lunes, 22 abril 2024 - 21:54

Aniversario. A 37 años del fallecimiento de Nahuel Moreno

A solo 24 horas de esa enorme manifestación de fuerza de nuestra clase trabajadora, cuya postal en una plaza de Los dos Congresos desbordada recorrió todo el mundo, cuando las noticias globales nos muestran a un heroico pueblo palestino resistiendo el genocidio israelí o a los ferroviarios alemanes lanzando un paro de 6 días, recordamos a Nahuel Moreno.

Es parte de nuestra tradición recordar en esta fecha el legado de Nahuel Moreno, fundador de nuestra corriente de origen. Siempre lo hacemos sin culto a la personalidad, buscando en el marco del desarrollo de su trayectoria puntos de referencia principistas, apelando a un método autocritico. Ser trotskista, por contraposición a la concepción burocrática estalinista, siempre fue sinónimo de ser un rebelde, un revolucionario defensor de la democracia obrera y además para Moreno, también necesario que los militantes y cuadros aprendieran a pensar por sí mismos, para mejor aplicarl la línea general o ayudar a corregirla cuando fuere necesario.

Moreno nos enseñó a defender nuestros principios, nuestra teoría, programa y organización contra aquellos que tanto desde el exterior, como desde dentro de nuestras propias filas, intentaron encontrar atajos diluyendo nuestra organización revolucionaria independiente, en las filas y política de direcciones estalinistas, nacionalistas de izquierda u oportunistas exitosas en el momento y gracias a eso logró construir una fuerte organización mientras otras se destruían. Hizo esto y logró combinar esa actitud con estar abiertos a reconocer los nuevos fenómenos políticos, a entender que la política revolucionaria es lo contrario a pretender encasillar la realidad dentro de una caja dogmática, a la necesidad de estudiar la realidad y sus cambios rigurosamente, a adoptar las tácticas necesarias, por más audaces que aparezcan, para empalmar con los nuevos fenómenos de lucha y políticos que planteaba el movimiento de masas, con la obsesión de construir el partido en ellos.

Tres puntos de referencia

1) Construimos un partido de la clase obrera. Moreno nos enseñó e hizo carne en cada uno de nosotros que el trotskismo es sinónimo de clase trabajadora. Que la revolución que queremos llevar a cabo es imposible sin ella acaudillando el proceso. Por eso la plaza del 24 es nuestra plaza y nos emociona ser parte de ella.

Lo que parece una obviedad en estas fechas no lo fue durante muchas etapas de la construcción y la lucha de las corrientes revolucionarias. Post Segunda Guerra Mundial la traición del estalinismo a la revolución europea desplazó el curso de la revolución mundial a la periferia colonial. La revolución coreana, china, vietnamita, cubana tuvieron al campesinado como eje social del combate. En nuestro continente el guevarismo combinó la conquista de los corazones de una generación de revolucionarios y un genuino intento por extender la revolución, con el trágico error de ignorar a la clase obrera como clase central de la revolución y sustituir la construcción de un partido revolucionario de la clase por la voluntad revolucionaria del “hombre nuevo”, que en el intento de repetir automáticamente el modelo cubano llevó a trágicas experiencia vanguardistas derrotadas por una cruel represión.

Eso no le impidió a nuestra corriente participar de importantes movimientos de lucha protagonizadas por sectores populares de la población. Por eso Hugo Blanco, en ese entonces militante de nuestra corriente, fue el gran dirigente de la insurrección campesina del Cuzco de principios de la década del 60, convirtiéndose en su momento en el dirigente de masas más importante del trotskismo después del propio Trotsky. Por eso nuestra corriente internacional conocida en aquellos años como Fracción Bolchevique de la IV internacional, armó la Brigada Simón Bolívar, una columna internacionalista integrada por combatientes de varios países del continente, que ingresó a pelear con la insurrección sandinista para derribar a Somoza y fue parte de aquel enorme triunfo en 1979.

Esa obsesión por insertarse en la clase obrera, fue una constante en nuestra corriente. Lo fue desde esa primera decisión de un grupo de jóvenes agrupados en el GOM de abrirse de la vida de tertulias intelectuales del trotskismo nativo de la década del 40 para ir a vivir y trabajar a la barriada industrial de Villa Pobladora en Avellaneda, de participar en la resistencia obrera peronista a través de Palabra Obrera y llegar a dirigir o influenciar a cientos de los mejores activistas sindicales de aquellos años, de ser una parte importante del proceso de organización del clasismo obrero que dio origen al Cordobazo y que tuvo sus epicentros en el clasismo cordobés, los cordones industriales del Gran Buenos Aires y los metalúrgicos de Villa constitución.

Por eso también fuimos parte de la fundación del PT y la CUT en Brasil y también, en el análisis de nuestra revolución latinoamericana, Moreno planteó que la traición del Secretariado Unificado de la IV en Bolivia, que frente a una revolución obrera tremenda como fue la de 1952, se negó a levantar “Todo el poder a  la COB”, para llamar, en cambio, a apoyar críticamente al gobierno nacionalista burgués de Paz Estenssoro, impidió que triunfará allí la revolución socialista y se privó al trotskismo de la oportunidad de convertirse en una corriente de masas en el  continente.

En nuestro país, la crisis histórica del movimiento que durante décadas dirigió a nuestra clase obrera, el peronismo, coloca al orden del día la oportunidad para la izquierda revolucionaria de conquistar la dirección de sus luchas y organizaciones, y la posibilidad de ganar influencia de masas entre los trabajadores y dotarlos de una nueva dirección política. De allí la importancia de que el gigante dormido empiece a colocar sus enormes pies en la arena nacional y nuestro entusiasmo con ello.

2) No podemos construir un partido revolucionario en el plano nacional sin ser parte de una Internacional por más modesta que esta sea. Alguna vez se escribió que entrabamos en una época de “Crisis, guerras y revoluciones”. Cuando se cumplen dos años de la invasión imperial rusa a Ucrania, el genocidio sionista sobre Palestina amenaza en convertirse en un conflicto regional, y ni el inmenso poderío yanqui puede parar que un pueblo árabe muy pobre, los hutíes yemenitas los vuelvan locos bombardeando los navíos comerciales de las multis que atraviesan ese corredor estratégico que es el estrecho de Omán. ¡Y estos dos son solo parte de los casi 100 conflictos armados regionales que se desarrollan en el planeta!

Cuando el tiempo no parece alcanzar para recorrer la seguidilla de conflictos, crisis sociales y políticas que atraviesan los puntos más distantes del planeta, sale la noticia que los ferroviarios de Alemania, el país imperialista central de Europa, acaban de declarar una huelga de 6 días.

Volviendo a la resistencia Palestina, podemos decir que es una pelea que se da en el enfrentamiento armado en el terreno de Gaza y Cisjordania, en los cruces de bombardeos con la frontera libanesa, que el estrecho de Omán, pero también fundamentalmente en las calles de las metrópolis europeas, de Washington, de los países árabes y de tradición musulmana, en las movilizaciones en Latinoamérica. Un conflicto que nos recuerda, más allá de los límites de toda analogía histórica, al triunfo vietnamita en los ‘70, una combinación de la pelea en las trincheras del sudeste asiático con la movilizaciones de cientos de miles de la juventud norteamericana contra la guerra.

La pelea contra las potencias imperialistas es una sola, que une a la clase trabajadora con las clases y pueblos oprimidos del mundo. Esta enseñanza básica del marxismo fue gravemente atacada por las corrientes estalinistas y su teoría del socialismo en un solo país, por los nacionalistas progres (ni yanquis, ni marxistas, peronistas) y oportunistas de todo pelaje.

Pero también fue abandonada por corrientes trotskas o que podemos calificar de nacional trotskistas que, o no son parte de ninguna construcción internacional o en el mejor de los casos, construyen organizaciones que dependen de un partido madre e impiden empalmar con una enorme variedad de partidos y grupos revolucionarios que no tienen las mismas tradiciones, pero con los cuales se puede compartir un programa revolucionario común y una organización que agrupe lo más ampliamente posible en el camino de fortalecer una dirección común basada en el centralismo democrático.

Moreno siempre defendió la concepción de Trotsky de que la IV iba a ser una internacional de masas cuando los “trotskistas” seamos una minoría en ella. Apostaba a que la ruptura de los viejos aparatos mundiales iba a provocar una oportunidad que no se podía desaprovechar. Con este bagage y nuevas conclusiones a la luz de los cambios en la situación mundial, es el camino que hemos emprendido y del que somos parte con la formación de la LIS (Liga Internacional Socialista), confluyendo con sectores provenientes de diversas tradiciones y al cual dedicamos una parte cualitativa de nuestros esfuerzos.

3) Intervenir para construir el partido y la internacional. La época que le toco vivir a Moreno, comparada con la actual, fue mucho más difícil. Los aparatos con los que nos tocó disputar en aquellos años para ganar para el partido a la vanguardia eran muy superiores a los que hoy sobreviven, la mayoría en una grave crisis terminal. El peso internacional del estalinismo, luego del castrismo en Latino América, las corrientes nacionalistas burguesas como el peronismo en la Argentina, hacían que a veces captar compañeros era una tarea artesanal y tan paciente como “sacarle jugo a las piedras”.

Esas difíciles condiciones, que las crisis y revoluciones desactivaban en gran medida, eran en las que nuestros partidos y núcleos revolucionarios se movían. Sin embargo, el arte de construir una organización revolucionaria que nuestra corriente conservó y perfeccionó tomando las enseñanzas de Lenin, nos permitieron construir organizaciones sólidamente implantadas en la vanguardia obrera y popular. Nunca fue una tarea sencilla, el partido no es un aparato de relojería, como toda experiencia humana su construcción se hace por aproximaciones sucesivas y corrigiendo errores. Pero sin retroceder de la concepción de que hace falta una organización revolucionaria. Con Moreno hubo que combatir a los que como Mandel o Pablo, disolvían nuestras organizaciones en un “entrismo decenal” en corrientes estalinistas o nacionalista que irían a cumplir – y nunca cumplieron- un rol revolucionario primero y luego a los guerrilleristas que suplantaban al partido obrero por el centralismo del aparato armado.

Después de la caída del estalinismo, surgieron los que suplantaban la organización centralista democrática por un horizontalismo que termino siendo más burocrático y oportunismo que el que decían pretendían corregir. En los últimos años aparecieron en el seno del trotskismo europeo corrientes que, como el Secretariado Unificado, diluyeron la construcción de partidos revolucionarios, disolviendo sus estructuras en “partidos anticapitalistas” amplios, que terminaron en fracasos y retrocesos.

Con avances, crisis y rupturas, aprovechando con todas nuestras fuerzas las oportunidades políticas y de la lucha de clases que se producen en el país y en el mundo, los que integramos el MST en el FITU y somos parte de la construcción de la LIS, creemos que más que nunca ese legado de Moreno, que, siguiendo a Lenin, siguió firme en la necesidad de construir una herramienta revolucionaria. Un partido obrero e internacionalista, basado en el centralismo democrático, retomando las enseñanzas del Programa de Transición y la teoría de la Revolución Permanente.

Por eso no podemos cerrar esta nota sin recodar el canto de homenaje a nuestro maestro que entonan nuestros militantes: “Lo vamos a recordar, lo vamos a recordar, al compañero Moreno construyendo el partido y la internacional.”

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