jueves, 29 septiembre 2022 - 02:54

Caso Villa. Violencia de género e hipocresía futbolística

La denuncia presentada contra el jugador de Boca Juniors, Sebastián Villa, por parte de su ex pareja, es una interpelación a los sectores que integran ese gran andamiaje que se nutre del fútbol. Y esto, porque evidencia la falta de formación de dirigentes y periodistas, nacidos y criados bajo la cultura del aguante, el machismo tribunero y una lógica en la que la violencia es parte indisoluble de la trama futbolera, siempre al servicio de los grandes intereses económicos que se mueven detrás de “la pasión de multitudes”. 

Aunque esa trama pareciera diluida desde que los medios se vienen ocupando del tema de la violencia de género, algunos términos y abordajes existentes dan cuenta que las viejas lógicas siguen pesando en el presente. El caso Villa, como lo denominó el único diario deportivo del país, tiene una potencia amplificadora porque se trata de Boca, se trata del equipo campeón, y se trata de una de las figuras de ese equipo. 

De negociados y complicidades

Esta denuncia puede ser una oportunidad: nos permite sentar un precedente. Podría ser el punto de inicio para dejar de hacernos los distraídos, para saber cómo actuar, para no dudar ante otras situaciones de violencia que se darán en el futuro. Pero no. La sociedad del fútbol se resiste, con la complicidad alarmante por parte de la mayoría de los medios periodísticos y especialmente con la de algunos cronistas que hacen primar su relación con el poder de los clubes, y que no quieren perder la posibilidad que las figuras sigan dándoles nota o pasándoles información en exclusiva.

Nos preguntamos: ¿cómo puede ser que en estos días la casi totalidad de los programas deportivos televisados hayan hecho girar la información sobre un caso de violencia de género alrededor de si Villa hizo tres goles en un entrenamiento? ¿Cómo puede ser que lo importante gire en torno a establecer si el técnico Russo lo considera indispensable para ganar la copa? Si tuviéramos que marcar el punto máximo de esta fanfarria hipócrita, tendríamos que señalar las declaraciones realizadas por el integrante del Consejo de Fútbol, Marcelo Delgado: «A todos nos ha pasado alguna vez este tipo de cosas. Hay que actuar con tranquilidad. Villa está muy feliz, entrenando alegre«, declaraciones festejadas y acompañadas por un silencio, como mínimo cómplice, de la afamada mesa de periodistas del programa 90 minutos

Los tiempos cambian. Los periodistas deberían ser causa y resultado de esos cambios: lo que antes era un símbolo de virilidad, hoy debería ser una vergüenza. Sin embargo, la mayor parte del periodismo deportivo subestima su propio rol. No logra evaluar, por ignorancia absoluta o por una vergonzante complicidad, que sus opiniones tienen influencia sobre millones de personas, que tienen una responsabilidad social muy grande. Desinformar tiene consecuencias. Difundir ideas falsas como que «el caso Villa se va a resolver en los próximos días, se llegará a un arreglo«, con el mismo entusiasmo con que festejan los chistes del Bambino Veira, condenado por violación o las ocurrencias machistas y vergonzosas de Coppola y del Coco Basile, supuestamente vende; pero ¿a costa de qué? Eso parece no importarles demasiado a los grandes medios y sus comunicadores no siempre tan bien pagos.

Entre argumentos y encubrimientos

Veamos algunos de los supuestos “argumentos” para apañar a Villa:

  • La víctima pide dejen trabajar a su ex pareja” (recordemos que el defensor de la víctima es el inefable abogado Burlando, también defensor de Juan Darthés), esa posibilidad de “acuerdo” motivado en cualquier razón, incluso las económicas, no borra los hechos. La víctima puede “perdonar”, pero Villa sigue siendo un peligro para otras mujeres.
  • Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario”, esta generalidad pretende encubrir a Villa. La única posibilidad de que el futbolista sea inocente, podría darse en el caso que su ex pareja se desdiga de todo lo dicho hasta ahora, se autoinculpe por haber mentido, y que la Justicia demuestre que tal retractación no es producto de otra ofensiva sobre la víctima, con lo cual quedaría expuesta por falso testimonio.
  • ·         “Boca no puede impedirle trabajar”, esto, más allá de ser una mentira que los periodistas deportivos verifican a diario (un plantel tiene entre 30 y 35 jugadores. Hasta lo que sabemos, el fútbol se juega con 11 más suplentes, por lo que semana a semana habría al menos 10 jugadores a los que los equipos de fútbol le impedirían trabajar), el club puede pagarle el sueldo hasta que el caso se resuelva o Villa quede libre. Cuando se trata de violencia de género, los hechos se producen en general en el ámbito privado. En más del 90% de los casos las denuncias resultan verdaderas, y la condena social a los violentos es un factor importante: el periodista Ari Paluch, fue despedido de la radio en la que trabajaba; el diputado del PJ Alperovich fue separado de la Cámara de Senadores como forma de condena social aun no habiendo sanción de la Justicia. Internacionalmente hay muchos ejemplos también, entre los más reconocidos, lo sucedido con el actor Kevin Spacey en Estados Unidos.
  • Boca no puede perder su patrimonio”, argumento esgrimido, entre otros, por Daniel Angelici, hombre de Macri, lobbista en la Justicia y empresario del juego ¿Qué es el patrimonio de un club? ¿Solo los millones y la fama? ¿Acaso no escuchamos a los dirigentes hablar de la función social de los clubes? ¿No sería un ejemplo fabuloso que una institución como Boca tome la decisión de separar a Villa y que un jugador como él no represente más a un club cuyos valores éticos deberían ser los mismos que aquellos con los que se fundaron miles de clubes sociales en Argentina?

A pesar de esto, se trata de negar esa realidad. Se pretende discutir acerca de las virtudes futbolísticas de Villa y se sostiene que “sin él Boca no sale campeón” ¿Nadie siente vergüenza cuando afirma semejante cosa? Aunque Boca perdiera campeonatos, descendiera y dejara, supuestamente, algunos millones de dólares en el camino, ¿eso justificaría que Villa siga representando a la institución más popular de Argentina? ¿Acaso la actitud contraria a la que está tomando Boca, no sería un ejemplo contundente para el conjunto de la sociedad? ¿Realmente importa que Villa haga diez, cien o mil goles? Actuar con firmeza en este caso también sería operar sobre la realidad. Sería visibilizar la tragedia que sufren las mujeres en todo el territorio argentino:  en lo que va del año 2020, hubo al menos 300 femicidios en el país.

Otras «perlas» de la hipocresía

Las notas que se publicaron sobre la vida de Daniela Cortés, la novia de Villa, fueron ilustradas en su mayoría con imágenes de ella posando de manera sensual. Como siempre, los medios alimentan el prejuicio patriarcal acerca del cuerpo de las mujeres, desviando conscientemente el eje en discusión.

Otro punto: el descargo de Villa tiene más valor noticioso que la denuncia en sí, algo que también reproduce las asimetrías de poder.

Por otro lado, se consulta a Marcelo Delgado y no a especialistas en violencia de género, ni se le da participación al colectivo de mujeres, las potenciales víctimas de otros Villa menos famosos y sin dinero. 

Una cultura del deporte diferente

Todo este caso nos plantea una necesidad urgente, que quizás esta situación ayude a motorizar: la necesidad de formación en perspectiva de género también en el ámbito deportivo. Que especialistas formen a directivos, concienticen a futbolistas y los clubes elaboren protocolos ante situaciones de violencia. Un protocolo que vaya desde Villa hasta el canchero que corta el césped de la Bombonera. Y también que los periodistas deportivos formen parte de un plan de formación sobre violencia de género.

Esta situación que se hace tan visible a partir de que sucede en Boca, también ha sucedido en otros clubes. En Racing cuando a Jonathan Cristaldo lo denunció su expareja por haberla agredido físicamente, el club no supo cómo reaccionar. Licenció al jugador durante cinco días, pero a la semana ya estaba concentrado y volvió a jugar; irónicamente lo hizo el último 8 de marzo, día internacional de la mujer, en un partido contra Estudiantes de La Plata. Casi como si nada hubiera pasado. En un sector de la dirigencia quedó cierto resquemor, y menos de un mes después, Racing suscribió al Protocolo contra la violencia de género impulsado por la Organización de Naciones Unidas (ONU). Más oportunismo que convicción.

Socias de otros clubes como Vélez, Huracán e Independiente han tomado ya iniciativas para prever y definir cómo actuar frente a casos similares En las denuncias a Villa o a Cristaldo, hay un factor que resulta determinante: el dinero. El dinero, cuando es mucho, pesa más que las conciencias. Esa premisa genera que los futbolistas denunciados tengan una sanción superficial, casi publicitaria. Los clubes lavan sus culpas de ese modo. Y luego intentan venderlos o prestarlos para disipar tensiones. Rescindirles el contrato sería resignar los millones de dólares que vale su pase. Una afrenta para el show, que ya sabemos: siempre debe continuar.

Por eso nos animamos a decir que cada gol de Villa será un golpe a las mujeres, y llamamos a todos los colectivos feministas y a los periodistas deportivos a participar activamente de este debate para impedir, una vez más, que el árbol tape el bosque y que se concrete una nueva afrenta a la pelea que millones de mujeres dan día a día para condenar la violencia machista.

Adalberto González

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