

Entendemos que regular el capitalismo como proponen es regular la herencia neoliberal que ha empobrecido y afectado los salarios de la clase trabajadora, atentado contra los derechos de la misma, privatizado grandes sectores importantes de la industria, como también elementos centrales de nuestra economía que se contraponen contra la soberanía de nuestro país. 

El problema de la deuda externa, la restricción, la inflación, entre otros, no se pueden resolver sin nacionalizar la banca y el comercio exterior; sin imponer fuertes multas y leyes establecidas como la Ley de Abastecimiento a los grandes formadores de precios; dejar de pagar toda la deuda externa e ilícita y usar esos fondos para resolver la deuda interna del país. 

Como dijo CFK: “No se puede actuar en el presente sin estos dos elementos: el conocimiento del pasado y la imaginación y la estrategia del futuro. De eso se trata, en definitiva, la militancia, la construcción y la estrategia política”. Una gran verdad, pero desde la izquierda, desde el MST en el FIT-Unidad, nuestra memoria nos obliga a ser anticapitalistas, socialistas. Por ende, poner en pie una herramienta que como estrategia no tenga en el horizonte una mera regulación del capitalismo; sino una revolución que ubique a los trabajadores en el gobierno, administrando de forma democrática todos los recursos en favor de las necesidades sociales. Un gobierno excluyente, pero esta vez del 1%. 

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