viernes, 21 junio 2024 - 05:40

Crisis libertaria y tensiones sociales. El show no puede continuar 

«La gente no llega a fin de mes, presidente» le expresó un periodista en Córdoba a la salida de su exposición en la Rural. «Si la gente no llegara a fin de mes, ya se hubiera muerto», contestó Javier Milei. Desagradable e hiriente con quien la pasa mal fue la respuesta frente a la situación desesperante que viven millones de familias trabajadoras. 

Es el mismo presidente que comanda un gobierno pescado infraganti con más de cinco millones de kilos de comida sin entregar a los que menos tienen. Lisa y llanamente, a la espera de que se pudran, prefiriendo ese destino infame antes de dársela a los comedores populares, maltratados hace años y directamente desabastecidos desde hace seis meses con la asunción del gobierno libertario. 

La crisis alimentaria se hizo tan evidente que ni las masivas campañas mediáticas de hostigamiento y criminalización generalizada hacia los movimientos sociales, pudieron tapar que la falta de comida es hoy un problema de Estado con un gobierno que desatiende en forma planificada toda ayuda social por mínima que sea. Ni esta justicia clasista y cuestionable pudo evitar involucrarse y decir «entreguen los alimentos». Marcando así en la jornada de este lunes una situación insostenible, imposible de obviar para el poder judicial de este Estado capitalista decadente. El hambre, en un país con tantas riquezas, es un crimen social inaceptable. 

Derrumbe económico y recuperación lejana 

Mientras se suceden diferentes manifestaciones a las puertas de los galpones donde la comida está bloqueada, la recesión económica comienza a hacer estragos. No se encuentra a la vuelta de la esquina, desde hace un tiempo pega de frente con todas sus consecuencias. Los despidos directos son una de las caras nocivas de la debacle económica. Las suspensiones, licencias obligadas, falta de changas en los barrios populares, los cierres de comercios y caída abrupta del consumo son otras caras de un mismo flagelo contra las mayorías. 

Acompañando la crisis alimentaria y la recesión económica en curso, navega entre la población otro problema a esta altura estructural de un modelo económico al servicio de una minoría parasitaria: el salario de millones que no alcanza para llegar a fin de mes, ni alcanza siquiera a cubrir necesidades básicas muchos días antes. No es casual que en los lugares de trabajo esa presión salarial se transforme en reclamos, protestas, a veces paros sectoriales y semanas atrás con un contundente paro nacional. 

En medio de la recesión, la inflación, luego de muchos meses para arriba, bajó unos puntos. No es ningún éxito libertario, es la consecuencia de la parálisis económica y caída del consumo. Las familias trabajadoras y sectores medios compran muchas menos cosas porque no tienen con qué dinero hacerlo. Esa es la causal de una inflación debajo de un dígito, aunque todavía sigue golpeando el bolsillo popular que corre atrás de la suba de precios. Prueba de esto es la recientemente informada quita de subsidios y por consiguiente aumentos de gas a sectores medios y bajos, a la par que ese mismo gas, en medio del frío, falta en escuelas, hogares y otros lugares. Mientras transitamos también la crisis de faltante de GNC. 

El gobierno de Milei esperaba que una inflación en retroceso significara un apoyo social en avance y una recuperación económica pronta. La realidad es bastante más compleja. Ningún dato serio vislumbra en el futuro próximo una recuperación de la economía que, según cifras diversas, viene cayendo sostenidamente desde hace meses. Bajo estas circunstancias críticas, no hay apoyo social sostenido, y sí hay mucha incertidumbre y malhumor social. El termómetro social está en aumento, progresivamente sube, desigual, todavía no en rojo de alerta, pero sí con una Misiones que anticipa el calentamiento social que puede repetirse en otras provincias. Si lejana aparece la recuperación económica, no descartemos que más cerca aparezca una movilización masiva que vuelva a tensionar toda la situación y a encender alarmas en el gobierno y el régimen que lo sustenta. 

Un show decadente sin final feliz 

En medio de semejante crisis, a sabiendas de que el país mantiene su polarización social y política, un gobierno que viene en baja optó días atrás por simular mayor fortaleza desde el emblemático Luna Park. Un evento que, recital desafinado mediante, intentó darles ánimo a los suyos y mostrar desde los medios de comunicación una consistencia que no es tal. Es verdad que fue un primer intento de motorizar a parte de su base social para que lo acompañe públicamente. Como también es verdad que unos pocos miles en un estadio cerrado no se pueden contrastar ni de cerca con las jornadas masivas ocupando las calles en la histórica movilización por la educación o el estruendoso silencio en las calles del paro nacional del nueve de mayo. 

El show tampoco pudo evitar la crisis en las alturas que terminó extirpando de su seno al Jefe de Gabinete Nicolás Posse y definir la ascendencia de Guillermo Franco, «viejo lobo de mar de la política» según lo definió un medio tradicional. Emblema putrefacto de la casta tradicional, lo definimos nosotros, quien en su primera declaración dijo que Milei «no entiende la política». Así estamos. Se fue Posse entre denuncias de espionaje interno, también su ladero y responsable de la AFI Silvestre Sívori y desfilan las renuncias en el ministerio de capital inhumano de Pettovello. Milei habla de relanzar su gobierno y dice que «todo el gabinete está bajo análisis». Una reflexión calculada para evitar decir que el fracaso de su equipo lo obliga a cambiar, sin alegrías mediantes. Hasta Clarín a través del periodista Van der Kooy escribió sobre la crisis de gabinete y los cambios efectuados: «Revela, entre un montón de cosas, la admisión presidencial que la expectativa social que aún conserva no podría mantenerse mucho tiempo anclada únicamente en el descenso inflacionario». 

Desacuerdos de mayo, runflas de junio 

A esta altura de la crisis, la secuencia de hechos se sucede a tal velocidad que a veces cuesta comprender su magnitud. Nuestra tarea no es quedarnos con lo visible en la superficie, es indagar en la profundidad de los fenómenos y problemas políticos. Y una de esas cuestiones, si de derroteros se trata, es la caída abrupta del renombrado Pacto de Mayo, la principal iniciativa política que el gobierno sacó de la galera cuando se hundía su Ley Ómnibus en el Congreso. Muy lejos de la frase de Milei haciéndose el despreocupado «si no es en mayo, será en junio o julio», la realidad política no es un problema de tal o cual mes. Es una cuestión de falta de homogeneidad política y solidez de proyecto. 

De eso adolece hoy Milei, combinado con un decreciente apoyo popular que todavía no alcanza niveles marcados, aunque sí una lenta pero constante baja de la comprensión social que meses atrás tenía por ser un gobierno reciente. La paciencia se agota en paralelo al agotamiento del salario de la población. Ni más rápido ni más lento. En general, como la historia demuestra, las tensiones sociales crecen cuando la mesa popular está vacía. Dicen que la fe mueve montañas. Lo que es seguro es que no paga impuestos, ni remedios, ni el alquiler. Y se va sintiendo en el ambiente un clima de ir alcanzando el límite social, un hasta acá llegamos, así no se aguanta más. Es el sentir expresado por la docencia de Misiones y compartido por millones en el país, es esa maestra de cara al micrófono de un canal de TV diciendo «el sueldo no me alcanza para vivir». De eso se trata la situación que se está incubando. 

Todo ese malestar social, comprensible y en aumento, condiciona la vida política dentro del Parlamento. Hizo trizas el Pacto de Mayo y ayudó a empantanar la Ley Bases. Nadie en la vieja política quiere verse en el espejo de Misiones ni en el lugar reciente de legisladores siendo escrachados en bares y comercios por vecinos en furia. Aun así, el gobierno insiste con sacar la ley y siempre encuentra algunas manos amigas en la llamada oposición dialoguista. Y en un círculo rojo que, pese a disputas y críticas, empuja para que de una vez por todas salga alguna ley que ordene, aunque sea parcialmente, las cosas. No está claro si los números le darán al gobierno, está frente a un debate muy ajustado donde, de arranque, no puede mantener el texto que vino desde diputados. Tiene sí o sí que modificar varias cuestiones y eso devuelve el tema para atrás, a otro debate en diputados, más allá de si logra una votación en general, la cual incluso todavía hoy no es segura de lograr. La Ley Bases encuentra un horizonte de incertidumbre y cambios en sus artículos de por sí ya recortados en comparación a la fallecida Ley Ómnibus. Impedido de un triunfo claro y con sectores patronales criticando al RIGI y desacuerdos en variados temas, el gobierno reza por obtener al menos una ley modificada y arrancar así un nuevo momento político. Las fuerzas del cielo no dan para mucho más y Milei lo sabe. 

Rodear el Congreso, frenar al Senado, terminar con todo 

Apoyados en el descontento social creciente y en las fisuras que ese proceso nacido abajo genera en las alturas, nuestra tarea es impulsar la mayor movilización posible hacia el Congreso el día que el Senado trate esta nefasta ley. Hay condiciones de generar una masiva y unitaria movilización que tensione la jornada y cuestione toda esa sesión. El descontento por abajo es tal que mueve los cimientos de un peronismo muy en crisis y disputas internas, que del inmovilismo se movió a comenzar a convocar a Congreso para el día que se trate la ley. Deberían hacerlo a fondo, ampliamente y sin vueltas. Si queremos que la ley no pase, la CGT debería movilizar a todos sus gremios en el marco de un paro y un cese de tareas total que garantice a miles y miles en la Plaza. Menos que eso es funcional al gobierno. 

Esa propuesta es la que debatimos y decidimos en el Encuentro de luchadores y la izquierda que realizamos con miles de participantes el sábado 25 de mayo en Plaza Congreso. Con ese mandato vamos a recorrer lugares de trabajo, de estudio y barrios populares. En un país polarizado, la dinámica en la calle la expresan miles de trabajadores y la juventud que enfrentan al gobierno. Ese capital humano y social hay que hacer sentir frente al Congreso en una disputa política clave y abierta en su resultado. 

El show decadente que estamos presenciamos no puede continuar. No hay tarea más justa y necesaria que terminar con este plan económico y gobierno liberfacho que liquida el presente y el futuro de la clase trabajadora, de los sectores populares y medios y de la juventud. Darle tiempo no tiene nada de democrático y mucho de suicidio colectivo. Cuando se atacan las conquistas sociales y democráticas de todo un pueblo, cuando se pretenden entregar todos nuestros bienes comunes y los resortes estratégicos de la economía y la producción a un puñado de grandes corporaciones capitalistas, lo único que no está permitido es quedarse callados e inmóviles. Hay que salir a la calle todas las veces que sea necesario y frenar este curso reaccionario. El momento y la necesidad es ahora. 

Para que la izquierda sea opción 

La urgencia de una enorme movilización social es la urgencia de que gane peso en franjas de masas una alternativa política distinta a todas las que han gobernado trayéndonos hacia esta realidad tristemente inigualable. Y lo distinto y alternativo, solo puede venir desde y junto a la izquierda. Como integrantes del Frente de Izquierda Unidad no miramos para otro lado ante ese desafío, no obviamos la responsabilidad que tenemos, ni compartimos el conformismo pesimista y electoralista de quienes no se proponen hacer de nuestro frente una herramienta muy superior a lo que es actualmente. El valor positivo que tiene el FIT-U hay que aprovecharlo para ir por mucho más

Hoy, cuando miles de trabajadores y jóvenes luchan y quieren ser protagonistas de todo lo que viene, nuestra tarea es colaborar para que se organicen políticamente y aporten a un salto en la ubicación de la izquierda. Nuestra propuesta de convocar a un enorme Congreso Abierto del Frente de Izquierda es un instrumento para esos objetivos políticos más que necesarios. Queremos poner en movimiento políticamente a miles como una palanca que impulse a la izquierda anticapitalista y socialista a transformarse en una verdadera alternativa de poder. Pelear por menos que eso es una capitulación al estatus quo que debemos derribar.

 

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