miércoles, 19 junio 2024 - 16:46

Ajustador, privatista y mentiroso. Falleció Menem

Este domingo, a los 90 años de edad, falleció el ex presidente y actual senador del Frente de Todos, Carlos Saúl Menem. No pudo superar el grave cuadro de salud por el cual permaneció internado en Los Arcos desde el 15 de diciembre y falleció en las últimas horas.

Tres veces gobernador de la Rioja, diez años y dos mandatos presidenciales entre 1989 y 1999, senador nacional reelecto desde el 2005, Carlos Menem ha sido un actor protagónico de los tiempos modernos de la política argentina. A poco de ganar su segunda presidencia, pese a la importante oposición a su políticas y figura, se había hecho famosa la frase vergonzante “yo no lo voté”. Y la verdad que, siendo el autor de muchas de las políticas de las cuales los candidatos de turno prefieren despegarse, en una cínica actitud, muchos de los “progresistas” después de denostarlo correctamente, han compartido boleta con él cuando era presidente, y también cuando ya disminuido su poder político, le servía para arrimar un voto más.

Abogado de profesión, tuvo la “virtud” o mejor dicho la viveza, de acomodar su discurso a los tiempos que corrían. Fue simpatizante de la Tendencia, como se llamó a la izquierda peronista de los ’70. Luciendo unas enormes patillas con que pretendía imitar al caudillo riojano Facundo Quiroga, se abrazaba con “el tío” Cámpora, después de haber ganado la primera de sus gobernaciones en su provincia, para luego cuando Perón hizo la razzia de gobernadores con contactos con este sector, como el bonaerense Bidegain, el cordobés Obregón Cano, el mendocino Martínez Baca, el formoseño Antenor Gauna, el salteño Ragone o el santacruceño Cepernic, borrar toda referencia izquierdista de su discurso y acomodarse a los nuevos parlamentos que necesitaba el General.

Preso junto a otros dirigentes justicialistas a comienzos del Proceso de Reorganización Nacional, pasó gran parte de su detención bajo el régimen de domicilio forzoso que lo obligaba a no abandonar la ciudad de residencia. Las crónicas de la época señalan sus contactos con el genocida almirante de la Junta Militar Emilio Massera, quién intentó, sin éxito, realizar un armado político para postularse en un futuro proceso electoral.

En el retorno a la democracia en 1983 gana otras dos veces la gobernación de La Rioja y desde esa base política se lanza a competir con el fallecido, en ese entonces gobernador de Buenos Aires, Antonio Cafiero, abuelo del actual Jefe de Gabinete, en la interna de la “renovación” peronista por la candidatura presidencial. En un país en crisis, asolado por la hiperinflación del gobierno de Alfonsín y cruzado por enormes luchas y paros generales, contra todos los pronósticos, Menem le gana a Cafiero la interna. Es que Antonio controlaba el aparato y era el gobernador de la provincia más importante del país, pero su discurso aparecía asociado a una continuidad institucional a las políticas que habían llevado al desastre. Habiendo vencido en la disputa presidencial al candidato de la UCR, Eduardo Angeloz, releva a Alfonsín en la presidencia en forma adelantada a los plazos legales, ya que este último estaba acorralado por la movilización popular, que en forma de una ola de saqueos masivos con epicentro en Rosario y los barrios populares del Gran Bs. As., había dejado en el aire su gobierno.

Sus dos presidencias

Después de haber blandido con mentiras electorales la posibilidad de un “salariazo” y una “revolución productiva”, el despliegue de su política en el gobierno abandonó todo retazo de discurso antiimperialista o progresista. Como el mismo lo afirmará tiempo después, si hubiera dicho cuál era su real programa no lo hubieran votado.

Fueron los años del “peronismo liberal”, de la alianza con la UCD de Alsogaray y María Julia, recordados como el “Menemato”. Los de la época con su superministro Domingo Cavallo, la de las “relaciones carnales” con el imperialismo, de las privatizaciones de las empresas públicas, o el conocido remate de las “joyas de la abuela” para cumplir los compromisos de pago de la deuda externa, de otros momentos de “plata dulce”, como se conoció al dólar barato producto de la convertibilidad del peso uno a uno con el dólar, y luego del cierre de fábricas y numerosas empresas que no podían competir con la apertura de una importación indiscriminada, la época del récord de desocupados y subocupados.

La lista es larga, muy larga. Entre otros tantos hechos, podemos mencionar los indultos a los ex comandantes condenados por los juicios a la Junta Militar y a otros tantos genocidas; la sanción, con la complacencia de la dirigencia ceterista, de la repudiada Ley Federal de Educación; la corrupción en la venta ilegal de armas en los conflictos bélicos de Ecuador y de Bosnia y Croacia, por los que luego estuvo fugazmente preso y finalmente sobreseído; la voladura del arsenal de Río Tercero y su luctuoso saldo de víctimas mortales, heridos y destrucción, para ocultar el faltante de armamento; la entrada en la guerra imperialista, en apoyo a los yanquis, con el envío de buques a la Guerra del Golfo; el atentado terrorista a la AMIA, hasta hoy impune y en el cual existen serias sospechas de la participación de su aparato gubernamental en el hecho y la impunidad posterior; la recepción con bombas y platillos del presidente norteamericano Bush padre para afianzar la entrega de nuestra soberanía. Un largo etcétera…

Su gobierno, sostenido como la mayoría de los gobiernos de turno, por la burocracia sindical cegetista, sin el apoyo de la cual nunca hubiera podido concretar su gigantesco plan de privatizaciones, tuvo importantes sacudidas en las rebeliones populares del Satiagueñazo en diciembre de 1993 y luego de los dos Cutralcazos en 1996 y 1997. El último de estos detonó una seguidilla de “azos” provinciales, en los cuales los pueblos sin empleo, como Mosconi en Salta, o luego la seguidilla de cortes de ruta del levantamiento jujeño, fueron la punta de lanza de un fenómeno que se generalizará después en el Gran Bs. As. y las barriadas populares de las grandes ciudades.

Menem, para el espectro progresista, era el ejemplo de lo que no había que hacer, pero la gran mayoría de ellos, como los enrolados en el radicalismo de Raúl Alfonsín, o la en aquel entonces constituyente por Santa Cruz, Cristina Kirchner, avalaron tras alguna concesión política, su reelección apoyando el llamado a esa constituyente funcional al menemismo como fue la que se reunió en Santa Fe en 1994.

Al final de su segundo mandato intentó una nueva “re-reelección” sin suerte… Ya no podía parar el recambio que la crisis exigía. La Alianza de la Rúa y el Chacho Álvarez le ganaba al candidato del PJ, Eduardo Duhalde, la elección presidencial de 1999. Anunciaban revertir sus principales políticas, para una vez en el gobierno continuar con todas o casi todas ellas, incluso citando de nuevo a Mingo Cavallo, su superministro entregador de la Argentina.

No está demás también recordar que nuestra corriente, que enfrentó desde el comienzo sus políticas económicas de sumisión a los deseos del imperialismo, sus indultos a los comandantes, tuvo en sus manos propiciarle su primer golpe político. En 1990 con el auspicio del periodista Bernardo Neustadt, el periodista estrella del liberalismo de aquellos años, Menem con el apoyo de toda la derecha, convocó a Plaza de Mayo a sus simpatizantes, en lo que se conoció como la “Plaza del Sí”. Nuestra corriente antecesora, que en aquel entonces integraba el “viejo” MAS junto al frente electoral Izquierda Unida, convocó para semanas después, el 1° de Mayo, a la “Plaza del No”. Una concentración más numerosa que la del nuevo presidente que reunió a más de 80.000 personas.

La historia reciente

Estalló la crisis el 19 y 20 de diciembre de 2001. Voló De la Rúa, volaron 5 presidentes. Se abrió un nuevo proceso electoral en el que, con un peronismo dividido en tres candidaturas, ganó con el 24 %. Pero tuvo que renunciar al ballotage porque perdía en forma aplastante.

Subió el segundo, Néstor Kirchner, que había juntado el 22%… ¡Pero Menem…siempre estaba! Nadie lo quería, por entregador del país, por privatizador, por indultador, ¡por corrupto… pero siempre estaba! Y cuando lo necesitan lo llevan en la boleta…

Es que Menem, como pretende el progresismo peronista, ahora nucleado en el kirchnerismo, no es la negación de los ideales de Perón. Es el mismo peronismo. El peronismo que tenía a los Montoneros y la patria socialista en el discurso… y a López Rega, Isabelita, La Triple A, Rodrigo, y Antonio Cafiero, en el gobierno.

El peronismo que inventó un kirchnerismo, que tuvo que surfear sobre las aguas encrespadas de un país revolucionado después del 19 y 20 de diciembre de 2001. Que habló de derechos humanos, soberanía, industrialización, justicia social… y siguió con los planes neoliberales, las privatizadas, la bicicleta financiera, el pago al FMI, el modelo extractivista exportador, y Milani o Berni cuando necesitaron represores. Que en los años de mayor ingreso de divisas al país de toda la historia mantuvo la tradicional estructura económica dependiente basada en la producción de materias primas de exportación, y que pese a ser muy criticado por la derecha política tradicional, salvó y reconstituyó el régimen político duramente golpeado por el Argentinazo.

Más que nunca se siguió aplicando el famoso dicho del General: “poné el guiño a la izquierda y girá a la derecha”. El kirchnerismo es una experiencia que nació intentando despegarse de la estructura del viejo PJ, pero que pactó y pacta con ella para gobernar el país, avalando sus peores calamidades, de las cuales es participe y protagonista. Y finalmente volvió con todo a esa vieja estructura del PJ. Por eso el Frente de Todos, con todos, con Carlos Saúl también.

Por eso hoy, a pocas horas de su muerte, el presidente Alberto Fernández, ex funcionario menemista, por cierto, termina reivindicando “sus valores democráticos” y decretando tres días de duelo.

Menem, no fue la negación del peronismo o mejor dicho del pejotismo, para separar a los honestos militantes que creyeron que por ahí se podía cambiar la Argentina. Menem era parte de su corazón… Los nuevos vientos que recorren y recorrerán la Argentina, van a llevarse puestos a todas las estructuras políticas que sigan avalando tamañas mentiras, dependencia del imperialismo, explotación y miseria. Superará seguramente a las políticas de Menem, pero también a todos los que lo han criticado, para después aplicar sus mismas recetas.

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