Cerámicas Lozadur. Historia de lucha y represión

Cerámicas Lozadur era una empresa ceramista líder a nivel nacional e internacional, asentada desde hacía varias décadas en Villa Adelina, zona norte del Gran Buenos Aires. Lozadur proveía de vajilla de loza y porcelana a todo nuestro país y a países vecinos. Sin embargo, su infraestructura y maquinaria eran obsoletas por lo que su productividad se basaba en numerosa mano de obra (alrededor de 1.000 trabajadores, en su mayoría mujeres), bajos salarios –equivalentes a gremios ladrilleros y mosaístas- y fundamentalmente, el trabajo a destajo.

El 30 de octubre fue el día del trabajador ceramista. Ese día homenajeamos a los trabajadores ceramistas en general y a los obreros de Lozadur en particular, secuestrados y desaparecidos por la dictadura militar. Pasaron varias semanas desde ese día, pero el recuerdo y el compromiso a esos compañeros y compañeras, a su lucha y a su compromiso están más presente y más vigente que nunca.

Yo trabajé como obrero en esa fábrica desde principios de 1974 hasta el año 1976.  Compartía diariamente la sección Loza en la que trabajaban las compañeras Dominga y Felicidad Abadía Crespo, Sofía Cardozo y por la que pasaba siempre Elba Puente. Con Diego Villanueva compartíamos además del trabajo, los clásicos partidos de fútbol del equipo de la fábrica; por lo que el sentimiento de indignación y dolor por su secuestro y desaparición permanecen en el tiempo. Por eso escribo esto, porque siento que no basta con una flor o un responso y que hoy la mejor forma de homenajearlos es encontrar respuestas, es reflexionar y debatir sobre las circunstancias políticas y sociales que provocaron su desaparición y continuar luchando por un país distinto, para que su sacrificio no sea en vano.

Años setenta: rebeldía y politización      

En los años setenta irrumpe con fuerza en el país una oleada de obreros jóvenes imbuidos del entusiasmo, la rebeldía y la politización que originó un gran ascenso político mundial y nacional por el triunfo de la Revolución cubana, la derrota de Estados Unidos en Vietnam y fundamentalmente el Cordobazo, los diferentes azos de varias provincias y el surgimiento del clasismo. Esto sumado a la posibilidad del regreso de Perón, ya que había un sector muy grande de trabajadores y jóvenes que tenían expectativa que con el regreso de Perón las cosas cambiarían a favor del pueblo. En Lozadur y en muchas fábricas y lugares de trabajo del país, había llegado el momento de luchar por salarios y condiciones laborales y de echar a los burócratas de las comisiones internas y de los sindicatos.

Así, se multiplican las movilizaciones y luchas con tomas de fábrica dirigidas por la Juventud Trabajadora Peronista, vinculada a Montoneros, pero también con la participación de corrientes socialistas y clasistas como el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), Política Obrera y otras organizaciones.  Al calor de estas luchas se logra recuperar la filial de ceramistas de Villa Adelina y cae asesinado el primer obrero, Juan Carlos Baches, por un tiro de los matones de la burocracia sindical. Este episodio abre un período de luchas triunfantes por salarios y por mejores condiciones de trabajo.

El punto más alto de esta lucha se da en el año 1975 contra la política económica del peronismo en el poder, que pretendía imponer un pacto social congelando el salario. El llamado Rodrigazo– por el ministro de Economía del gobierno del PJ, Celestino Rodrigo- fue derrotado por los trabajadores organizados en coordinadoras fabriles de las cuales nosotros participamos activamente junto a delegados de La Hidrofila de Florida, de Del Carlo de Béccar, Astilleros Astarsa y otras. En estas paritarias, el convenio de los ceramistas elevó el salario a niveles históricos, equiparándolo al de gremios siempre mucho mejor pagos como el SMATA y la UOM.

El gobierno del PJ, la burocracia y la UCR contra los trabajadores

Como era de esperar, la burguesía argentina y su gobierno peronista no podían permitir lo que Balbín, máximo dirigente de la UCR denominaba la “guerrilla fabril”. Grupos parapoliciales creados por el Estado, como la Triple A y el Comando de Organización, comienzan a secuestrar y asesinar obreros, dirigentes e intelectuales. A manos de estos comandos muere el segundo obrero de Lozadur, Juan Pablo Lobos.

A fines del año 1975 y principios de 1976 era un secreto a voces que se avecinaba un golpe militar, lo que abre un período de discusiones entre la vanguardia sobre el carácter del inminente golpe de Estado. También se plantea entre la militancia política la conveniencia de adoptar medidas de seguridad y se propone desde algunos sectores, abandonar la fábrica para preservar la vida e integridad física de delegados y activistas. Las discusiones no fueron fáciles y dejaban al descubierto las profundas diferencias políticas y metodológicas entre las corrientes políticas, a tal punto que el Partido Comunista llegó a considerar a Videla como un militar democrático y planteó la consigna de Frente Cívico Militar de amplia coalición democrática. Por otro lado, los Montoneros y el ERP confiaban en el triunfo de la lucha guerrillera de una vanguardia, sustituyendo la acción masiva de los trabajadores.

Hoy todavía nos debemos un balance de esa etapa tan rica en fenómenos políticos. Esta fecha y otras, debieran ser una oportunidad para reflexionar y debatir sobre una estrategia anticapitalista, antiburocrática y socialista para los trabajadores y construir herramientas políticas priorizando la unidad de la izquierda con un programa anticapitalista y conviviendo con matices y diferencias.

Las compañeras y compañeros asesinados y desaparecidos de Lozadur estarán siempre en nuestro recuerdo, en nuestra memoria y en nuestras luchas. Los asesinaron y los desaparecieron para intentar callar sus voces y sus propuestas. Pasaron más de 40 años y les decimos con claridad: ¡fracasaron!  Sus voces, sus luchas, sus pensamientos y sus ideales, por los que ellas y ellos dieron su vida, son la bandera que miles y miles de jóvenes, mujeres y trabajadores seguimos levantando y las llevaremos con nosotros hasta la victoria definitiva sobre el capitalismo.

Silvio León, ex obrero de Lozadur

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