Coronavirus. ¿Pase directo a una cuarta ola?

Luego de la derrota en las PASO, intentando cambiar el humor social el gobierno decretó el “fin de la pandemia”. Abriendo todo, habilitando restaurantes y eventos musicales, sociales y deportivos sin aforos, estaba sembrando la semilla de los casi 34 mil casos de hoy. Por entonces los casos no pasaban los 2 o 3 mil diarios, pero Europa con Alemania a la cabeza ya presagiaba lo que se nos podía venir. Vizzotti repitió los yerros de Ginés: negación, imprevisibilidad y subestimación de la pandemia, barnizada con una mano de doble discurso. Mientras habilitaba reuniones masivas nos hablaban de supuesta preocupación gubernamental por nuestra salud.

Vale todo

La derrota electoral de agosto en las PASO fue un quiebre en la política sanitaria del país. Explica todos los desaciertos que se vienen precipitando desde hace meses y que produjeron la actual situación epidemiológica, que hizo saltar las alarmas con más de 20 mil casos este lunes 27 y los casi 34 mil de hoy 28 de diciembre. Durante esos meses la Argentina gozaba de una situación destacada en el mundo: se había avanzado bastante en el esquema de vacunación, con casi un 40% de la población con el esquema considerado por entonces como “completo” de dos dosis. También los grupos antivacunas, ultaminoritarios en el país, prácticamente habían desaparecido, a diferencia de lo que ocurre en Europa.

El gobierno, que no pudo aprovechar este logro para cambiar la historia electoral sacó una conclusión nefasta: se perdió porque la gente, además de la crisis económica, está harta de estar encerrada o limitada. Ya que aquí no hubo tercera ola, resolvieron la apertura completa. La derecha de JxC de CABA hizo lo propio aclarando que ellos habían sido los pioneros en abrir todo y no Alberto. Así explotaron los bares, restaurantes, festivales y eventos deportivos de todo tipo sin ningún aforo y casi sin controles.

Fue la peor decisión y para colmo injustificada por dónde se la mire. Ni siquiera comparable con los yerros iniciales de Ginés cuando negó que la pandemia llegaría por aquí y que fuese importante. Tampoco con los desaciertos de Alberto cuando decía que no llegaríamos a los 100 mil muertos, que ya superamos. En esta oportunidad, con Vizzotti a la cabeza, la cosa es mucho peor porque ya se sabe mucho más del virus, de su capacidad de mutar, que cada cepa -la Delta primero y la Omicron después- muestra nuevas capacidades de contagio y virulencia. Europa con Alemania, luego Inglaterra y después España ya estaban evidenciando que entraban en la cuarta ola con miles y miles de contagios diarios. Y que pese a la vacunación el virus se las ingeniaba para infectar. Y asimismo otra vez comenzaban a saturarse los sistemas sanitarios. Cambiaba un poco la demografía de los internados: más jóvenes, quizás más los obesos y, claramente, los no vacunados.

Que el alerta existía era clarísimo y el gobierno con el derrotado Alberto y con Vizzotti a la cabeza decidieron ignorar todos estos datos y armar un discurso engañoso y peligroso donde, amparados en los pocos casos de entonces; en lugar de reforzar la vacunación, multiplicar las segundas dosis y masificar las terceras que ya se demostraban más eficaces en Europa para contener los casos graves, optaron por la vía del absurdo: abrir primero, contentar en apariencia a los descontentos por las limitaciones y montar un relato de cuidados a pesar de las aperturas y bajas restricciones. Así aparecieron nuevas apps en celulares y el pase sanitario sin mucha claridad de cómo se aplicaría.

La situación actual

Pero la pandemia no sabe de dobles discursos ni de conclusiones electorales, la circulación comunitaria de Delta se fue extendiendo y afectando cada vez más gente. La llegada de Omicron vía Córdoba y Buenos Aires empeoró todo y significó un nuevo salto. Otra vez desde el gobierno nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires aparecieron los justificativos para proteger los negocios capitalistas de siempre. Partiendo de datos reales en cuanto a mayor riesgo de contagio, pero menor letalidad, banalizaron el escenario. Europa pone el semáforo en rojo: la mortalidad de esta cuarta ola es, a pesar de la experiencia y la vacunación, casi la mitad de la primera y segunda; y amenaza en el viejo continente con saturar los servicios de terapia intensiva. Los más jóvenes se convierten en los nuevos vectores de propagación. Todo esto lo sabían o debieran haberlo sabido las autoridades sanitarias y lo ignoraron.

Actuar ya

Los 33.902 casos de hoy 28, con récord en las grandes concentraciones urbanas como Buenos Aires con 11.695 contagios, Córdoba con 8.520 y CABA con 6.085, ameritan producir cambios en la política. Este fin de semana tuvieron que suspenderse viajes de egresados a Bariloche porque ya era un escándalo que prácticamente el 100% de una delegación estaba contagiada.

Se desperdiciaron meses en donde tuvimos muy pocos contagios y escapamos de la tercera ola. Ahora está el riesgo cierto de que pasemos directamente a una cuarta ola sin pasaje de regreso. Se tendría que haber aprovechado esos meses para multiplicar las vacunaciones con 3 dosis, completar esquemas en jóvenes, testear masivamente y aislar selectivamente a los que venían de viaje con posibles contagios de Omicron. En lugar de esto, se dejó que en Córdoba una sola persona contagiara a decenas en una fiesta, siendo hoy esa provincia la de mayor circulación de Omicron en el país. Tampoco se aprovechó la baja para fortalecer el sistema de salud con presupuesto, personal y salario.

Si el gobierno no cambia rotundamente, no limita los viajes – todos los de delegaciones-, no testea masivamente y aísla selectivamente a los contagiados, repetiremos la historia de Europa. Todavía los casos que crecen están disociados de las internaciones y las muertes. Pero se estresará el sistema sanitario ya con sobredemanda.

Desde el MST en el FIT-U decimos que aún se puede evitar este final, la condición es como ya explicamos aplicar una serie de medidas racionales desde el punto de vista sanitario, priorizando la salud ya vida de la gente, y preservando el sistema sanitario y no los negocios capitalistas de espectáculos y turismo como hace el gobierno más allá de su doble discurso.

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