martes, 16 julio 2024 - 07:18

Córdoba. 9 de julio de postulación, debates y disputa política

El pasado 9 de julio se realizaron en todo el país marchas convocadas por el Frente de Izquierda Unidad junto a otras organizaciones de izquierda, sociales y de derechos humanos para exigir el no pago de la fraudulenta deuda externa y la ruptura con el FMI, entre otras propuestas políticas como la nacionalización de la banca y el comercio exterior y un urgente aumento de salarios, jubilaciones y planes sociales.

La concentración de miles de compañeras y compañeros en todo el país incluyó una masiva convocatoria a la histórica Plaza de Mayo. Esta iniciativa marcó la jornada del 9 julio por su fuerza y posicionamiento político, contrastando en primer lugar con la hipocresía de los actos del gobierno para conmemorar la independencia mientras mantiene un rumbo de sumisión al FMI, y en segundo lugar con la convocatoria reaccionaria que impulsaron referentes de la derecha política de Juntos por el Cambio que, a pesar de tener poca participación, los grandes medios le dieron una dimensión que no tuvo.

El espacio callejero es quizás el principal escenario de disputa política, reclamo y confrontación contra el gobierno y su plan de ajuste acordado con el Fondo. De ahí lo importante de haber hecho y sostenido esa convocatoria desde el Frente de Izquierda Unidad sumando a otras organizaciones en esta fecha emblemática. A partir de esto creemos que es necesario dar algunos debates que se dieron alrededor de la elaboración del documento unitario.

Nuestro partido sostenía que la convocatoria del Frente de Izquierda Unidad a organizaciones sindicales, piqueteras, estudiantiles, de derechos humanos, de la mujer y populares a organizar una movilización común el 9 de julio contra el pacto con el FMI y en apoyo a todas las luchas del pueblo trabajador debía utilizar la fecha de la independencia argentina para realizar una jornada nacional, con una masiva movilización para fortalecer la solidaridad con los sectores en lucha, exigir el plan de lucha y la huelga general que hace falta y levantar un programa obrero y popular que termine con el sometimiento del país para poner nuestras riquezas al servicio de las necesidades obreras y populares.

Este planteo parte de una definición política teórica de nuestra corriente, que sostiene que en los países dependientes como el nuestro las tareas de liberación nacional son un motor importantísimo de los procesos revolucionarios de trasformación social, porque llevarla adelante necesita poner en juego a clases sociales que en la dinámica no solo van a ir contra el imperialismo, sino también contra sus dominadores nativos.

Tal como lo evidencia la historia, la burguesía dependiente es incapaz de romper por sus propios medios con el imperialismo. La única clase capaz de enfrentar al imperialismo y sacárselo de encima es la clase trabajadora.

Lamentablemente, el Partido Obrero se negó a incluir en el documento unitario cualquier mención a la segunda y necesaria independencia que hubiera permitido confrontar con el antimperialismo impostado del Frente de Todos, por un lado, y denunciar a los cipayos de siempre –la oposición de derecha- que ni siquiera disimula su servilismo, por el otro. Estas definiciones hubieran fortalecido la postulación política del Frente de Izquierda Unidad como alternativa política.

Córdoba: la renuncia a la disputa con la derecha

Estos debates se materializaron en la situación que se vivió en la marcha realizada en Córdoba replicando la convocatoria nacional. Los acuerdos para la convocatoria en Córdoba implicaban una marcha que saliendo de Colón y Cañada llegaría al Patio Olmos, donde se leería un documento político unitario. También como en otras ciudades la derecha había hecho una convocatoria a un banderazo.

A tres cuadras del Patio Olmos un vallado policial pretendía impedir que la masiva marcha de la izquierda avanzara hacia el lugar donde habíamos convocado con suficiente anticipación al acto de cierre de la jornada ¿La razón? Proteger a las casi 1.000 personas que se habían convocado tras las conocidas consignas reaccionarias de la derecha vernácula.

Ante esto, desde el MST sostuvimos que la marcha debía avanzar hacia el lugar acordado para leer el documento, sin dejarnos amedrentar por el débil vallado policial con el que el gobierno de Schiaretti intenta -y fracasa- permanentemente encauzar las movilizaciones. Trasladamos esta propuesta al conjunto de las organizaciones convocantes, explicándoles que desde nuestro punto de vista era un problema político que, en plena polarización política y social, la multitudinaria movilización de la izquierda fuera frenada por una pequeña convocatoria derechosa en favor de los ajustadores y el FMI.

Sorprendentemente, los dirigentes del Partido Obrero y FOL plantearon que “de ninguna manera” (sic) debíamos avanzar hacia el lugar originalmente acordado, aduciendo cuestiones de seguridad que además se negaron a discutir. El argumento fue que ya sabíamos que esto iba a suceder y que por eso habían propuesto adelantar nuestra movilización de las 16 a las 14. Es decir, la negativa a disputarle la calle a la derecha no parece ser un hecho aislado, sino una orientación política premeditada.

Esta definición profundamente equivocada fue impuesta al resto vía chantaje político al amenazar con romper la marcha unitaria. De esta manera impusieron que la marcha se dirigiera a plaza San Martin para leer el documento. Un lugar prácticamente escondido e inadecuado para semejante convocatoria.

Queremos llamar la atención sobre lo que creemos fue un grave error de estas organizaciones, que llevaron a que lejos de postularse y disputar la calle la izquierda debiera ocultar su masiva marcha y cederle el protagonismo a una derecha cada más violenta y envalentonada.

Estos hechos abren a su vez otro debate, el de si se puede enfrentar a la derecha -más allá del plano electoral- y cómo hacerlo. Desde el MST opinamos que Javier Milei, José Luis Espert, Ramiro Marra y todos estos liberfachos son un peligro latente. El desgaste y recurrente decepción con las variantes políticas de la burguesía y la manija mediática les permite tomar visibilidad. Además, sus discursos de odio les dan luz verde a las acciones y crímenes de odio.

Es tarea entonces de la izquierda combatir sin tregua alguna a estos pichones de fascistas y no dejar que avancen ni un centímetro en las facultades, en los sindicatos ni mucho menos en la calle, con la única alternativa coherente: la movilización obrera y popular, las propuestas por cambios de fondo y la postulación política de la izquierda.

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