20 de noviembre de 1945. Los juicios de Nuremberg y el fin del fascismo

El 20 de noviembre de 1945 en la ciudad de alemana de Nuremberg, comenzaron los juicios contra los jerarcas nazis y los implicados en los crímenes de la maquinaria fascista. El Tribunal Militar creado para este proceso, estuvo a cargo de fiscales y jueces de las potencias aliadas vencedoras: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la URSS.

Hace 75 años en el Palacio de Justicia de la ciudad de Nuremberg, el Tribunal comenzó a juzgar a los principales acusados de los crímenes de guerra nazis. Este edificio era uno de los pocos que no habían sido destruidos después de los bombardeos norteamericanos a fines de abril de 1945. No era una decisión arbitraria. Esta ciudad fue el ícono de la propaganda nazi durante el régimen fascista. A partir de 1939 fue escogida, año a año, para realizar los congresos partidarios, desfiles militares, y toda una serie de eventos propagandísticos que exaltaban la figura de Hitler y la conquista europea del Tercer Reich. 

Casi 5 mil peticiones de denuncias se elevaron al Tribunal. El procesamiento solo alcanzó 611 condenas de figuras nazis emblemáticas, a quienes se les adjudicaron tres tipos de crímenes estipulados en el Estatuto del Tribunal(1). El más importante de ellos fue el Crimen de Lesa Humanidad(2), que -a pesar de que su origen sea anterior- significó un avance al incorporarse como noción jurídica en distintos tratados y pactos internacionales para condenar otros crímenes.

Dicho estatuto surgió de los distintos pactos entre las potencias vencedoras. En la Conferencia de Moscú de 1943 y en Londres en agosto de 1945, la decisión de juzgar a los nazis era explícita por parte de los Aliados. Desde 1943 la resistencia antifascista iba en aumento. En los países de Europa Occidental y del Este, las tropas de ocupación alemanas e italianas, y en Asia las tropas japonesas, se enfrentaron a la lucha encarnizada de las masas trabajadoras, campesinas y populares. Este proceso sería canalizado por un acuerdo superestructural entre los Aliados para enjuiciar a los nazis.

Los acusados

 El 1 de octubre de 1946, luego de 216 sesiones, se dio el veredicto para 24 criminales nazis. Este fue uno de los juicios más importantes, ya que se trataba de los principales jerarcas del Partido Nazi. Líderes partidarios, regionales, militares, editores y jueces fueron juzgados. Entre los acusados se encontraban Goering (sucesor designado de Hitler cuando él muriera), Hess (segundo líder del Partido Nazi), Ribbentrop (ministro de Asuntos Exteriores), Keitel (jefe de las Fuerzas Armadas), Kaltenbrunner (jefe de las Fuerzas de Seguridad), Sauckel (jefe de Asignación de trabajo forzado). Doce de ellos fueron condenados a muerte, tres a cadena perpetua y cuatro recibieron de 10 a 20 años.

Los artículos 7 y 8(3) del Estatuto del Tribunal Militar, expresaban que la jerarquía de mando no debía exonerar de responsabilidad a los acusados. Este aspecto fue positivo, ya que la jerarquía o el mando al que respondían algunos acusados, no los eximió de responsabilidad en cometer los crímenes de guerra o lesa humanidad. Los argumentos de la defensa de los nazis, apuntaban a la obediencia debida, pero fueron estériles a la hora del veredicto. Pero no todo lo que brilla es oro. Una gran cantidad de funcionarios nazis fueron absueltos o no llegaron a ser condenados. Los más importantes de ellos fueron: Franz Von Papen, líder del Partido de Centro Católico y embajador durante la dictadura nazi; Hans Fritzsche, ayudante de Joseph Goebels en el Ministerio de Propaganda y Robert Ley, jefe del Frente Alemán del Trabajo que organizaba el trabajo esclavo.

La burguesía alemana impune

 La gran ausente en el banquillo de los acusados fue la burguesía alemana, y no porque su responsabilidad no haya existido, sino por la política de impunidad que los Aliados perpetraron con esta clase, incluyendo la URSS. Los grandes industriales alemanes que se enriquecieron con el trabajo esclavo masivo de judíos, obreros alemanes y deportados, gitanos, partisanos y homosexuales, los cuales fueron obligados a trabajar hasta morir, fueron absueltos o directamente no sometidos a juicios.

Uno de los mayores ejemplos fue el consorcio de empresas químicas IG Farben (actual Bayer y BASF), que no solo se sirvió del trabajo forzado, sino que fue el creador del gas Zyklon B utilizado en las cámaras de gas. Pese a esto ninguno de sus directores fue juzgado. Otro industrial absuelto fue Gustav Krupp, dueño de la siderúrgica Krupp AG, que suministraba las armas al ejército alemán. Los grandes banqueros de la Alemania nazi como Hjalmar Schacht, presidente del Reichsbank, los propietarios del Deutsche Bank y otros grandes bancos, financiaron a través de créditos la construcción de los campos de concentración y las fuerzas de seguridad como la SS o la Gestapo.

El hecho de no juzgar a la burguesía alemana fue inaudito por la responsabilidad que esta tuvo para permitir la llegada al poder de Hitler y el Partido Nazi, y edificar la maquinaria fascista y guerrerista. Parafraseando a Trotsky, la llegada del partido fascista al poder del Estado es el mecanismo político, por el cual todos los aspectos de la vida económica, política y cultural se subordinan al capital financiero imperialista. (3)

Responsabilidad Colectiva: el Partido Nazi como organización criminal

La acusación a los responsables de la barbarie fascista no se limitó a adjudicar la responsabilidad individual de éstos. La idea de Plan Común o Conspiración, supuso la declaración del Partido Nazi como organización criminal, ya que los fines y medios utilizados, es decir el genocidio racial, la conquista colonial de territorios y la explotación esclavista; son considerados, a partir de dicho estatuto, como delitos contra la humanidad(4). Esto significó un gran adelanto, ya que, a la responsabilidad individual de los acusados, correspondía la responsabilidad colectiva de la organización o grupo al que pertenecía, y los crímenes concretos que había cometido. Es por esto que fueron declarados como criminales todas las dependencias del nazismo: desde el Gabinete de Hitler hasta los Consejos de Ministros, los líderes regionales, la SS, la Gestapo, el Estado Mayor y los altos mandos de las Fuerzas Armadas Alemanas.

La justicia de las masas

La historia del juzgamiento a los jerarcas nazis ha sido contada como el botín de guerra de las potencias aliadas. Sin embargo, hay una historia subyacente: la resistencia antifascista de las masas obreras, campesinas y populares que enfrentaron las tropas de ocupación de los países del Eje. En todos los países ocupados por las fuerzas fascistas, se vivió un ascenso revolucionario de la lucha de clases que enfrentó a los fascistas nazis, italianos y japoneses. Los procesos de liberación de los países semicoloniales y las potencias europeas fue encarada por la lucha de estos sectores sociales, que en los primeros años de la ocupación fue clandestina, pero luego se volvió un proceso masivo de lucha armada contra los fascistas.

Los partisanos italianos llegaron a contar con un ejército popular de 600 mil italianos, que en 1945 ejecutó alrededor de diez mil fascistas, entre ellos el propio Mussolini, que fue colgado en la plaza Loreto. En Francia, la resistencia formó un ejército guerrillero que enfrentó a las tropas nazis, pero también a las fuerzas del régimen conciliador de Vichy pactado con la burguesía francesa. En 1944 se libró en Francia una rebelión extendida por todo el país donde los maquis (ejército guerrillero) y los militantes comunistas fueron la vanguardia de la lucha. En Grecia, la resistencia antifascista formó el Ejército Popular de Liberación Nacional (ELAS), impulsado por las bases del Partido Comunista griego, pero luego de la liberación fue reprimido por las tropas aliadas con la complicidad de la burocracia soviética. Este ejército alcanzó a tener 600 mil voluntarios. En Yugoslavia se formó otro ejército popular que en 1945 alcanzaba el número de medio millón de personas, los cuales enfrentaron las tropas ocupantes y sus colaboradores nacionales. En la propia China, los campesinos y habitantes urbanos pobres formaron el Ejército de Liberación Popular, al mando del Partido Comunista chino, que ante la capitulación del ejército de Chiang Kai-shek (líder del Kuomintang), enfrentaron a las tropas japonesas que controlaban los puertos, rutas y ferrovías del país.

Todos estos procesos de resistencia tuvieron su correlato en procesos de justicia popular, donde fueron juzgados y ejecutados militares, funcionarios, comerciantes y otra serie de grupos sociales que colaboraron con las tropas fascistas. A medida que finalizó la guerra, la lucha antifascista de las masas, se convirtió en una lucha antiimperialista contra la restauración imperialista por parte de los Aliados. El papel de los partidos comunistas de Europa y Asia fue la de profundizar estos planes, y no de impulsar la lucha por convertir la revolución democrática y anticolonial en socialista. La fuerza de resistencia daba para más, pero la traición del aparato estalinista impidió, en gran medida, que sea otra la historia.

Aitor Vuoto

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