sábado, 13 julio 2024 - 00:04

27 de marzo. A 30 años de la nefasta Ley de Convertibilidad

Hoy se cumplen 30 años desde que el Congreso aprobó la Ley de Convertibilidad del Austral durante el menemismo, en pleno auge del neoliberalismo mundial, decretada para intentar frenar el proceso hiperinflacionario arrastrado desde 1989. La misma fijaba la paridad uno a uno con el dólar y tendría resultados nefastos para la inmensa mayoría del pueblo. Se sostuvo por más de 10 años desembocando en la crisis del Argentinazo en el 2001.

La llamada Ley de Convertibilidad del Austral (la n° 23.928) fue votada el 27 de marzo de 1991 por mayoría en el Congreso de la Nación. Eran los primeros años de la presidencia de Menem y en el mundo avanzaba la globalización del neoliberalismo, su mentor fue el tristemente célebre ministro de Economía, Domingo Cavallo. En síntesis, esta ley fijaba una paridad de 10.000 australes (luego sería 1 peso convertible) con 1 dólar, por eso se la denominó “ley del uno a uno”. Exigía que cada peso que se emitía estuviera respaldado por un dólar en las reservas del Tesoro Nacional.

Los antecedentes histórico-económicos

Si bien la Argentina convivía con una alta inflación desde décadas anteriores, fue después del fracaso del Plan Austral de Alfonsín en 1986 que esta empezó a elevarse de manera sostenida, hasta desembocar en un proceso hiperinflacionario que llevaría la cifra de inflación anual al 3.079% en 1989 bajo el gobierno de Alfonsín y al 2.314% ya con Menem. Para frenar este proceso es que el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, promovió la ley que contó con total apoyo del FMI, el imperialismo y la burguesía nacional.

En el mundo se vivía la primera fase de la globalización con el auge del neoliberalismo, que promulgaba el libre comercio y movilidad de los capitales, la anulación de las fronteras arancelarias para las mercancías de los países más poderosos, etc.  Esta ley era completamente funcional a estas premisas del imperialismo y es lo que explica que durante años Menem y su ministro de Economía fueran tomados como ejemplo por el FMI y Estados Unidos principalmente, mostrando por doquier el “éxito del plan de convertibilidad argentino”.

Con la exigencia de que cada peso estuviese respaldado y se pudiese canjear o convertir en un dólar, la emisión monetaria, que había subido exponencialmente en los 2 años previos, bajó prácticamente a cero, el proceso hiperinflacionario se abortó rápidamente y la inflación cayó en 6 meses del 30% al 1,3% anual.

Claro que la Ley de Convertibilidad escondía una gran trampa, al establecer una relación ficticia entre el peso y el dólar. Porque el valor de cambio real entre dos monedas de países distintos no depende de una ley promulgada por el Congreso, sino que tiene que ver con cuestiones mucho más profundas como el costo social de la producción, la productividad del trabajo en un país, etc. Así las cosas, para sostener esta falsa paridad, la Argentina tuvo que endeudarse en dólares y malvender sus empresas públicas como principales medidas, las cuales traerían consecuencias gravísimas para la inmensa mayoría de los trabajadores y el pueblo.

El costo de la convertibilidad

Como dijimos, para poder respaldar con un dólar cada peso emitido, siendo la Argentina un país atrasado, pobre y prácticamente fundido, solo podía hacerlo a través de un gigantesco endeudamiento externo en dólares. Este endeudamiento fue a través de dos vías principales: la venta a precio vil de las empresas estatales de servicios, transportes y energía por un lado y el endeudamiento directo con el FMI y diversos organismos internacionales por otro.

Sería muy extenso desarrollar en un solo artículo todas las consecuencias funestas que trajeron para el pueblo las privatizaciones y el endeudamiento. Digamos a modo de resumen que Menem privatizó Aerolíneas, YPF, ENTel, Ferrocarriles Argentinos y todas las generadoras y distribuidoras de gas, luz y agua entre otras. La consecuencia inmediata fue el despido de casi 4 millones de trabajadores, pasando la desocupación del 4,8 al 18,4% en poco tiempo. Todo esto con la traición y complicidad de los burócratas sindicales transformados en socios capitalistas de las privatizaciones. La venta a precio vil de los activos del Estado -fue célebremente famoso que todo un edificio de ENTel se vendió a 7 dólares, porque se habían “olvidado” de ponerlo en el contrato de venta- fue posible con un salto infinito de la corrupción durante el menemismo. El endeudamiento externo, a pesar de la entrega y venta de las empresas, también creció a un ritmo fenomenal, pasando de 61 mil a 140 mil millones de dólares entre 1991 y 2001.

Poco después la desocupación seguiría creciendo pero ahora derivada del sector privado, ya que la paridad y la libre importación de productos llevarían al cierre masivo de fábricas nacionales que requerían de mano de obra argentina. Era más que obvio que las obsoletas empresas nacionales no podrían competir en calidad y precio con las manufacturas del mercado mundial globalizado. En este proceso de desindustrialización nacional miles de fábricas fueron reemplazadas por “importadoras” de productos fabricados en China por empresas imperialistas.

Para cerrar digamos que los grandes beneficiados de la Convertibilidad fueron el imperialismo en primer lugar, ya que se hizo acreedor de casi 150 mil millones de dólares y sus empresas que se quedaron con todas las empresas de servicios y energéticas, cobrando durante años tarifas en dólares que llegaron a ser no solo las más caras de toda Latinoamérica, sino incluso más caras en dólares que en países europeos. También se quedaron con las empresas privadas, produciéndose un acelerado proceso de transnacionalización de la industria, donde las empresas en manos extranjeras pasaron del 32% al 73% y a controlar el 95% del PBI generado.

Por su parte, los índices de pobreza aumentaban paralelamente al aumento de la concentración económica, que si bien había bajado de manera ficticia al principio de la convertibilidad, volvería a aumentar hasta cerca del 30% en 1999. Medidos por la distribución de los ingresos, en Argentina la relación entre los que menos ganaban y los que más, pasó de 12 veces en 1990 a más de 22 al final de este proceso.

El principio del fin y el Argentinazo

La suma de todas las contradicciones propias de esta paridad ficticia que ya hemos explicado tuvo varios periodos de crisis, pero fue hacia 1998 que la crisis se profundizó por una recesión con la caída del PBI superior al 7% y un déficit comercial creciente. La capacidad de conseguir crédito en el exterior para sostener al peso fue decayendo paulatinamente. Entre 1999 y 2000, bajo la presidencia de la Alianza, la crisis se agravó cualitativamente al cortarse el crédito externo. El gobierno de De la Rúa convoca nuevamente como ministro a Cavallo; quien primero echa mano a un aumento de impuestos que trae aparejado una recesión aun mayor, y a un aumento feroz de la fuga de capitales que, si bien fue constante durante los 10 años previos de convertibilidad, superando los 130.000 millones de dólares, alcanzó ese año los 81.000 millones de dólares. La contracción del PBI alcanzó un récord histórico del -19,5%.

Sin crédito externo, con fuga de capitales, con una profunda recesión y con una pobreza que había superado el 45% de la población, al gobierno de De la Rúa-Cavallo no se le ocurrió mejor idea que la de implantar el “corralito” que implicó la confiscación de los depósitos bancarios principalmente de la clase media. Esto gatillaría la bronca popular, en principio de los sectores medios afectados por el corralito, pero que se extendió rápidamente al conjunto del pueblo y los trabajadores; que con cacerolazos, manifestaciones callejeras y asambleas barriales, ocupación casi permanente de la Plaza de Mayo y de otras en el interior del país, desembocarían en 2001 en el Argentinazo, el sepulturero de la Convertibilidad, pero eso ya será motivo de otro artículo y análisis.

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