miércoles, 24 abril 2024 - 17:08

5G. La contracara de la hiperconexion

Compartimos este interesante artículo del Ing. Victorio Ravese, a quién agradecemos su contribución, para conocimiento de todas y todos nuestros lectores.

En los últimos años, la humanidad ha dado un salto agigantado en cuanto a tecnología inalámbrica: se emite energía desde un punto a otro sin la necesidad de un cable, lo cual da lugar a una variedad de beneficios que naturalizan el hecho de que existen múltiples conexiones simultaneas que no pueden ser vistas por el ojo humano.

Esa energía transportada viaja a través del espacio gracias a la radiación electromagnética y se manifiesta como ondas que vibran de diferentes maneras. La cantidad de veces que vibra una onda en un segundo se llama frecuencia y se mide en Hz. Existen muchos elementos que emiten radiación electromagnética a una frecuencia correspondiente. Por ejemplo, la radio emite a frecuencias que van desde los 3 MHz a 300 MHz, el microondas emite entre 109 a 1012 Hz, el ojo humano detecta frecuencias cercanas a los 1015 Hz y los rayos X se emiten entre 1019 Hz y 1022 Hz.

La salud

Una forma de clasificar a las radiaciones es entre ionizantes y no ionizantes. Las primeras son aquellas radiaciones cuya frecuencia es tan alta como para romper o modificar la estructura de moléculas y átomos. A este tipo de radiaciones se las considera peligrosas, y existen normas y protocolos en todo el mundo que se deben seguir para usarlas (radiografías, emisión de rayos gamma y energía nuclear).

Por otro lado, la mayoría de las radiaciones a las que estamos expuestos son no ionizantes (RNI). No obstante, el hecho de que pertenezcan a esta categoría no significa que sean inocuas. En 1973 por ejemplo, se lleva adelante una sesión sobre la protección ante la radiación no ionizante en el Congreso de la Asociación Internacional de Protección Radiológica (IRPA), fundándose años después la Comisión Internacional de protección ante Radiación No Ionizante (ICNIRP). Sus efectos nocivos para la salud son tema de debate hace años entre ciertos grupos científicos, médicos y políticos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) solamente reconoce que la RE puede ocasionar heridas en la piel. Sin embargo, existen otros problemas de salud que pueden tener la RNI como causa y no son reconocidos por la OMS, pero sí por científicos de todo el mundo. En 2009 se publicó la Declaración de París llamada “Electromagnetismo, un nuevo problema sanitario”[1] en la que se concluyó que las RNI encarnan un grave peligro potencial para la salud pública y que es necesario aplicar con urgencia el principio de precaución. Declaraciones científicas como la recién mencionada se llevaron a cabo en, al menos, 15 ocasiones en los últimos 24 años en ciudades como Viena, Alcalá, Londres, Porto Alegre y Copenhague, entre otras. Además, en 2015, 215 científicos de 41 países comunicaron a la ONU y a la OMS que más de 10.000 estudios científicos publicados, con evaluación de colegas, demostraban que la RE provocaba daños graves a la salud humana.

Existe un acuerdo general sobre el efecto nocivo que ejercen las RE sobre el sistema reproductor, en especial sobre la función testicular y del aumento del 100% de las probabilidades de sufrir un aborto. Además, son numerosos los estudios que hacen referencia al posible efecto cancerígeno, y hay autores que han informado sobre síntomas neuropsíquicos independientes como confusión, pereza, pérdida de la memoria, ansiedad, depresión (síntomas en su conjunto conocidos como síndrome de las microondas, o hipersensibilidad al campo electromagnético). También se informó de casos de procesos alérgicos, depresión del sistema inmunológico, modificaciones linfocitarias y cardiovasculares.

La quinta generación

La primera generación de celulares tenía la única función de hablar, com la segunda se implementó la capacidad de mandar mensajes de texto, en la tercera llegaron los smartphones y las aplicaciones y con la cuarta la capacidad de transportar videos. En la quinta generacion (5G) se registrará un incremento sin precedentes en el número de dispositivos conectados (100 veces mayor) y de los volúmenes de transferencia de datos (20 veces mayores que los del 4G), además esta tecnología tiene la particularidad de conectar otras cosas ademas de celulares, lo que se conoce como ‘Internet de las Cosas’. El 5G, dista mucho de lo que implicó el paso del 3G al 4G. Esta tecnología funciona por medio de antenas que emiten mayor potencia a mayor frecuencia y desde una altura menor. Para su implementación, se desplegará una mayor cantidad de antenas que se conectarán entre ellas para obtener una cobertura óptima. Su uso supone mayor RNI y, a la vez, habilita el uso de otras tecnologías que también emitirán su propia radiación específica.

La llegada de esta tecnología a diversas partes del mundo incentivó la organización de sociedades conscientes de la radiación que la misma genera y de su impacto negativo, lo cual forzó a que sus gobiernos tomen medidas preventivas y de control que se ajusten a sus demandas.

En Estados Unidos, en enero del 2021, se aprobó un fallo histórico donde se demanda a la Comisión Federal de Comunicaciones por no actualizar las reglas y normas que se deben tener al controlar las RNI y proteger a las personas. En este caso, se presentaron múltiples casos de cáncer y otros problemas de salud vinculados con las RE que fueron reconocidos por la Corte Suprema de Columbia.

En Argentina, todo lo relativo al impacto de las frecuencias electromagnéticas a la salud y al ambiente se rige por una vieja resolución del Ministerio de Salud (202) de 1995. Sin embargo, los avances tecnológicos en los últimos 28 años han sido significativos (3G, 4G, 5G y Wi-Fi) y hemos alcanzado niveles de RE nunca antes vistos. En esta resolución se establece el máximo de potencia que pueden emitir las antenas según su frecuencia siendo valores que se encuentran muy por encima de los reglamentados en otros países. Por ejemplo, la radiación máxima permitida en Austria es casi 100 veces inferior a la permitida en nuestro país y, a nivel regional, la máxima en Chile es casi 10 veces inferior a la Argentina.

También llama la atención la negativa constante del gobierno hacia proyectos de ley generados para reglamentar la instalación de antenas. Se han presentado al menos 7 proyectos en los últimos 20 años. Ninguno vio la luz, lo único que se aprobó, en noviembre del 2018 fue un Decreto (997/2018) que “agiliza” el otorgamiento de las correspondientes autorizaciones, permisos o habilitaciones de las antes respecto a dónde ubicarlas, construirlas e instalarlas.

Otro dato interesante es la masividad de antenas instaladas en los últimos años. En diciembre del 2019, el presidente Alberto Fernández firmó con Huawei un convenio para instalar 20 mil antenas 4G y 4Gplus, las cuales fueron colocadas durante la pandemia. Además, el ENACOM (Ente Nacional de Comunicaciones), el organismo del Estado que supuestamente controla las emisiones y publica sus valores en internet de manera libre, dejó de realizar mediciones a partir de enero del 2020, dejando a la población desinformada y desprotegida, y habilitando a las empresas de telecomunicaciones a continuar con su plan, donde aseguran que las RE que generan están dentro de la Resolución del 95 pero no lo constatan de ninguna forma.

Sociedades organizadas para controlar empresas

Históricamente Argentina fue un país de lucha social y, por suerte, este tema no escapa a la fama ganada. Se han registrado denuncias en varias provincias vinculadas a las RE que fueron el germen para la formación de una organización a nivel nacional llamada MoTeSa (Movimiento por Telecomunicaciones Sanas) y CORTe (Ciudadanos Organizados para Regular Telecomunicaciones), apartidarias, conformadas por ciudadanos de distintas partes del país y organizadas en 2022 y 2023 respectivamente. Estas organizaciones le exigen al Estado un mejor cuidado a sus habitantes y al ambiente ante las RNI. En simultáneo con 70 localidades de 17 provincias y CABA, y respaldada por más de 1500 personas aproximadamente, Motesa realizó un pedido de suspensión de dos nuevas resoluciones del ENACOM (2385/22 y 2386/22) que abren camino a la instalación masiva y nacional de la tecnología 5G, y además de eso, la organización exige la actualización de la ya nombrada 202/95 sobre los límites de RNI para que sea acorde a otros países.

5G en Argentina

Actualmente el gobierno a través del ENACOM busca obtener dólares subastando algo que todavía esta libre, el aire en la banda de frecuencia de los 3.5 GHz. Con ella espera obtener US$ 1.400 millones, una cifra similar a la que obtuvo al instalarse el 4G. No obstante, las tres operadoras de telefonía móvil en Argentina (Claro, Personal y Movistar) pretenden pagar un precio menor ya que los costos serian muchos, los beneficios esperados pocos y, la situación macroeconómica, grave. Por lo tanto, la licitación viene siendo postergada, aunque la idea del gobierno es llegar a un acuerdo antes de las elecciones y, de no obtener la cifra buscada, ofrecer un porcentaje del pago a través de bonos de la deuda con el FMI.

Conclusión

La enorme evolución tecnológica es inevitable y propia de nuestra era, así como también lo es la acumulación de riquezas por sobre la salud humana a “largo” plazo. Esta segunda afirmación se ve reflejada en los miles de millones de dólares que representa la industria de las telecomunicaciones y la pasividad de los gobiernos que son espectadores ante los planes trasados por las grandes multinacionales que trabajan libremente con el único objetivo de brindar la mejor conexión (y al mejor precio). No obstante, son los ciudadanos los que deben defender su derecho a la salud y exigir controles y normativas de parte del Estado hacia estas empresas. La ciencia ha sido clara respecto a la afección en la salud humana y ambiental que generan las radiaciones electromagnéticas, no escucharla significa un retroceso en nuestra capacidad de prevenir situaciones lamentables y de empatizar con quienes ya las padecen o padecieron.

Seguir las directrices de algunos grupos de presión [lobbies] y poner en peligro la salud, en nombre de beneficios a corto plazo y de los intereses económicos, sólo puede causar daño a todos nuestros conciudadanos” extracto de la Declaración de Paris 2009.


[1]http://www.apdr.info/electrocontaminacion/Documentos/Declaraci%F3ns/Declaraci%F3n%20de%2023%20de%20marzo%20de%202009.pdf

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