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20 de noviembre de 1936. La muerte del revolucionario anarquista español Buenaventura Durruti

Una bala -cuyo origen todavía se está discutiendo- mató, en la defensa de Madrid, a uno de los revolucionarios anarquistas más populares de la Guerra Civil española. A 84 años de su muerte es útil repasar sus peleas para comprender las contradicciones del movimiento anarquista, en este caso del exponente que constituiría su ala izquierda.

Su muerte cuando recorría las milicias en el frente de Madrid, fue en su momento un duro golpe para los luchadores anarquistas, una corriente que tenía peso de masas en la España republicana en lucha contra el fascismo franquista. Su fallecimiento en el hotel Ritz de Madrid, que era el hospital de las milicias, fue ocultado unas horas debido al golpe que esto significaría para los combatientes que lo adoraban. Tuvieron que embalsamar su cadáver para poder trasladar su cuerpo al sepelio que iba a realizarse dos días después en Barcelona, a donde fue trasladado en avión por la CNT. (1)

Un entierro al que concurrieron más de 100.000 personas y que debió suspenderse hasta el otro día, dado que las multitudes que se volcaron a las calles a despedirlo no permitían avanzar su cortejo fúnebre hacia el cementerio. Cuando varias horas después de haber finalizado los discursos, los catalanes presentes se retiraron a sus casas, un tendal de miles de coronas quedó depositado en las calles de la ciudad. Murió como vivió, como un revolucionario jugado hasta el final. Según una crónica de su muerte, “todos los bienes de Buenaventura Durruti se reducían a una muda de ropa interior, un par de pistolas, unos prismáticos y unas gafas de sol”. (El Confidencial 20/11/2020).

Durruti había transitado durante cuarenta años por este mundo, dejando atrás una impronta de luchas y peleas, propias de una novela de aventuras. Nacido un 14 de julio en el seno de una familia obrera de la ciudad de León, su padre fue un obrero ferroviario y Buenaventura fue el segundo hijo de una familia que contó con ocho hermanos.

Aprendiz de mecánica y tornería, se especializa en el montaje de lavadoras mecánicas para el lavado de minerales de la industria minera y en 1913 se afilia a la Unión General de Trabajadores (UGT) (2). Trasladado a Metallana para instalar lavadoras mecánicas, se solidariza con una huelga de los mineros del lugar que protestaban contra los malos tratos de un ingeniero, negándose a trabajar en la instalación de lavadoras. La huelga triunfó, pero en su regreso a León es amonestado por el sindicato metalúrgico y perseguido por la policía, por lo que decide emigrar.

En 1917, trabajando contratado como mecánico ajustador de la Compañía Ferroviaria del Norte, lo sorprende la huelga general revolucionaria de ese año. Como consecuencia de su destacada actuación en la misma es despedido del trabajo y expulsado por el sindicato ferroviario perteneciente a la UGT, por sus posiciones revolucionarias e indisciplina.

Se exilia en Francia para escapar del servicio militar y a su regreso en 1919 se afilia a la CNT en La Felguera, donde existía un fuerte núcleo de trabajadores anarquistas. Descubierto por sus actividades revolucionarias, es detenido por la Guardia Civil dado su deserción del servicio militar y termina fugándose y escapando a Francia, país donde consigue trabajo en los talleres de Renault en París.

Alentado por las noticias de la intención de la CNT de afiliarse a la III Internacional, a cuyo segundo congreso envían delegados, vuelve a Barcelona en 1920, donde milita en la central obrera ligado a su núcleo de la FAI y en 1922 forma con Francisco Ascaso, Juan García Oliver y Ricardo Sanz el grupo Los Solidarios (3). Con ellos asalta al Banco de España en Gijón en 1923. Posteriormente, por este atraco y por su participación en el asesinato del cardenal de Zaragoza, es perseguido y tiene que huir a Argentina, luego a Chile y a otros países latinoamericanos y europeos donde, junto a otros anarquistas, sigue asaltando bancos para reunir recursos con el fin de liberar a sus compañeros presos en España. Detenido en Francia junto a Ascaso y Jover, es liberado luego de una intensa campaña internacional.

Iniciada la II República, luego de que cayera la monarquía tras ser derrotada en las elecciones municipales de 1931, participa de las insurrecciones de Figoll en 1932 y 1933, por lo que es deportado junto a otros anarcosindicalistas a Guinea Ecuatorial y a las islas Canarias. Durante este período participa en huelgas, movilizaciones y conferencias revolucionarias, actividades por las cuales es frecuentemente detenido.

La Guerra Civil

El alzamiento fascista en julio de 1936 encuentra a Durruti, junto a su grupo Nosotros (continuación de Los Solidarios) en la primera fila de la defensa de Barcelona, donde se derrota a los sublevados. Derrotados estos se entrevista junto a otros dirigentes, con el presidente de la Generalitat catalana (4), Lluís Companys, quien acepta la formación por parte de la CNT del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, formado por luchadores de las distintas organizaciones de izquierda y por republicanos.

Durruti se enfrenta en estos primeros meses de la guerra civil a la conducción de la CNT-FAI (5), dado la negativa de estos a enviar armas y cuadros de primera línea al frente. Durruti va a plantear la necesidad de un ejército regular para enfrentar a los fascistas que supere la capacidad de las desordenadas milicias. Esto va a ser tomado posteriormente por el estalinismo y aceptado por la conducción anarquista, pero con un objetivo distinto del perseguido por Durruti, el de poder disciplinar políticamente a las milicias y alinear al ejército regular con una conducción política contraria a la revolución.

Cansado de peleas, arma una columna de 6.000 hombres para liberar Zaragoza, un núcleo anarquista tomado por los rebeldes falangistas. La formación de milicianos, mal armada y organizada, sin artillería, va a ser conocida como la Columna Durruti. No pueden disputar la ciudad y se dedican a ocupar pequeños pueblos. Por donde pasa, expropia a los terratenientes, ganándose el fervor de los campesinos. Se colectiviza la tierra, se anula la propiedad privada y se instaura el poder comunal. Contra todo esto irá después el estalinismo con la excusa de no asustar a los burgueses democráticos y de que primero había que ganar la guerra antes de pensar en una transformación social. Una política que lograron imponer, exigiendo que los campesinos devolvieran las tierras tomadas y los obreros las fábricas que administraban ante la huida de sus patronos, ahogando la revolución y con ello perdiendo la guerra.

En noviembre marcha a la defensa de Madrid con 2.000 combatientes, donde finalmente cae en combate.

Las contradicciones del anarquismo español

Frente a los socialistas de la UGT, formados en la conciliación de clases de la quebrada II Internacional, los obreros y campesinos revolucionarios de España se aglutinaron en la CNT-FAI. Era una central de masas, con centro en Cataluña y mucho peso en distintas regiones de la península.

Su dirección tuvo que pasar la prueba de la Guerra Civil y la revolución española. El golpe de las huestes falangistas de julio de 1936 puso al rojo vivo a la revolución. La reacción contra el levantamiento fascista, las tremendas derrotas iníciales de los sublevados a manos de la vanguardia revolucionaria del movimiento de masas, planteó la posibilidad de la toma del poder por la clase obrera. El grueso de la burguesía española había emigrado al bando falangista, quedaba del lado republicano apenas su sombra -como describiera León Trotski- pero faltó una alternativa de masas que apuntalara la revolución y la llevara al triunfo.

La dirección anarquista había educado durante años a sus afiliados en que había que destruir el Estado burgués y que los anarquistas debían estar en contra de todo Estado, también de uno revolucionario como el surgido de la Revolución Rusa. Y el reemplazo del Estado burgués debía estar en una suerte de federación de comunas libres autónomas similares a las comunas campesinas de la Edad Media. Ya Marx había señalado las limitaciones del pensamiento que, en su enfrentamiento al capitalismo, no reflejaba a la nueva clase obrera industrial, sino al viejo artesanado y clases medias arruinados por el desarrollo del capital y la gran industria. Su enfrentamiento al Estado burgués sin proponer otra organización institucional de la clase obrera y las demás clases explotadas capaz de combatirlo exitosamente y luego soportar los embates de la contrarrevolución nacional e internacional, reflejaba más el individualismo de las viejas clases desplazadas, que una nueva salida revolucionaria.

La dirección anarquista española pronto mostró sus contradicciones. Lo hizo en el mayor momento de la crisis revolucionaria. En vez de tomar el poder en Barcelona, pactó con el gobierno burgués catalán de Companys. El conservadorismo contra el que se enfrentó Durruti, reflejaba a una dirección que había terminado de aceptar la política contrarrevolucionaria del estalinismo: primero el frente anti fascista, luego la revolución. Por eso fue parte del gobierno de la Generalitat y contribuyó a diluir la fuerza del poder revolucionario expresada en los Comités. Posteriormente integran ministros anarquistas al gobierno central de Largo Caballero.

Durruti expresaba el ala más consecuente y combativa del anarquismo, aunque reflejaba también sus contradicciones. Cuando la muerte lo sorprendió, al relato oficial de que había sido alcanzado por una bala fascista, surgieron otros que sostenían que podía haber sido asesinado por agentes estalinistas o incluso por fuego amigo. Últimamente, a partir de las declaraciones del que fue su chofer, la investigación histórica inclina la balanza sobre la explicación de que habría sido un infortunado accidente. No obstante, dado el rol contrarrevolucionario del PC y sus acciones posteriores en el Mayo Catalán de 1937, pareciera que la hipótesis de un asesinato por agentes de la GPU no fuera descabellada.

Meses después de la muerte de Durruti, surge como agrupación política en Barcelona la llamada Los amigos de Durruti que, constituyendo el ala más izquierda del anarquismo, tiene constantes enfrentamientos con la dirección de la CNT y la FAI y expresando la evolución de esta ala revolucionaria, que nucleaba a miles de revolucionarios en Cataluña, llega a la conclusión de la necesidad de liquidar al gobierno burgués e imponer un gobierno de trabajadores. Trotsky llama a los trotskistas catalanes a trabajar para fusionarse con esta ala revolucionaria del anarquismo y hubo muchos acercamientos, pero la experiencia no logró fructificar dado la declinación del proceso revolucionario y su posterior derrota.

  • CNT: Confederación Nacional del Trabajo de tendencia anarquista.
  • UGT: Unión General de Trabajadores de orientación socialdemócrata.
  • De este núcleo inicial Ascaso muere en el combate al golpe fascista en Barcelona en julio del ’36 y Oliver termina siendo Ministro de Justicia del gobierno del Frente Popular Español de Largo Caballero.
  • Generalitat: nombre del gobierno catalán.
  • FAI: Federación Anarquista Ibérica.

Mayo Catalán: insurrección de los trabajadores y el pueblo de Cataluña, para enfrentar la política del PC y del gobierno del Frente Popular destinada a disolver las milicias y los comités revolucionarios y desplazar a las conducciones de la CNT, el POUM y otros grupos revolucionarios. El levantamiento fue derrotada, aun cuando llegó a controlar las calles y la situación, por las vacilaciones y entrega de la conducción anarquista centralmente

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