Chubut. El ministro-policía Massoni, contra el cupo laboral trans

Al anunciar la creación de una “dirección de género” en la policía chubutense, el ministro provincial de Seguridad, Federico Massoni, se despachó duramente contra la reciente ley nacional de cupo laboral trans. Al funcionario político que dirige la policía no le tembló el hocico al mencionar despectivamente a nuestra población. “La política de género no es sacar una ley y decir que todos tienen que contratar gente con barba; hay que hablar de contratar gente con capacidad”, expresó sin la más mínima vergüenza.

El ministro del gobernador Mariano Arcioni, conocido por aplicar ajuste y represión e imponer proyectos de megaminería extractivista que agreden el ambiente, envió un mensaje cargado de odio y profundamente ignorante. Massoni no tiene ningún reparo o registro de nuestras historias ni de las duras experiencias vitales por las cuales las travestis y trans debemos atravesar por el solo hecho de existir. Desconoce también que existen las políticas públicas compensatorias o de discriminación positiva, destinadas a los grupos sociales más vulnerables. Por ejemplo el cupo laboral en el Estado para personas discapacitadas, dispuesto hace 40 años, en 1981, por la Ley 22.431.

Es importante aclararle a Massoni que el cupo laboral travesti-trans que él critica es un paso, pero insuficiente para reparar la violencia y exclusión social estructural por las cuales hemos tenido y aún tenemos que atravesar. Por eso exigimos leyes inclusivas de carácter integral y que además se cumplan las que hemos conquistado. Entre ellas la Ley 27.499 Micaela García, que obliga a capacitar en materia de género a tode funcionarie en los tres poderes del Estado. Pero a Massoni no lo arregla ningún curso: es facho por naturaleza.

Sergio Berni y Federico Massoni

Ministro-policía y dinosaurio

La comunidad travesti-trans necesita un acompañamiento con políticas transversales y con presupuesto suficiente que permitan dar respuestas a las necesidades. Si no, es puro relato, como nos tiene acostumbrades el gobierno. Queremos acceso y permanencia en la educación pública, la real implementación de la ESI con perspectiva de género y diversidad. Queremos acceso a una vivienda digna, a la salud, al arte y la recreación. Queremos que nos devuelvan las vidas.

Este cana de corazón, ¿sabrá que el colectivo travesti-trans es uno de los más vulnerados? ¿Sabrá que la heterosexualidad como régimen político ha construido todo: las leyes, las instituciones, los simbolismos y no puede dejar de construir heterosexualidad obligatoria, y no puede advertir o no tiene ganas de advertir que hay otras posibilidades de vivir? ¿Sabrá que nuestra población tiene una expectativa de vida entre 35 y 40 años por el solo hecho de expresar nuestras identidades? ¿Sabrá que queremos infancias libres, en donde todes puedan ser lo que quieran ser y no sientan vergüenza por serlo?
Más que darle una lavada de cara a la policía con “direcciones de género”, hay que preguntarse qué función cumple esa fuerza bajo este sistema político democrático-burgués. ¿En qué medida garantizan una verdadera seguridad pública? ¿Por qué no pensar otro modelo de seguridad alternativo?

La policía y los demás cuerpos de “seguridad” no están al servicio de la sociedad: cuidan la propiedad privada de los medios de producción y los intereses de la clase dominante. Son el brazo represor del Estado en pos de garantizar “el orden” que implica sostener los privilegios y el dominio de la burguesía en este capitalismo despiadado. La policía siempre está para reprimir y aplacar las protestas, marchas y desobediencia civil contra el ajuste, la desidia estatal y la vulneración de derechos, pero nunca para velar por el resguardo de las mayorías.

¿Dónde están la policía y el Estado cuando las corporaciones destruyen grandes áreas naturales y ecosistemas? ¿Dónde están, cuando los políticos y empresarios lavan enormes cantidades de dinero o abusan de su poder? ¿Dónde está la justicia para las víctimas, cuando uno de cada cinco femicidios y travesticidios los comete un policía, gendarme o prefecto o milico? ¿O acaso la cana no persigue a las trans, coimean a dos manos y son culpables del gatillo fácil a un promedio de uno por día?
No es un problema individual, sino institucional. No hay “policías buenos” por muy buena persona que seas, porque ser policía implica aplicar violencia contra la protesta social, implica sostener a palos este orden injusto que nos ubica a las mayorías en la pobreza, explotación, opresión y violencia. Por eso nada de cambiarle la fachada: hay que disolverla y hacer un nuevo cuerpo de seguridad comunitaria, preventiva y bajo control social. Ahí sí que no tendrían cabida los Massoni.

Keili González

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