sábado, 1 octubre 2022 - 01:21

Centenario de YPF. Alberto y Cristina, en son de paz, “apuntaron” contra la deuda externa

Hace unos minutos terminó el acto por el centenario de YPF que luego de tres meses congregó a Alberto Fernández con Cristina Fernández. Después de tantos comentarios cruzados entre ellos mismos o emitidos por funcionarios que responden a sus respectivos liderazgos, el presidente y la vice se mostraron juntos en Tecnópolis. El cinismo fue el sello que dio como resultado la paz en la coalición, ya que el dueto ejecutivo apuntó contra la deuda externa que pagan religiosamente al Fondo, otros organismos de crédito y los fondos de especulación. También hubo tiempo para hacer gala del extractivismo feroz que lleva como marca el nuevo “progresismo”.

Una interna como farsa

Lo que desde este medio veníamos denunciando se comprobó en los hechos. Toda la parafernalia internista hoy fue contrastada por una imagen de paz que denota una reducción de decibeles en la crítica discursiva del kirchnerismo hacia Alberto. Apuntando a 2023, la ex presidenta redujo todo lo sucedido a la siguiente frase: “Salvo en los cementerios, siempre hay tensiones”. Una frase que contiene una verdad relativa, insistiendo con la idea anterior, las tensiones sólo fueron de carácter discursivo porque en los hechos su espacio facilitó el nuevo endeudamiento con el FMI y los recurrentes tarifazos, síntesis de la política que conjuga ajuste y una espiral inflacionaria alentada por el presidente y su ministro de Economía.

El horizonte de las elecciones, para no seguir degradando la imagen presidencial que ya bastante deteriorada está, debido al presente económico de los trabajadores y la mayorías populares hace que Cristina se muestre al lado de quien ella eligió para encabezar el proyecto del Frente de Todos.

Con esta imagen, el presidente y seguramente Guzmán avanzarán más de lo que ya venían haciendo para cumplir con el Fondo. Por ejemplo, este mismo día, Manzur confirmó un aumento en los boletos urbanos del transporte en Buenos Aires. La confluencia mostrada en el centenario de Tecnópolis seguramente sea una muestra de que los mandatos de autoridad exigidos por el cogobierno con el organismo de crédito se cumplirán sin impedimentos.

Otra farsa: la campaña del gobierno

Otra de las frases resonantes de Cristina, fue la siguiente: “Gobernar es administrar tensiones en favor de las grandes mayorías” . Algo que según sus propias palabras el kirchnerismo lo hizo durante 12 años de gobierno cuando encontró “la forma de desendeudar a la Argentina”. Acto seguido, en su turno, Alberto remató: “Gobernar sin endeudarse es un acto de responsabilidad». Todas frases descabelladas y cargadas de un cinismo que insulta la inteligencia de cualquier trabajador o militante que reivindique un gobierno para las grandes mayorías. El kirchnerismo en sus 12 años de gobierno no redujo el caudal de deuda aunque no haya adquirido niveles monumentales como sí lo hizo el gobierno de Macri. Vale hacer el ejercicio de revisar las cuentas en el año que Néstor asumió la presidencia y Cristina culmina su mandato para que ese argumento se caiga con una simple cuenta. Además, el desendeudamiento que tanto propagandizan es lo que alguna vez hizo que se autodefina como “pagadora serial”. Lejos de “administar las tensiones a favor de las grandes mayorías”, su gobierno engrosó en niveles monumentales los bolsillos del Fondo y también de los buitres. Son argumentos que tratan de revivir la imagen de un pasado que no fue, para que el sufrimiento de la calamitosa realidad no golpee más fuerte aún en su base social.

De todas formas la hipocresía más inaudita es la del presidente al hacer la afirmación mencionada. Decir que endeudarse es un acto de irresponsabilidad es tratarse como tal a sí mismo y a su compañera de fórmula. Si bien Macri tomó la deuda con el FMI, ellos convalidaron la estafa con un nuevo acuerdo. No sólo son “irresponsables”, sino que también les cabe el título de cómplices de una estafa. El nuevo acuerdo con el Fondo fue la legalización de uno de los ilícitos más grandes de la historia en materia financiera: el dinero se fugó casi en su totalidad, los funcionarios del gobierno y del organismo lo reconocieron y, sin embargo, a pesar de su carácter de deuda odiosa la misma se está pagando a costa de atentar los ingresos de las mayorías.

YPF, bandera del extractivismo

Este nuevo aniversario de YPF, también sirvió a modo de campaña para hablar de una empresa soberana que no es. Su “nacionalización” se dio en los marcos de un negocio capitalista, admitiendo que el 49% de sus acciones quede en manos de privados cuando hablamos de un resorte clave para el Estado. Una muestra de lo condicionada que está la empresa por los intereses del sector privado se vio en el acuerdo secreto firmado con Chevron en el año 2013.

Además, como mencionaron los funcionarios, la bandera de YPF se volvió la bandera de un progresismo extractivista sin bozal. Para ser más específicos las palabras del presidente fueron: «Me hablaron de la energía, todos conocen Vaca Muerta. Todos interesados en el hidrógeno verde argentino, todos me hablaban del litio». Demostrando las intenciones de profundizar un modelo de reprimarización de la economía en base de la expoliación de la naturaleza. Un modelo conectado con la necesidad de juntar divisas para pagarle todos los dólares que reclama el FMI.

Alberto también sentenció que “cuando un país se endeuda pierde libertad”. Lejos de los principios fundacionales de la YPF estatal, la de Mosconi, hoy es ofrecida como botín a las multinacionales de la energía. Esta política sigue profundizando la dependencia de la Argentina. Lejos está de ser un país soberano y las muestras de avanzar con el saqueo a nuestro ambiente es una muestra de ello. El rumbo confirmado por el gobierno es una nueva alarma que avizora nuevos y más enfrentamientos contra el pueblo trabajador.

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