jueves, 25 julio 2024 - 13:43

Contraofensiva ajustadora y patriarcal. Desmantelamiento de políticas de género en Argentina

Desde que asumió Javier Milei, el desmantelamiento de las políticas públicas destinadas a la protección integral de las mujeres en situación de violencia de género, es sistemático. Este proceso incluye recortes, vaciamiento presupuestario y despidos de personal especializado, afectando gravemente programas esenciales y otros servicios de apoyo. Esta dinámica no puede ser comprendida de manera aislada y debe analizarse en el contexto más amplio de irrupción de las nuevas ultra derechas de origen neoeoliberal y patriarcal, que buscan reestablecer un orden tradicional que perciben amenazado. 

Vaciamiento, recortes y despidos: un ataque sistemático

En 2015, la llegada de Mauricio Macri a la presidencia marcó el inicio de una serie de políticas de austeridad que afectaron gravemente a los programas y políticas públicas en materia de género. La reducción del presupuesto destinado al Consejo Nacional de las Mujeres y la eliminación de programas específicos de apoyo y prevención de la violencia de género son ejemplos claros de esta tendencia. Luego,  bajo el gobierno de Alberto Fernández, se creó el Ministerio de Mujeres Géneros y Diversidad, pero nunca se le asignó un presupuesto acorde para modificar escenarios de desigualdad y violencia estructural, ni se efectivizó al personal de los distintos programas y áreas.

En ese escenario, el gobierno de Javier Milei a través del Ministerio de capital Humano efectuó despidos masivos de personal que se encontraba trabajando de forma precarizada, debilitando aún más la capacidad de respuesta del Estado ante la violencia de género y empujando a más trabajadoras a la desocupación. El viernes 28 de junio, la junta interna de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) del exministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad denunció despidos del 80 % de sus trabajadoras y trabajadores. Los programas afectados fueron la línea 144, que brinda apoyo y asesoramiento a mujeres y personas LGBTyQ+ en situación de violencia, y también los programas Asistencia Integral en Femicidios y Travesticidios, Hogares y Refugios, Acompañar, Producir, Prevención y Formación, Travesti Trans, Ley Micaela, Escuelas Populares, Acompañamiento a diversidades, Políticas de Cuidados, Igualdad, entre otros. 

La retórica utilizada por el gobierno es, por un lado, la de desacreditar y minimizar la importancia de estos programas, presentándolos como gastos innecesarios en tiempos de crisis económica. A su vez, el concepto de «ideología de género», propulsado por movimientos religiosos que tejen alianzas pero que también poseen diversos conflictos con el actual gobierno, ha sido instrumentalizado por sectores conservadores y neoliberales para atacar los derechos de las mujeres y personas LGBTI+. 

Este nuevo ataque no es aislado ni coyuntural, sino parte de una estrategia más amplia de desmantelamiento de políticas sociales que protegen a los sectores cuyos derechos se encuentran vulnerados. Su lógica, no busca destruir el Estado, sino minimizar su intervención en cuestiones sociales, priorizando en cambio las políticas represivas, el pago de deuda externa y las designaciones de altos funcionarios para construir un aparato al servicio de sus débiles estructuras partidarias.

Pero además, no podemos perder de vista que esta «contraofensiva» responde, en primera instancia, a la fuerza desplegada por los feminismos en la región. Y  no sólo busca desmantelar políticas públicas de género, sino revertir importantes avances logrados, reinstaurando un orden patriarcal y disciplinario. Este ataque no es sólo simbólico, sino que tiene consecuencias materiales y concretas en la vida de miles de personas que ven reducidas sus posibilidades de protección y apoyo frente a situaciones de violencia de género.

La emergencia de las nuevas ultraderechas: una reacción programática

La emergencia de las ultraderechas en Argentina y a nivel global encarnan, entre otros aspectos, una reacción programática a las luchas feministas y de la diversidad sexual que han desestabilizado, o al menos puesto en tensión, el orden patriarcal, racista y capitalista. Estas ultraderechas utilizan un discurso que presenta la idea de una masculinidad amenazada y herida narcisísticamente, buscando así, aglutinar sectores bajo una identidad política basada en el miedo y la defensa de los valores tradicionales. Pero esta contraofensiva, más que un acto de demagogia para su crear propia base social, es un «llamado al orden» para revertir la fuerza de insubordinación de los feminismos que, en su capacidad de devenir masivos y radicales, han activado dinámicas de desobediencia que desafían profundamente las estructuras de poder existentes.  

No por nada, en todo el mundo, las nuevas ultraderechas han adoptado retóricas similares, atacando las políticas de género y presentándolas como un peligro que debe ser contenidi para proteger la «naturaleza humana». Tal es el caso de VOX, quizá uno de los ejemplos más extremos, que propone una reforma para volver a la constitución de la España imperialista del siglo XV. La aparición de estás ultraderechas es un fenómeno con fuertes influencias y conexiones transnacionales que, en sus diferencias, permiten la circulación de ideas y estrategias comunes a la hora de atacar los avances feministas y de la diversidad sexual. Estos discursos no solo buscan desmantelar los avances logrados, sino también frenar cualquier posibilidad de radicalización y expansión de los movimientos feministas.

Este fenómeno no es nuevo y ha sido teorizado por diversos autorías como una forma de disciplinamiento social y control​​. Ya Lenin y Trotsky, sostenían que las reacciones conservadoras surgen como respuesta a movimientos revolucionarios que amenazan el statu quo. En ese sentido, la actual reacción puede ser vista como una respuesta a un ciclo de luchas extensivas que han golpeado fuerte contra un orden establecido, en el marco de una crisis capitalista de carácter sistémico. 

La respuesta feminista

Frente a esta contraofensiva, las respuestas feministas se manifiestan ante los diversos ataques, porque se trata de un movimiento vivo y latente, que llenó las calles el 8M y que se encuentra en la necesidad de discutir y elaborar nuevas estrategias. En el evento «Radicalizar la Democracia», realizado en abril en la Facultad de Ciencias Sociales por la Fundación Rosa de Luxemburgo, se manifestó un debate que debemos seguir de cerca: ¿Los feminismos deben limitarse a una posición de resistencia o deben luchar por recuperar el protagonismo y una agenda de avanzada? 

Recordemos que no estamos enfrentando simplemente una serie de políticas regresivas, sino una lógica de poder que intenta amordazarnos para destruir importantes conquistas y frenar una dinámica de avance expansivo. Esto implica no solo resistir a los recortes y las políticas regresivas, sino proponer nuevas formas de organización social y política que pongan en el centro la justicia de género, la lucha contra las enormes desigualdades sociales  y la descolonización. Ello requiere una estrategia multifacética que combine la respuesta a los diversos ataques, con la construcción de nuevas propuestas, y para eso es fundamental fortalecer espacios de coordinación y debate para seguir presionando por políticas públicas que protejan y promuevan derechos.  

En ese sentido, desde una perspectiva feminista y socialista, consideramos crucial construir alianzas con otros movimientos sociales y políticos que también están siendo atacados. Esto incluye las luchas de trabajadores y trabajadoras en el país y en el mundo, a los movimientos socioambientales, a los organismos de DDD. HH, entre otros. La convergencia de luchas fortalecerá nuestra capacidad de respuesta y nos permitirá crear un frente unitario contra el avance conservador.  A su vez, la lucha contra la ultraderecha es global y, por lo tanto, requiere de un internacionalismo solidario. Debemos fortalecer nuestras redes internacionales, compartir estrategias y aprendizajes, y construir un movimiento internacional que pueda responder con eficacia a los desafíos comunes.

Los feminismos a lo largo de la historia han demostrado una y otra vez su capacidad para adaptarse, reorganizarse y continuar avanzando a pesar de los distintos obstáculos. Hoy, ello implica poder construir un feminismo que dé los debates de fondo y que luche por cambios sociales sistémicos, ya que es la actual matriz capitalista en crisis, la que está produciendo las mayores desiguldades de su historia, poniendo en riesgo cada derecho conquistado. En ese marco, frente a la contraofensiva, creemos que es un error defender las tan mentadas alternativas del “mal menor”, comúnmente representadas por figuras que históricamente renegaron de las ideas feministas y cuando no, fracasaron a la hora de materializar derechos sociales, empujando a enormes sectores a depositar ilusiones en las extremas derechas.

En ese marco, somos conscientes de que no solo se trata de una batalla por la igualdad de género, sino también una defensa contra el totalitarismo, una apuesta política contra la barbarie capitalista y por los derechos humanos en su totalidad. 

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