lunes, 17 junio 2024 - 04:24

Aniversario. Cien años con Piazzolla

Escribe: Orlando Restivo

Directivo de CICOP y escritor

El nombre de Piazzolla hoy es reconocido en los cinco continentes y su música es embajadora de la cultura argentina y rioplatense. El legado que dejó es enorme. Su obra parece inacabable aun casi tres décadas después de su muerte. El tango evolucionó por más de un siglo, él condensó mejor que nadie esa evolución. Aquí se desarrolla una sinopsis de su obra y su vida.

Síntesis de una obra inmensa

Podemos definir la obra de Piazzolla mediante tres componentes históricos. El clasicismo —su paso por la orquesta de Troilo y la orquesta del 46—, la transición —su etapa proto-sinfónica y sus experiencias en París y Nueva York—, y la revolución tanguera o piazzolliana que en realidad son dos: una nacional y otra internacional.

Estos componentes históricos son partes de un continuo de evolución musical atravesado por una sucesión de transformaciones que son superaciones que Piazzolla hace de su propia música, que motivaron lo que denominó “la teoría de la metamorfosis”. En este artículo explico sucintamente estos componentes y la teoría.

El clasicismo

En 1940, con 19 años, Piazzolla ingresa a la segunda fila de bandoneones de la orquesta de Anibal Troilo, “Pichuco”. Aunque ese fue su inicio profesional estable (tuvo experiencias previas inestables en varias orquestas de menor envergadura entre 1938 y 1940) no significa que no fuera un hecho trascendental. La orquesta de Pichuco no era una más: era la más célebre y exitosa orquesta típica del momento. La excelencia interpretativa de Astor lo coloca rápidamente en la primera fila y en el puesto de primer bandoneón. Pero no solo era intérprete. En esta orquesta realizó varios arreglos musicales que le valieron reconocimiento y también la aplicación de la censura de Troilo por lo atrevido y audaz de sus variaciones y arreglos. Pichuco le pasaba “la goma de borrar” a la partituras que Astor arreglaba. Es que ya se perfilaba un músico con mucha audacia y espíritu revolucionario, lo que para el tango bailable —que daba muy buenos dividendos— no era conveniente.

Piazzolla y su bandoneón: un dúo inseparable.

El sistema de arreglos de Piazzolla tenía ya una particularidad: en ellos se podía escuchar en germen toda la música posterior del bandoneonista. La orquesta que dirigió en 1946 fue un avance en tal sentido. En temas como Quejas de bandoneón (J.D. Filiberto), Chiclana, Orgullo criollo (De Caro), Taconeando (Pedro Maffia) reinterpreta tangos de autores ya consagrados y les imprime un sello particular con variaciones excelsas que, aunque sean interpretaciones, tienen valor como formadoras de un estilo propio muy radical. Pero aquí surgen sus primeros temas muy troileanos y muy decareanos: El desbande, Se armó, Pigmalión, Villeguita y Solo se quiere una vez. La orquesta brilló hasta 1950 pero se disolvió porque no era “rentable” para las discográficas.

La transición

Desencantado por el fracaso discográfico de su orquesta (aunque tuvo muy buena recepción en clubes y salones de baile), Piazzolla abandonó temporalmente el tango y guardó en el ropero su viejo bandoneón. En 1951 se dedicó a estudiar música y piano con Spivak (ya había estudiado teoría y arreglos con Ginastera) y a componer piezas proto-sinfónicas con las que intentó lanzarse a la música clásica. Era audaz y profundamente estudioso, a la vez que tenía una enorme capacidad de trabajo y dedicación. Su talento lo favorecía. Compuso algunas obras pretendidamente sinfónicas, entre ellas Sinfonietta y Buenos Aires, tres movimientos, con la que ganó el concurso Febien Zevitsky en la Facultad de Derecho en 1953. Dicho concurso lo habilitaba a estudiar música con Nadia Boulanger, la músico-pedagoga más célebre de Francia en aquel momento y tener estadía paga en París por un año. El famoso “episodio Boulanger” en 1954, como lo denominan los biógrafos de Piazzolla, es el encuentro entre una maestra con una enorme intuición musical y gran conocimiento técnico y un genial músico que no encontraba el rumbo. Nadia lo ayudó a descubrir “su música” y así nació el nuevo creador de tango, el hacedor del tango moderno.

La música transicional de Piazzolla tiene dos partes: la orquesta de cuerdas de la Ópera de París y el Octeto Buenos Aires (y la orquesta de cuerdas en Buenos Aires). Con excelentes músicos parisinos de máxima jerarquía, junto a Lalo Schiffrin primero y Martial Solal después, grabó 12 temas en 1955, todos de su autoría; que muestran no solo un alto nivel técnico sino un refinamiento melódico que no había tenido con la orquesta del 46. Temas como Tzigane Tango, Sens Unique, Bando y Nonino (base de Adiós Nonino) muestran que se trata de una música superadora respecto de la anterior.

Piazzolla ya no compondrá más en 2×4 y 4×8 y lo hará mayoritariamente en 3/3/2, un compás irregular de mayor acentuación rítmica. Pero el uso del piano al estilo francés le da a estos temas parisinos un sabor especial.

A fines del 55 regresa a Argentina y forma el Octeto Buenos Aires con músicos de la categoría de Leopoldo Federico (bandoneón), Enrique Mario Francini (violín – quien tuvo una orquesta a dúo con Armando Pontier), Horacio Malvicino (guitarra eléctrica), Atlio Stampone (piano), Hugo Baralis (violín), José Bragato (violonchelo), Juan Vasallo (contrabajo).

He denominado a esta etapa de la música piazzolliana la etapa pre-revolucionaria —en abierta discordancia con la mayoría de los historiadores de Piazzolla— porque en este período aunque sus temas tienen enormes variaciones y cambios rítmicos y melódicos, todavía conservan buena parte de la estructura musical del tango decareano y troileano. El Octeto y la Orquesta de cuerdas se disolvieron en 1957. Como mencioné en otra ocasión “la civilización musical piazzolliana surge de este primitivo Piazzolla de fines de los 50 pero a la vez tan diferente del de los 40. A su vez esta ‘civilización’ piazzolliana tendrá una historia de saltos y transformaciones que harán tan imposible encajar como iguales a Pigmalión con Libertango, a Lo que vendrá con Oblivion y sin embargo son el mismo músico, el mismo intérprete, el mismo autor1.

Las revoluciones piazzollianas

Faltaba el broche de oro para inaugurar el universo Piazzolla, ese que admiramos, que dio magníficas y clásicas obras como Libertango, Fuga y Misterio, Primavera y Verano porteño, etc. Faltaba la verdadera revolución. Un cambio tan radical y profundo que ya nadie puede confundir el tango de Piazzolla con el tango en general, la música de Piazzolla que es tango y no es al mismo tiempo con la estructura global del tango. Por eso es único e irrepetible, la vanguardia indiscutible de la música ciudadana y su sello distintivo.

El segundo quinteto Nuevo Tango en 1984

Tras la frustrada experiencia de fusión tango-jazz entre 1958 y 1960 durante su estadía en Nueva York, se produce un hecho que no por fortuito deja de ser trascendental.

En octubre de 1959 viviendo en Nueva York y estando de gira por Puerto Rico, el mismo día que debía dar su concierto allí, recibe la noticia del fallecimiento de su padre, e inspirado en el dolor transforma radicalmente el tema Nonino que compuso en 1955 en París por Adiós Nonino y con él que da inicio, como un big-bang de arte, a la explosión definitiva de su universo musical. Adiós Nonino (con sus 20 versiones ejecutadas por Astor y más de 200 en el mundo) es tan diferente a todos los demás tangos que representa justamente el inicio de una nueva era del tango: la era del tango moderno.

Pero Piazzolla iba a subvertir su propia transformación tan despiadadamente como transformó el tango troileano. Así habría dos revoluciones, la “nacional” entre 1960 y 1970 y la “internacional” entre 1974 y 1982 aproximadamente.

La revolución nacional comienza con el Quinteto Nuevo Tango, su formación por excelencia que contó con brillantes músicos de formación clásica y jazzística. Con el Quinteto despliega todo su arsenal de herramientas y técnicas y convierte ese tango canyengue que perduraba indefinidamente en un tango contemporáneo cuyos sonidos, su estética y su poesía ya no hablaban del arrabal, el farolito, el empedrado, los patios con malvones y geranios, las chatas y los malevos sino que hablaba (aun siendo instrumentales) de asfalto, edificios enormes y torres, semáforos, subtes y autopistas, de autos super-sports, de fábricas; pero también de miseria urbana, de pobreza y de la locura cotidiana. Su lenguaje ya no era la melodía arrabalera y el ritmo danzarín del 2×4, ese de la égida de D’Arienzo y De Angelis, sino la pasión y el estremecimiento de luchar contra la alienación de la orbe. Claro que aquel tango que enamoraba a los que pintaban canas en los 60 alejaba a los jóvenes que se inclinaban al rock y al pop e hizo entrar a este en una crisis que duró casi 30 años (1955-1983).

De esta época son las más grandes composiciones porteñas de Astor: Fuga y Misterio, Contramilonga a la Funerala, Decarisimo, Revirado, Simple, Éxtasis, Tango para una ciudad I y II, Buenos Aires Hora Cero, las suites del Ángel y del Diablo (8 temas), Las cuatro estaciones porteñas (verano, otoño, primavera e invierno en orden de aparición), fugata, allegro tangabile, la suite pulsación 1, 2, 3 y 5, Homenaje a Córdoba, Flaco Aroldi, etc. Y también de esta época resultó esa mágica conjunción con las letras de Borges y la voz de Edmundo Rivero en el disco El tango (1965). En 1968 realiza su primera obra con el poeta Horacio Ferrer —la operita María de Buenos Aires— y reinventa el tango-canción cuyo cenit logra en 1969 con Balada para un loco, Chiquilín de Bachín y Balada para mi muerte entre otras interpretadas por la cantante Amelita Baltar.

La formación del Quinteto incluía a Jaime Gosis, Simon Bajour, Oscar López Ruiz y Kicho Díaz alternados con Elvino Vardaro, Antonio Agri, Osvaldo Manzi, Dante Amicarelli y Cacho Tirao. De esta época es también el fabuloso Noneto que estuvo en el Colón en 1972 junto a Troilo, Salgán, Sassone. Con este conjunto también conocido como Conjunto 9 grabó dos discos exitosos: Música popular contemporánea de la ciudad de Bs As I y II que incluye Tristezas de un doble A, Oda para un hippie y  Vardarito.

Reunión Cumbre con Gerry Mulligan.
La revolución internacional llegará con su voluntario exilio europeo entre 1973-74 y 1979. Allí inicia en Roma la exportación del tango a otras latitudes y la incorporación de lo máximo de la modernidad. Por eso su sonido se hace electrónico rechazando radical y casi violentamente todo atavismo y porteñísimo acérrimo. El ritmo de sus temas se hace más rápido y a la visión del Buenos Aires contemporáneo y cosmopolita se agrega la conexión con el mundo, centralmente con Europa, Estados Unidos y Brasil, aunque sus influencias fueron y vinieron por los cinco continentes. En esta época armó el Octeto electrónico en 1975. Pero el disco insignia de esta revolución es indiscutiblemente Libertango. De estos años surgen los discos de fusión jazz: Reunión Cumbre con Gerry Mulligan, célebre saxofonista norteamericano, los temas de los filmes Lumiere (1975) y Armagedon (1977) y la Suite Troileana —compuesta en homenaje a Pichuco, fallecido en mayo de 1975—, Llueve sobre Santiago o La muralla china (1975), Persecuta (1977) y un disco muy criticado, Mundial 78, tanto por su hechura musical rara como por su relación con el siniestro mundial orquestado por la dictadura militar. Esta época es prolífica y bien distinta de los años 60 porque muta sus formas a una fuerte impronta jazz-rock.

El sinfonismo piazzolliano y el teatro Colón

En 1979 Piazzolla abandona la hegemonía jazz-rock de los 70 y vuelve al Quinteto de cuerdas. Su segunda versión del quinteto vino con cambios estructurales que se expresaron en cierto regreso al “nacionalismo” como en el álbum Biyuya (1979) y en la música de las películas La intrusa (Brasil 1980), Cuarteles de invierno (1981), El infierno tan temido (1981) y Volver (1982) la música de estos filmes ya no trata de simples bandas de sonido sino de todo una acontecimiento musical en donde el tango se vuelve a encaramar pero en un plano muy distinto. Sin embargo lo esencial de estos años fue la transición hacia una nueva revolución sinfónica de su obra que se demoró lo suficiente, para quedarse en la plataforma de lanzamiento debido a su muerte. En 1982 estrena en Caracas la Suite Punta del Este e inaugura su última etapa con fuertes elementos sinfónicos y de música clásica. También se consagra el mítico recital con el Polaco Goyeneche.

Ya caída la dictadura, Piazzolla recibe en vida el mejor homenaje que podría recibir un músico: tocar solo con su noneto en el Teatro Colón. En julio de 1983 se celebra el evento y este acontecimiento quedaría sellado históricamente.

En 1984 graba su álbum Oblivionpara el film Enrico IV de Marco Bellochio. Oblivion es una suite en el que la melodía y el sinfonismo alejan el bandoneón del tango pero no totalmente.

Según Julio Nudler, Piazzolla compuso estas obras clásicas: Suite para cuerdas y arpa (1943), Rapsodia porteña (1948), Suite para oboe y cuerdas (1950), Contemplación y danza (1950), Buenos Aires tres movimientos sinfónicos (1953), Tango dramático (para trece instrumentos) (1953), Sinfonietta (para orquesta de 1953), Serie de tangos sinfónicos (1963), Tangazo (1969), Tango 6 (1972), Milonga en Re (1972), Concierto de Nácar para nueve tanguistas y orquesta (1972), Concierto para bandoneón (1979), Tres tangos sinfónicos (1980), Suite del Este (1980), Le Grand Tango para chelo y piano (1982), Five Tango Sensations para bandoneón y cuarteto de cuerdas (1983), Historia del tango, para flauta y guitarra (1985), Tango Suite para dos guitarras (1985), Tres preludios para piano (1987), Seis estudios tanguísticos para flauta sola (1987), Four for tango para cuarteto de cuerdas (1988).

Mucho más se podría decir de la última década de Piazzolla hasta 1990 cuando víctima del ACV su carrera quedó trunca. En ella hubo más fusión jazz con Gary Burton, tango en Nueva York con The rough dancer and the cyclical night. La majestuosa suite La Camorra I, II y III. Sus bandas de sonido para los filmes de Solanas —El exilio de Gardel y Sur—, etc. 

Con Osvaldo Pugliese en Amsterdam, 1990.

La eximia intérprete y compositora Anahí Carfi dijo respecto de esta época del maestro: (A Piazzolla) “lo considero un músico clásico no solo porque estudió con maestros como Alberto Ginastera y Nadia Boulanger sino también por la sensación que me provoca su lenguaje musical”. Sin dudas no se trata de un músico de tango que metió sinfonía en esa música ni de un músico de cámara que metió tango en las sinfonías; se trata del creador de un género musical nuevo: el tango moderno o neo-tango que se valió de tres materiales esenciales para crearlo; el tango decareano-troileano, el cool-jazz y la música clásica. Solo un genio podría hacer semejante cosa.

La teoría de la metamorfosis

Para terminar este artículo quiero decir que aunque parezca extenso, es una apretadísima síntesis de una obra tan vasta como compleja. Para conocerla a fondo recomiendo leer libros muy interesantes al respecto como: Memorias de Natalio Gorín, Astor de Diana Piazzolla, Piazzolla loco, loco, loco de Oscar López Ruiz, Piazzolla, el mal entendido de Fischerman, Piazzolla, la música límite de Carlos Kuri y esa enciclopedia del músico Astor Piazzolla, su vida y su obra de Susana Azzi. Y por supuesto para amarla de verdad se necesitan muchas, muchas horas para escuchar sus más de 1000 temas, 3000 partituras y más de 200 discos. Hay verdaderos “arqueólogos” piazzollianos que aún siguen buceando en su obra.

Pero si queremos representar en unas breves ideas esta complejidad necesitamos de una teoría que nos ayude. En mi obra Astor Piazzolla, la revolución del tango expresé esta “teoría de la metamorfosis”. Dicha teoría se refiere a una analogía con la transformación que muchos seres vivientes sufren en su evolución hasta llegar a su forma suprema. Tal el caso de las mariposas: desde la isoca hasta ese hermoso ser que extiende sus alas multicolores, la mariposa atraviesa seis etapas intermedias, cada una esencial para lograr ese resultado. Piazzolla, cual mariposa que extendió su música como alas multicolores, atravesó la historia del tango desde su origen troileano hasta el tango sinfónico abarcando en ellas estilos, formas musicales y estructuras de tango, jazz y clásica. La orquesta del 46, la de París, el Octeto Buenos Aires, la orquesta de cuerdas, el quinteto Nuevo Tango, el noneto o conjunto 9, el octeto electrónico, las orquestas filarmónicas y sinfónicas ad hoc y el sexteto fueron mucho más que agrupaciones musicales; fueron verdaderas formas muy distintas y subvertidas de música. El tango moderno es el resultado más concreto y más significativo de su obra.

100 años no es nada. El 11 de marzo de 1921 nació quien fuera más que un músico de tango o un bandoneonista, nació un clásico. Que hoy descansa en las vitrinas junto a Bach, Beethoven y Mozart; pero no descansa en paz, vuelve una y otra vez a despertar ese necesario espíritu revolucionario que tiene toda creación artística; nace una y otra vez su revolución y gracias a ella el tango no muere.

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