viernes, 21 junio 2024 - 03:47

A 200 años de la entrevista de Guayaquil. Cuando San Martin y Bolívar soñaron otra América

Este 26 de julio se cumplen 200 años de un momento bisagra de la historia americana. En Guayaquil, en el centro geográfico donde se separan los dos hemisferios, se encontraron Simón Bolívar y José de San Martin, dos de las figuras más reconocidas de la independencia americana. 

La reunión era esperada por muchos motivos. En primer lugar tenía un importante significado político y militar porque la posibilidad de que ambos libertadores se encontraran era signo inequívoco de que el plan independentista había logrado barrer con las fuerzas realistas en el continente, quedando solo algunos pequeños focos que derrotar. En segundo lugar era esperada por los protagonistas por la admiración mutua que se tenían. Bolívar, refiriéndose a la batalla de Carabobo que selló la independencia de la gran Colombia (lo que hoy es Colombia, Ecuador, Venezuela y Panamá) le había escrito a San Martín: “Mi primer pensamiento en el campo de Carabobo, cuando vi mi patria libre, fue V.E, el Perú y su ejército libertador”. Unos meses antes del encuentro San Martin había anunciado: “La causa del continente americano me lleva a realizar un designio que halaga mis más caras esperanzas. Voy a encontrar en Guayaquil al Libertador de Colombia”.  

Por último, teniendo la certeza que la lucha contra las fuerzas realistas estaba llegando a su fin, también surgía la incógnita de qué hacer con los territorios liberados, los cuales aún sin terminar de afianzar su independencia ya tenían luchas internas por el poder. La reunión era de suma importancia para trazar una nueva etapa. 

Guayaquil secreto 

La reunión se llevó a cabo los días 26 y 27 de Julio de 1822. Durante 48 horas San Martin y Bolívar compartieron desayunos, almuerzos y cenas prácticamente sin testigos. Incluso algunas crónicas dicen que específicamente prohibieron a sus edecanes molestarlos durante las charlas que tuvieron a lo largo de esos días, haciendo que el contenido del encuentro de Guayaquil quede en secreto. Ninguno de los libertadores jamás se refirió explícitamente a lo que dialogaron.  

La historiografía clásica liberal sostiene que durante las conversaciones surgieron desacuerdos sobre la forma de gobierno a adoptar y esto habría provocado el enojo de San Martin, especialmente porque en la noche del 27 sin previo aviso se embarcó de vuelta a Perú, dejando una parte de su ejército al mando de Bolívar. El propio San Martín desmiente esto al escribirle a Bolívar menos de un mes después: “Puede afirmarse que sus hechos militares le han merecido, con razón, ser considerado como el hombre más extraordinario que ha producido la América del Sur”. Difícilmente esta sean las palabras de un hombre enojado. 

El otro tema sobre lo que giran las fuentes historiográficas era la situación del Perú, en extrema compleja y una muestra de hacia dónde iban el resto de los países nacientes. San Martín había sido proclamado, por presión popular y aun en desacuerdo con el propio libertador, protector del Perú. Dentro de sus acciones había estado la de expropiar algunos bienes de la oligarquía para financiar el ejercito libertador, algo que a la oligarquía cuzqueña, heredera económica del poder colonial, no le había caído en gracia y comenzaba a conspirar contra el libertador. Esto tiene más sentido teniendo en cuenta el apuro de San Martín por volver al Perú a tratar de controlar la situación. 

De cualquier manera, la realidad es que esa reunión provocó un cimbronazo en las élites de los nuevos Estados, porque juntaba a los dos personajes con más apoyo popular del continente, figuras que tenían la aprobación de los sectores más marginados y a su vez expresaban -junto a Artigas- los planes de independencia con mayor profundidad para los sectores más postergados. Todo esto bajo la lucha por una América Latina unida, que representara a todas las regiones y sus diferencias, pero unidas de cara al poder colonial español en primer término, y de todas las demás potencias en general. 

Las oligarquías contra la revolución 

Como comentábamos antes, los planes de los libertadores no terminaban solo con el fin del dominio español, y consecuentemente las élites tenían en marcha un plan para derrotar a San Martín y Bolívar. El primero en sufrirlo fue San Martín, quien a su vuelta a Perú se encontró con un gobierno al que no le sobraban simpatías por su paso como protector del Perú, al borde del maltrato solo pudo recuperar algunas de sus pertenencias y retomó su cargo de gobernador de Cuyo. Ya en Mendoza se convirtió en un incordio para el poder de Buenos Aires por el apoyo popular que tenía, al punto que el gobernador Martín Rodríguez rechazó su pedido de viajar a la provincia a visitar a su esposa enferma por miedo a lo que pudiera provocar su figura en la disputa entre unitarios y federales. San Martín, tal vez pecando de inocente, de idealista o simplemente cansado decidió que era momento de retirarse de la política viendo que cada vez estaba más aislado y que enfrentarse a las élites en el poder hubiera provocado una guerra fratricida. Así fue que terminó marchando al autoexilio en Francia. 

Bolívar en cambio sostuvo con más fuerza sus convicciones, convocando a un Congreso Americano para 1826 con la expectativa de unificar el territorio en una confederación de diferentes Estados. Explicaba su plan de la siguiente manera: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria. Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo”.  El congreso fue un fracaso para Bolívar, ya que no logró que ningún país participante ratificara los acuerdos. Para peor Inglaterra, que había enviado un emisario había logrado realizar acuerdos comerciales con los distintos gobiernos, creando aun más diferencias entre los nacientes Estados. Las presiones internas de la gran Colombia y las diferencias de poder de las oligarquías habían implosionado en la división de tres Estados. Al igual que le había ocurrido a San Martín, Bolívar y sus planes caían por la presión de las oligarquías y sus intereses en sostener sus privilegios coloniales, ahora devenidos en intereses “nacionales”. 

El abrazo de Guayaquil 

A pesar del derrotero que siguió a la entrevista de Guayaquil, hay que ser taxativos en su importancia y su legado: la posibilidad que barajaron los libertadores por la unidad Latinoamericana era el paso correcto, al punto que 200 años después sigue siendo una necesidad de los pueblos para enfrentar al imperialismo. Desde la fecha que recordamos hasta hoy, las elites cambiaron de carácter, de nombres, de mañas; pero siguen siendo las mismas que se oponen a la unidad de los de abajo y subyugan a las naciones soberanas bajo el imperialismo inglés primero, norteamericano después y el capital concentrado en todo momento. 

Lo explicó muy acertadamente Eduardo Galeano: “Es América Latina, la región de las venas abiertas. Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos. El modo de producción y la estructura de clases de cada lugar han sido sucesivamente determinados, desde fuera, por su incorporación al engranaje universal del capitalismo”.  

Tanto San Martín como Bolívar tenían claridad de que luego de la independencia los sectores que heredaban el poder colonial seguirían sojuzgando a sus pueblos de otra manera; pero creían que los pueblos tenían que decidir su propio destino y cometieron el error de confiar en las incipientes burguesías, manteniéndose al margen. Destino que nos llevó a tener 200 años de políticas dependientes del poder extranjero, ya no con la ocupación física como en la época colonial, sino con la dominación económica a través del FMI y las deudas externas. Por eso la tarea que se proponían los libertadores en aquella entrevista de Guayaquil, sigue siendo iguales de valida. Unir el continente contra el imperialismo y el capital concentrado que tantas desigualdades y penurias le genera al pueblo trabajador.  

Germán Gómez 

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